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><channel><title>El Clavo &#187; Edición 42</title> <atom:link href="http://www.elclavo.com/impreso/edicion-42/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://www.elclavo.com</link> <description>Periodismo Juvenil</description> <lastBuildDate>Fri, 18 May 2012 14:26:09 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator><itunes:summary>El Clavo. Periodismo Juvenil</itunes:summary> <itunes:author>Rach</itunes:author> <itunes:explicit>clean</itunes:explicit> <itunes:image href="http://www.elclavo.com/wp-content/plugins/powerpress/itunes_default.jpg" /> <itunes:owner> <itunes:name>Rach</itunes:name> <itunes:email>ana.nunez@elclavo.com</itunes:email> </itunes:owner> <managingEditor>ana.nunez@elclavo.com (Rach)</managingEditor> <copyright>2008-2009</copyright> <itunes:subtitle>http://www.apple.com/itunes/overview/</itunes:subtitle> <itunes:keywords>Periodismo,Juvenil,Opinion,Entrevistas,Colombia,Politica,Actualidad,Musica,Libros,Literatura</itunes:keywords> <image><title>El Clavo &#187; Edición 42</title> <url>http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/powerpress/CLAVO_EN_RADIOok.jpg</url><link>http://www.elclavo.com/impreso/edicion-42/</link> </image> <itunes:category text="Arts"> <itunes:category text="Literature" /> <itunes:category text="Design" /> </itunes:category> <itunes:category text="Education"> <itunes:category text="Education Technology" /> </itunes:category> <item><title>Aquella Modelito</title><link>http://www.elclavo.com/articulos/tematica/aquella-modelito/</link> <comments>http://www.elclavo.com/articulos/tematica/aquella-modelito/#comments</comments> <pubDate>Tue, 06 Jan 2009 20:13:29 +0000</pubDate> <dc:creator>Daniel Vivas</dc:creator> <category><![CDATA[Edición 42]]></category> <category><![CDATA[Temáticas]]></category> <category><![CDATA[¡Qué oso!]]></category> <category><![CDATA[Modelos]]></category><guid
isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=3070</guid> <description><![CDATA[Y entonces la vi. Yo estaba muy ebrio, pero como pude la reconocí. No había duda. Meses atrás mientras estaba trabajando como camarógrafo en un desfile de modas, una modelito me había dejado flechado. Nunca creí que volvería a ver a aquella delicia, pero ahora estaba parada a 20 metros de mi carro, hablando por [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
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class="size-medium wp-image-3072" title="modelos-de-victorias-secret" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/01/modelos-de-victorias-secret-240x300.jpg" alt="" width="240" height="300" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto tomada de la web: Modelos Victoria Secret</p></div><p>Y entonces la vi. Yo estaba muy ebrio, pero como pude la reconocí. No había duda. Meses atrás mientras estaba trabajando como camarógrafo en un desfile de modas, una modelito me había dejado flechado. Nunca creí que volvería a ver a aquella delicia, pero ahora estaba parada a 20 metros de mi carro, hablando por celular frente al bar “O”. Era alta, con el pelo vino tinto teñido, de piernas largas y senos redondos, deliciosos. Con hombros llamativos y un cuerpo delgado provocador. Aunque su cara no era muy linda, me excitaba esa grande boca de piraña, y unos ojos saltones que expedían ternura. Era toda una “hot sweet candy mama”. Como pude abrí la puerta del carro, le dije a mis amigos que me esperaran, y caminé hacia ella, tratando de no tambalearme. Normalmente soy muy tímido para presentarme a las mujeres, pero el guaro esta vez me iba a ayudar. A medida que me acercaba me preguntaba qué diablos le diría. De repente la niña me sonrió y alzó la mano. ¡Dios existía! Ella me estaba haciendo eso a mí, ¿por qué diablos a mí? Decidí seguirle el juego.</p><p> </p><p>- Hola – me dijo con voz melodiosa, mientras guardaba su celular.</p><p> </p><p>- Háblame, soy Daniel Vivas &#8211; Si yo sé &#8211; . Me respondió. ¿Por qué sabía mi nombre? Preferí seguir.</p><p>- ¿Voz cómo es que te llamas? Le pregunté haciéndome el guevón. &#8211; María Alejandra. &#8211; Ah sí, sí, es que yo te vi un día en un desfile y ….</p><p>- ¿Ve, como les terminó de ir ayer en OM? – me interrumpió. En ese momento un frío me recorrió el cuerpo. La pregunta me había hasta quitado la borrachera. Yo nunca había ido a ese sitio, con quién putas me estaría confundiendo. Riéndome y tratando de no hacer visibles mis nervios le respondí: -Yo ayer no estuve en OM.