¿Y yo cómo es que me llamo?

Ilustración por: Pepa - EL CLAVO
Yo ya no soy Angélica. Dejé de serlo desde un día en el que alguien descubrió que todo sería más fácil si tenía un apodo, uno que definiera todas esas características que mi nombre desafortunadamente no transmite. Si le ponen algo de imaginación, a mí “Angélica” me suena a vieja alta que estudia Economía, tiene un novio que anda en una Range Rover, tiene apartamento en Bocagrande, que es mona, y popular. Pero yo no soy así.
Empecemos porque no tengo el 1.80m que sugiere el largo de mi nombre, sino más bien un 1.50m reaproximado que me reduce a “Angie”, y regresamos al problema anterior: “Angie” es el nombre para una vieja tierna, sensibilizada con el mundo y que usa jeans desteñidos con flores y ceñidos al cuerpo, y de nuevo yo no soy así. Entonces descartando, no me sirve ni el nombre ni el diminutivo. Y como para que a usted lo conozcan en este mundo el nombre (o el diminutivo) son un requisito, ¿qué puede hacer una persona cuyo nombre le chilla? Pues colocarse un apodo. Aunque puede ser un poco patético que uno mismo lo haga, siempre habrá alguien dispuesto a ponérselo, hasta en mi caso.
Usted nunca sabrá por qué le pasan los cacharros infantiles hasta que como a mí, una aventura en el parvulario le cambia la vida y le da una identidad. Volviendo atrás en el tiempo, llegamos a la época en la que yo cursaba el jardín infantil, al que iba con mis zapatos brillantes y mi nombre que me quedaba grandote, así que simplemente me convertí en Parrita, (diminutivo sin género de mi apellido paterno). En una de estas actividades que se hacen en los jardines, me asignaron la tarea de llevar una sandía, yo llamé a mi papá y le expliqué la situación y él consiguió una sandía. Al día siguiente al salir de la casa mi mamá, que sabía que yo solía hacer cosas extrañas, me advirtió “ojo con comerse las pepas de la sandía.. .”, y después añadió el comentario que cambiaría mi vida, “que le puede crecer un árbol adentro y eso es malo…”. Si mi mamá entendiera ahora que la curiosidad infantil es un gato sin conciencia, ni límites, nada de esto hubiera sucedido. Al llegar al jardín me encargaron la tarea de quitarle todas las pepas a la sandía, y yo decidí comérmelas para probar la teoría de mi mamá. Un gran error que me costó muchas visitas al médico y dolorosas y muy incómodas idas al baño, acompañada por la vecina que le recomendaba a mi mamá toda una serie de remedios caseros que me ayudarían con la tarea de expulsión de las semillas.
Seis años después, al escuchar esta historia, alguien decidió que deberían de llamarme “Pepa” , y fue tan pegajoso que a partir de ese momento perdí ese nombre que tan grande me quedaba y pasé a convertirme en un personaje casi de ficción, que generaba con su identidad toda una serie de especulaciones. ¿Será una loca drogadicta? ¿Será re ñoña? Un apodo que fácilmente era asociado a mi tamaño y características físicas, una identidad nueva más fácil de llevar, con cierto factor humorístico que me hacía más interesante. Ahora, 12 años después de vivir con este apodo, me he dado cuenta de que no será tan fácil dejarlo. Después de todo a mi nombre no puedo devolverme, porque aunque ya crecí lo suficiente sigo sin llenar los pantalones del “Angélica” y, siendo completamente sincera, prefiero seguir siendo “Pepa”.
te entiendo… preguntale a uno de mis compañeros de clase o algun amigo cual es mi nombre… todos me conocen por el apellido, incluso cuando llaman por teléfono a casa y preguntan: ¿por favor chicué?
Me dió mucha risa leer esto, tal vez porque siempre me había esforzado por decirte Angélica, aparentando la educación con que nos resentaron, epro después de leer la historia de la sandía creo que es muchísimo mejor Pepa… entonces GoD* qué es? lo siento!
Bueno, a mi me pasa algo parecido a lo del articulo, preguntele a cualquiera que no lleve mas de dos meses de conocerme y le dcie que mi nombre de pila es NANI, cuando en realidad es NATHALIE y bueno ya ni recuerdo como es que llego a mi ese apodo, tengo la baga idea de que fue por un par de medias y un programa de tv, el caso es que ya hasta en mi casa me dicen asi y solo para regañarme me dicen “Nathalie”.
Pepa, pepa, pepa…hace mucho no se de vos, pero eres una de esas personas que jamas olvidaré, aunque en he visto en otras partes del cibermundillo que PEPA esta mutando en PEPE, cabe decir que eres genial, que no te olvido asi sea un ingrato =)
y te pido la opinion, Juan Jose, me queda bien el juan jo, juan, jóse…o tu como me dirias?
Aunque yo te digo angélica, valido totalmente tu artÃculo. Bacana la forma de escribir y el tono que usaste. Uno lo lee y definitivamente sos pepa! Buen trabajo!
deberías conocer a mi madre…se llama Pepa Clavo
Padecí en el colegio el mismo problema de Abdrés (seguro que no es Andrés?). De dónde es primo, se sabe algo del origen del apellido?!?!
Conversemos cuando guste, al menos del placer de no ser únicos en el planeta…
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