junio 6, 2026 18:15

ADN electoral

Así como los átomos se agrupan para dar vida a las células, los individuos nos articulamos para dar forma a las sociedades. En este periodo electoral, marcado por una polarización que parece nublar el juicio, resulta vital comprender la arquitectura de nuestra convivencia a través del concepto científico de emergencia: ese principio fundamental donde el todo es mayor a la suma de sus partes y donde la integración de elementos simples genera propiedades inéditas en el conjunto.

El ejemplo más nítido es el hormiguero. Una hormiga por sí sola es incapaz de  dar arquitectura o estrategia; sin embargo, el conjunto mediante la asignación de roles y señales químicas crea una estructura compleja y funcional. Lo mismo ocurre en nuestra escala: los átomos forman células, las células órganos y los órganos cuerpos. De esta jerarquía natural podemos deducir dos verdades fundamentales. Primero, que desde la antigüedad no hemos formado sociedades al azar, sino que replicamos nuestra propia biología y el orden del cosmos. Segundo, que la política no es un asunto de «otros»; es el organismo que formamos los individuos al unirnos. Así como la tortuga desarrolló un caparazón como herramienta evolutiva, la mayor ventaja de supervivencia del ser humano es la política: la capacidad de organizarnos para vivir paulatinamente mejor.

A diferencia del físico que analiza un fenómeno natural sin alterarlo con su mirada, en el tejido social todos somos observadores activos. Somos agentes políticos que transforman constantemente ese gran organismo llamado sociedad. Por ello, ante la violencia política y la división, la pregunta imperativa es: ¿Cómo estamos votando?

Si la sociedad es un cuerpo, el odio y la polarización son sus células cancerígenas; agentes que se multiplican consumiendo el bienestar del resto. Si somos un espejo del cosmos, ¿qué clase de civilización estamos proyectando hacia el universo?

Es menester recordar que, si la sociedad camina hacia la fatalidad, nos arrastrará a todos, independientemente de ideologías o banderas. La política no es el arte de exacerbar pasiones e ilusiones para anular la razón y la lógica; la política es, en su esencia más pura, supervivencia. Es el arte de vivir mejor.

Nuestro deber es aprender a reconocer esas «células cancerígenas»: ideas nefastas que, al intentar llevarse a la realidad, fracasan sistemáticamente porque contradicen nuestra propia naturaleza biológica y social. En las próximas elecciones, recuerda que tu voto no es solo un papel; es el ADN que define la salud de nuestro organismo común. Elígelo bien.

Por: María del Mar Márquez