</p><p> </p><p>-¿Qué?- Me preguntó sorprendida. – ¿Cómo así, vos no sos de los gays que me presentaron ayer? Ahí quise desaparecer, mi sonrisa se desdibujo y ella lo notó. Ahora me miraba con compasión. Mínimo creía que yo era un peluquero con las que andan las de su medio. El impacto había sido fuerte, decirme a mi gay, el adjetivo con el que menos quisiera estar relacionado.</p><p> </p><p>- Noooo cómo se te ocurre a mí me gustan las mujeres, me fascinan, es más, vos me gustas. Ella retrocedió. Mi revelación la había perturbado. La había cagado. Cómo le iba a decir que me gustaba. Ahora me miraba como si yo fuera un asesino serial, un enfermo.</p><p> </p><p>- ¿Entonces quién sos vos?, no chao, suerte. La vergüenza de inmediato me invadió. Me sentí como un imbécil, perdedor, el último de los desgraciados. Así que tomé aire, pensé en que a cualquiera le podía pasar y tratando de no verme afectado le agarré el brazo, le dije que fresca, le conté donde estudiaba, quién era yo (recalcando mi preferencia sexual), sobre el día que la había visto en un desfile y mi deseo de conocerla. Un poco más tranquila, aunque con risa nerviosa, me pidió disculpas y me dio su celular. Como pude lo anoté. &#8211; Bueno ahora si chao y ojo que está borracho – Fue lo último que me dijo aquel ángel con toques pornográficos, al marcharse hacia sus amigas. Al otro día me levanté contento a revisar mi celular, y cuál sería mi sorpresa al darme cuenta que debido a mi azar y prenda, no anoté ningún número. ¿Podía existir alguien más imbécil? No lo creo. Traté de olvidar el estúpido incidente, pero meses después me volví a encontrar a la modelito en una discoteca. Me reconoció y se comenzó a reír. Cuando la saludé, le conté lo que me había pasado y le pedí de nuevo su número. Esta vez me echó una mentira, diciéndome que no tenía celular. Me despedí, a lo lejos pude ver cómo se encontraba con los brazos de un tipo con pinta de rapero. De nuevo la vida era una mierda.</p><div
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rel="attachment wp-att-20803" href="http://www.elclavo.com/impreso/claverto-edicion-42/attachment/claverto-40/"><img
class="aligncenter size-full wp-image-20803" title="claverto" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/07/claverto.jpg" alt="" width="600" height="191" /></a></p><div
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2846</guid> <description><![CDATA[Revistas y periódicos de corto tiraje, emisoras con poca cobertura, programas de televisión en canales nuevos y sitios web que parecen blogs. Todos los anteriores al igual que El Tiempo, Semana, RCN, Caracol, La Mega, 40 Principales y ELESPECTADOR.COM son medios de comunicación, sólo que a los primeros los han llamado alternativos. Éstos a diferencia [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Revistas y periódicos de corto tiraje, emisoras con poca cobertura, programas de televisión en canales nuevos y sitios <em>web</em> que parecen <em>blogs</em>. Todos los anteriores al igual que <em>El Tiempo, Semana, RCN, Caracol, La Mega, 40 Principales</em> y <em>ELESPECTADOR.COM </em>son medios de comunicación, sólo que a los primeros los han llamado alternativos. Éstos a diferencia de los masivos no aparecen en el EGM (Estudio General de Medios), sus directores son los mismos que llevan y traen, los reporteros escriben, toman la foto, diseñan, imprimen y se pagan, sus escarapelas de periodista son hechas en <em>Power Point,</em> van a cuanta rueda de prensa los invitan con tal que les den comida y trago, no reciben viáticos y sus presentadoras son las mamasitas de la cuadra.</p><div
id="attachment_2847" class="wp-caption alignleft" style="width: 232px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clavitorial.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2847" title="clavitorial" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clavitorial-222x300.jpg" alt="" width="222" height="300" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto:Cindy Muñoz - EL CLAVO</p></div><p>No se trata de que unos medios sean mejores que los otros, ni que compitan entre sí porque estos dos tipos de medios tienen un público objetivo distinto. ¿Para qué un periódico de barrio va a tener el tiraje de E<em>l Tiempo</em>? o ¿qué le importa al noticiero local de Paratebueno (Cundinamarca) que los sintonicen en Cartagena? Los medios alternativos conocen tan bien a su público que desde el lenguaje hacen la diferencia, logran llegar de forma directa sin hacer mucho esfuerzo debido a que ellos mismos hacen parte de ese segmento de la población.