septiembre 21, 2026 09:40

Para tener una habitación propia, hay que hablar de dinero 

Cuando Virginia Woolf sostuvo que una mujer necesita una habitación propia para poder crear y ser libre, no estaba haciendo una metáfora romántica. Hablaba de condiciones materiales de existencia. Sin embargo, décadas después, hablar de plata entre mujeres sigue siendo un tabú soterrado, un tema incómodo o una conversación que la sociedad ha preferido desplazar hacia el terreno de la vanidad o la ambición mal vista.

 Si las mujeres realmente perseguimos la libertad, tenemos que empezar por hablar, sin rodeos, de dinero. 

Para construir nuestros propios espacios, mentales, físicos y creativos, es imprescindible sentarse a hablar de presupuesto. Necesitamos entender el valor real de nuestras ideas, calcular cuánto cuesta una hora de nuestro tiempo y proyectar con claridad cuánto queremos ganar. No se trata solo de sobrevivir al sistema; se trata de no regalar la vida. Nos pasa a menudo: nos atrapan jornadas exorbitantes sentadas en oficinas marchitando nuestra propia marca personal, vendiendo la fuerza de trabajo a proyectos ajenos mientras postergamos la edificación de lo propio. 

Por otro lado, vivimos en un contraste preocupante con las nuevas generaciones. El deseo generalizado de «ser influencer» ha vendido una fantasía desprovista de realidad económica. Se promueve un éxito de aparador, fácil de digerir en videos de quince segundos, pero profundamente desconectado del esfuerzo, la estabilidad material o la sostenibilidad en el tiempo. Paralelamente, persiste en muchas un pensamiento codificado y obsoleto: la búsqueda de estándares económicos en una pareja como boleto de entrada a una clase social, maquillado bajo la excusa de dedicarse a actividades «que no dan plata». Romantizar la dependencia financiera bajo estéticas modernas no es liberación; es simplemente cambiar de dueño. 

El algoritmo nos quiere automáticas, operativas y utilitarias. Nos vende la ilusión de que el éxito está al alcance de un swipe, escondiendo la depresión económica, los días oscuros y el hecho de que muchas «habitaciones propias» en redes sociales son, en realidad, jaulas de cristal muy bien decoradas. 

Resistir en una sociedad que nos quiere volver engranajes requiere desmitificar la riqueza y la autonomía. La libertad no es un discurso teórico ni un ideal abstracto: la libertad se financia. Para habitar un espacio donde nadie pueda decirnos qué pensar, cómo crear o cuándo irnos, debemos aprender a nombrar las cosas por su precio, exigir lo que valemos y tomar el control de nuestra independencia económica. 

Por: María del Mar Márquez