
Volver al arte, volver a lo humano
Cuando era pequeña veía a mi abuela con regueros sobre la mesa del comedor: porcelanicrón, flores de tela, mazapán, dibujos de flores en papel calco que luego serían bordados con paciencia y mil colores. La casa olía a pegante y a café recién hecho. Era una escena tan cotidiana que nunca sospeché que aquello era arte. Para mí era simplemente mi abuela “haciendo cosas”.