</p><p>Los públicos son cada vez más diversos y en especial los juveniles, que a pesar de tener la misma edad, pertenecer al mismo barrio, colegio, sexo y hasta mamá, tienen gustos totalmente distintos. Muchos se agrupan en las famosas “tribus urbanas” para diferenciarse. Dicen que hace muchos años existían dos o tres clases de zapatos, un solo tipo de cuaderno y una marca de fotocopiadora, cualquier cosa de afuera era llamada como “americana” y era vista como exótica. “<em>Lo traje de Miami</em>” se decía para chicanearle a los demás. Hoy en día eso ya no existe y así como los públicos se han vuelto tan diversos y hay tantos productos tan específicos, de la misma forma han surgido medios alternativos sumamente segmentados, de nicho.</p><p>Por ello es que los medios alternativos, con unas lógicas y formatos bastante distintos, son una herramienta de comunicación sumamente potente. Experiencias como la de Sergio Fajardo en Medellín son una muestra de esto, quien invirtió publicitariamente en muchos de ellos logrando más cobertura y llegando a públicos donde los medios masivos no logran penetrar, de esa forma ganó más por menos. Estos grandes medios intentan llegarle a la masa a través de un sancocho de información, pero en últimas a uno sólo le interesa una sección o una noticia en particular. ¿O alguien —no jubilado y con ocupaciones— puede decir que se ha mamado tooooda una edición de <em>Noticias RCN</em> un sábado al medio día?</p><p>Así es como los medios de comunicación alternativos se están abriendo camino entre los medios masivos, que por querer abarcar mucho no están llegando de forma efectiva a su público objetivo y crisis económicas como las que se empiezan a vivir a finales del 2008 están siendo fatales para esos monstruos de la comunicación. Ahí es donde entran los medios alternativos, con formatos de bajo presupuesto, públicos específicos, estructuras flexibles y dinámicas que se adaptan fácilmente a cambios y nuevas lógicas de comunicación y consumo.</p><p>Por eso desde EL CLAVO le seguimos apostando a nuestros lectores, así hayamos iniciado en las aulas de clase universitarias conservamos la esencia que nos ha mantenido durante 12 años. Somos una alternativa en periodismo, un referente para un público bastante particular que poco a poco hemos ido construyendo y esperamos que con nuestros otros medios como ELCLAVO.COM y EL CLAVO EN RADIO continuemos aumentando la comunidad que nos rodea. Definitivamente DANDO DONDE ES.</p><div
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2855</guid> <description><![CDATA[Cuando la pandilla cerebro de la Revista me propuso que escribiera algo relacionado con los “osos” que hacemos cuando tratamos de conquistar a alguien, lo primero que se me vino a la cabeza fueron esas cartas de amor colegiales  que alguna vez hicimos. Después de buscar entre todos los recuerdos y cachivaches  de la adolescencia [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando la pandilla cerebro de la Revista me propuso que escribiera algo relacionado con los “osos” que hacemos cuando tratamos de conquistar a alguien, lo primero que se me vino a la cabeza fueron esas cartas de amor colegiales  que alguna vez hicimos. Después de buscar entre todos los recuerdos y cachivaches  de la adolescencia encontré una carta ajena, clásica y típica de esos amores juveniles. Acá se las comparto, recordándoles que, “<em>el que se enamora pierde… hasta las neuronas</em>”</p><p><strong>Carta de una enamorada</strong></p><p><em>Hora: No sé<br
/> Lugar: Salón de clases<br
/> Estado de ánimo: aburrida (clase de matemáticas)<br
/> Motivo: tú</em></p><p><em><strong>¡Hola mi loquito!</strong><br
/> ¿Sabes? Hoy no me siento inspirada, así que esta carta va a ser muy cortica.<br
/> Anoche estuve pensando en ti, mi peluchín, y recordando el fin de semana que nos conocimos. ¿Te acuerdas? En la fiesta de quince de Lady Maryuri, cuando tú tímidamente te acercaste a la mesa donde yo estaba. Recuerdo que me pareció linda tu pinta: tu buso blanco manga larga, tus</em> jeans<em> bota campana ligeramente salpicados de barro, tus tenis nike shox de diez resortes, tu corte de pelo rapadito con gatas y tu </em>bling, bling <em>de aretitos y cadena de plata.</em></p><p><em><br
/> </em></p><p><em>En ese momento me preguntaste: </em>“¿Bailas?”.<em> Y yo respondí ágilmente: “no, soy coja”. Mis amigas y yo echamos a reír. Perdón por eso chiquito, pero lo que pasa es que a ellas les caes como mal.<br
/> Pero lo inolvidable fue cuando bailamos ese perreo de Daddy Yankee, y  en mitad de la “bluyineada” me hiciste las preguntas de rigor: que si yo estaba bien, que si estaba sola o acompañada, o que dónde andaba mi novio. ¡Recuerdo tu sonrisa cuando te dije que no tenía!</em></p><p><em><br
/> </em></p><div
id="attachment_2856" class="wp-caption alignleft" style="width: 231px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica1.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2856" title="tematica1" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica1-221x300.jpg" alt="" width="221" height="300" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto: Cindy Muñoz - EL CLAVO</p></div><p><em><br
/> </em></p><p><em>Precioso, no quiero que vayas a pensar mal de mí por lo que pasó contigo cuando nos conocimos, la verdad es la primera vez que lo hago con alguien que conozco el primer día. Además, eres el primer hombre… después de mi exnovio.<br
/> Bebé, quiero que tú y yo publiquemos esta relación, eso sí, contándole primero a Miriam Faisury, pues no quiero perder la amistad que tengo con ella. Me da pesar que la gente le diga que tiene más cachos que un alce.<br
/> Bebé, te dejo no sin antes decirte que quiero darme una oportunidad y ser feliz contigo&#8230; ¡Hasta ya puse nuestras iniciales en el baño de niñas!<br
/> Te quiero mucho mi Esteven Orlando…</em></p><p><em>Atentamente,<br
/> Estefany</em></p><p><em>PD: La luna es nuestra confidente, el sol nuestro acompañante, las estrellas  y el cielo, el manto que nos abriga. Tú y yo los enamorados por siempre.<br
/> PD2: Te dedico la canción Eclipse Total del Amor.<br
/> PD3: Luego te escribo una carta más larguita mi gordis.</em></p><p>Advertencia: Si al terminar de leer esta carta usted experimenta  náuseas y ganas de vomitar; tenga en cuenta que estuvo expuesto a una exagerada dosis de melosería, una consecuencia inevitable del oso más ridículo: el amor.</p><div
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id="attachment_2851" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/mauricio_cuevas.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2851" title="mauricio_cuevas" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/mauricio_cuevas-300x225.jpg" alt="Foto:Angélica Cardozo - EL CLAVO" width="300" height="225" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto:Angélica Cardozo - EL CLAVO</p></div><p><strong>¿Es fácil producir radio cultural?</strong></p><p>Acá necesitamos un resurgir cultural, que la gente crea en la cultura como opción de entretenimiento, canal de información, posibilidad de educación y medio para construir opinión. La cultura en nuestra ciudad carece de espacios y así es difícil que una propuesta radial pueda seducir masivamente a la gente. Sin embargo, en los últimos meses la ciudad está estableciendo otro tipo de lógicas que permiten que una radio cultural-universitaria, alejada de las tendencias comerciales, pueda desarrollarse. Lo necesitamos.</p><p><strong>¿Qué piensas de las otras emisoras juveniles?</strong></p><p>No hay mucho que pensar, ni siquiera las escucho, tal vez por eso sea irresponsable criticarlas. Existen propuestas como Radiónica, que es un excelente modelo alternativo de radio juvenil. Son contadas las emisoras que hacen una radio que aporte favorablemente al discurso de la expresión juvenil.</p><p><strong>¿Realmente los jóvenes escuchan cultura?</strong></p><p>Los jóvenes escuchan cultura todo el tiempo, viven conectados a su Ipod y acompañan el día a día con su música favorita. A los jóvenes se les ha olvidado escuchar, pero es más porque no hay mucho que escuchar. Si ellos quisieran oír más y la radio fuera el medio por excelencia, sólo habría programas mañaneros, informativos y algunos programas especializados en géneros musicales. Pero a la radio le falta meterle la ficha a documentales, crónicas, transmisiones de eventos, dramatizados, seriados, programas de opinión, creatividad, producción, en fin. No es difícil llegarles a los jóvenes, lo difícil es que ellos lleguen a nosotros.</p><p><strong>¿Qué opinas de la cultura del <em>rock</em> en Colombia? </strong></p><p>No tenemos cultura, sólo tenemos una gran fanaticada que vive por esta música y se rebusca los medios para sobrevivir. Aunque hay talento, la cultura <em>rock</em> en Colombia carece de espacios para su pleno desarrollo. Bien por los que se han mantenido con las botas puestas apostándole al <em>rock</em> en este país.</p><p><strong>¿Cuál crees que debería ser el escenario para que propuestas como La Caja de Pandora se emitan en emisoras comerciales?</strong></p><p>En el modelo actual de radio comercial no cabemos, esa es la realidad, pero también me atrevo a pensar que no necesitamos de eso. Existen otras vías para posicionar una propuesta como La Caja de Pandora, sólo que se necesita gente y mucho trabajo para lograrlo. Pienso que si llegamos a la radio comercial, perderíamos todo lo que somos. Como en muchos procesos culturales, sería muy bueno que apareciera un mecenas y nos echara un empujoncito, soñar no cuesta nada, pero hacer radio cuesta mucho, como la TV, los impresos, el Internet, todo vale. Pero en la radio comercial, ni loco.</p><div
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2859</guid> <description><![CDATA[En Los Simpons, la Película, la familia logra escapar de la policía porque al cartel con que los buscan le dibujan bigotes y cabello, distorsionando su fotografía y haciendo que capturen a otra familia que pasaba por allí en ese momento y que coincidía con el nuevo retrato. Graciosa escena, sin duda, pero no tanto [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>En Los Simpons, <em>la Película,</em> la familia logra escapar de la policía porque al cartel con que los buscan le dibujan bigotes y cabello, distorsionando su fotografía y haciendo que capturen a otra familia que pasaba por allí en ese momento y que coincidía con el nuevo retrato.</p><p><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clones-homero-simpsons-1.jpeg"><img
class="alignleft size-medium wp-image-2860" title="clones-homero-simpsons-1" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clones-homero-simpsons-1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p><p>Graciosa escena, sin duda, pero no tanto para quienes conocen sobre las curiosidades de asombrosos parecidos, como yo.</p><p>Mi profesor de cálculo en la universidad era paisano mío, “<em>de Pasto, pues</em>”. Su cabello era liso, rebelde y con el corte no lograba dominar sus puyas para algún lado. Siempre despeinado, prefería andar sin complicaciones por su apariencia física, con <em>jeanes</em> y camisetas como uniformes de su menudo cuerpo.</p><p>Y estaba yo: con las mismas características de vestir y de lucir que él. De vez en cuando, para disimular, me ponía gel y una camisa para marcar la diferencia, pero no más abría mi boca para preguntar algo en clase sentía que le estaba preguntando a mi otro yo, el que sí sabía cómo hacer una integral triple: el acento pastuso era evidentemente gracioso entre el caleño oficial. Hasta me preguntaban si yo era hijo de Figueroa. A mí no me importaba, y creo que a él tampoco.</p><p>Un día en que no procuré mi supuesto <em>cambio extremo</em> por el afán de llegar al parcial final, seguí de largo por el pasillo y entré decididamente hasta el fondo del salón a sentarme al primer pupitre de la fila para el repaso de última hora. Los estudiantes que esperaban al profesor fuera del salón se apresuraron también a entrar y tomaron sus asientos ordenadamente y en silencio como es común en los exámenes. Un par de minutos después soltaron una sola carcajada que me hizo voltear a ver: todos se reían luego de haberse quedado esperando a que empezara a entregar los cuestionarios, y me reclamaban burlonamente por haber seguido como becerros “al profe” en medio del tremendo estrés del momento.</p><p>Y ahora, trabajando como profesor hora cátedra, hay un estudiante de un semestre inferior al que yo enseño (claro, no ecuaciones diferenciales ni derivadas dobles) que se parece a mí y que no conozco (!). Ya varios le habían dicho de su gemelo, pero él no les creía.</p><p>El otro día el portero me contó que estaba con él charlando de cualquier cosa, y que pasé por ahí cerca: el muchacho se rió con toda la gana y se quedó aterrado del sorprendente parecido. Pero la cosa no paró ahí. Al otro día, me dice el mismo portero, llegó rapado totalmente a la universidad. Tal impresión le causó la semejanza que prefirió cortarse el cabello, que era la característica más distintiva y equitativa entre él y yo, y que ahora va hasta el salón sin gafas para desigualarse de su reflejo.</p><p>¿Únicos y diferentes? Definitivamente. Entonces, ¿por qué nos molesta que alguien tenga la misma ropa o accesorios que uno? ¿Por qué nos escondemos del que se parece físicamente a nosotros? ¿Qué de malo tiene ser “como el otro”? ¿Qué de malo tiene ser “como yo”?<br
/> ¡Un saludo a mis clones con ombligo!</p><div
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class="wp-caption-text">Ilustración: Yamore - El Clavo</p></div><p>Creo que todos hemos pasado por ese estado anímico en que el color de nuestras mejillas cambia y un sudor aceitoso recorre cada rincón de nuestro cuerpo. Mi historia inicia en el colegio cuando un profesor irresponsable, me canceló la ida al lugar donde descargamos todas nuestras culpas. Eran como las 10:00 a.m. cuando mi estómago comenzó a protestar por algo que no andaba bien. Algunas punzadas me doblegaban, pero debía esperar a que se tocara el timbre de cambio de clase para poder despojarme de mi molestia abdominal. Lo peor del caso es que para llegar al WC debía descender cuatro pisos y así correr por un largo pasillo para desembocar en lo más recóndito de las instalaciones del plantel educativo. Cuando por fin escuché la señal, comencé una maratónica carrera que desembocó en una historia que todavía mi memoria no ha podido olvidar.</p><p>Con cada paso precipitado, se me inyectaba un descontrol en mis esfínteres que desentrañaron una sensación de pesadez en mis calzoncillos. Al llegar al “trono” y desabrocharme el pantalón no fue sino bajarlo para que en instantes las impecables paredes se convirtieran en el lienzo de una obra abstracta.</p><p>Fueron varios minutos los que tuve que invertir para borrar las pruebas del crimen, sin embargo al regresar al salón, el ambiente comenzó a adoptar un aire “pesado”, sólo fue detectar una marca de barro en la suela de uno de mis compañeros para desviar la atención, pero la estrategia funcionó momentáneamente, porque al regreso del supuesto culpable, el olor persistía y con mayor intensidad. Una mancha verdosa en mi camisa fue la pista para que tanto docentes como estudiantes me pillaran. Al sentirme descubierto no quedó más remedio que pedir permiso para abandonar las instalaciones y partir a casa de una tía que quedaba a unas cuantas manzanas de allí. En el trayecto, veo salir la buseta indicada que me llevaría a mi dulce hogar, al otro lado de la ciudad. Así que para salir rápidamente de esta cagada, abordé el bus y me senté en el último puesto. Sólo fue cuestión de minutos para que el conductor sintiera en el ambiente un olor que no coincidía con sus rutinarios recorridos. Lo que hizo que parqueara por unos instantes el vehículo y se bajara a tomar una gaseosa para darse un respiro. Después de unos quince minutos el motorista se incorporó de nuevo al timón para continuar el camino, y fue después de ese episodio cuando el olor se mezcló con el sopor de la tarde y el sudor de los pasajeros, lo que ocasionó que pasara desapercibido, pero para desgracia del conductor, fui el primero en subirme y el último en bajarme.</p><p>Afortunadamente el percance ocurrió un viernes, situación que ayudó para que el fin de semana les hiciera olvidar a mis compañeros semejante hecho tan bochornoso para mí. A ninguno se le ocurrió volver a tocar el tema, nunca supe si fue por no hacerme sentir mal o realmente fue un caso de Alzheimer colectivo. Lo único que puedo asegurar es que mis habilidades histriónicas para imitar a los profesores opacaron por completo ese lunar en mi recorrido estudiantil, hecho que quedó en el olvido y al parecer sólo vive en mi memoria como un parásito que se le alimenta de mis recuerdos.</p><div
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2866</guid> <description><![CDATA[Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados. Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
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href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2867" title="columnistainv_home" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg" alt="" width="290" height="189" /></a><p
class="wp-caption-text">Ilustración: Diana Delgado - EL CLAVO</p></div><p>Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados.</p><p>Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, había sido boxeador.</p><p>Velásquez sonríe mientras se mira los dos puños apretados. Luego los voltea para donde yo estoy, como para notificarme que en esos gruesos nudillos, pese a sus 69 años, todavía quedan restos de la potencia telúrica del pasado.</p><p>A continuación, aclara que él no se hizo respetar por la fuerza – pues no era invencible &#8212; sino porque tenía un temperamento sanguíneo que se incendiaba ante el mínimo intento de atropello y un amor propio que le impedía soportar humillaciones. Si tuviera que arbitrar otra vez, volvería a sancionar al saboteador y a castigar al tramposo. Y, sobre todo, no ofrecería la otra mejilla para que el patán le repitiera el golpe, ni pondría el otro ojo para que el cochino le lanzara un segundo escupitajo, ni amonestaría con una simple tarjeta al grosero que le mentara a la madre, sino que se vengaría en el acto de cada agresión.</p><p>El chato estima que  la compostura que se les exige a los árbitros es hipócrita y tiene más vínculos con la política que con la ley. Según él, un ser humano que recibe una patada en la yugular y en vez de aparentar cortesía tiene la oportunidad de desquitarse, resulta menos peligroso porque se libera de odios futuros.<br
/> “Yo no andaba por las canchas repartiendo coñazos”, explica, “pero cuando había que pegar, pegaba, porque después me iba a matar la angustia de no haber reaccionado como hombre cuando me provocaron. Cuando se tiene un carácter como el mío, responder a las agresiones es una necesidad”.</p><p>Le digo a Velásquez que cambiar la justicia por la venganza nos devolvería a la época de las cavernas y añado que si al árbitro le dan un pito y unas tarjetas, es justamente para que no tenga necesidad de utilizar un garrote.</p><p>“Así es”, admite El chato, con una rapidez que me indica que no le estoy diciendo nada que él no haya pensado antes. “Pero fíjese usted que a los futbolistas les dan una pelota para que le peguen patadas y quieren pegarnos es a nosotros”.</p><p>Vuelvo a la carga con el argumento de que el día que se apruebe la Ley del Talión en las canchas, tendremos más sangre que goles. Y El chato repite la misma frase de hace un momento: “así es”. En seguida, con un movimiento resuelto de las manos, afirma que para evitar ese riesgo hay que pedirles a los futbolistas que reclamen en buenos términos y no con violencia.</p><p>&#8211; ¿Y por qué no les pedimos a los árbitros que no les peguen a los jugadores?<br
/> &#8211; Bueno, ahí le voy a contestar lo mismo que le contesté a un periodista brasileño, el día que expulsé a Pelé: no es bonito responder a un golpe con otro golpe, pero todavía no he visto la parte del reglamento que diga que los árbitros tenemos que dejarnos pegar.</p><p>***</p><p>Guillermo Velásquez mostró su vocación de juez desde la adolescencia. Cuando sus padres discutían, lo buscaban a él para que decidiera quién tenía la razón. Cuando sus hermanos peleaban, sólo él lograba reconciliarlos. Muy pronto, su capacidad de discernimiento y su sentido de la justicia fueron célebres en la familia. Primos, tíos y otros parientes menos cercanos apelaban a él, porque confiaban en la ecuanimidad de sus sentencias.<br
/> Más tarde, cuando jugaba fútbol en el Colegio Deogracias Cardona, de su natal Pereira, no asistía con sus compañeros de equipo a la charla técnica de los entretiempos, sino que se iba con el árbitro a analizar el reglamento.</p><p>Cuando finalmente reemplazó el balón por el silbato, se liberó del destino gris que le esperaba como futbolista y recuperó el respeto que había conocido como consejero familiar. En ese momento descubrió que la satisfacción del que aplica la ley depende más del poder que ostenta que del bienestar que supuestamente le procura al prójimo. Si la cancha es el universo completo y los jugadores son todas las criaturas posibles, entonces el árbitro, que todo lo ve y todo lo juzga, encarna una autoridad más divina que humana, una presencia omnímoda que gobierna las acciones aunque no nos demos cuenta.  Él y sólo él es capaz de detener la carrera del veloz atacante, con un simple movimiento de su mano. Él decide cuándo parar el partido y cuándo reanudarlo, y en ambos casos determina el punto exacto de la tierra en el que hombre y pelota se reencuentran. Ni el que es genio como Maradona ni el que es bravucón como Chilavert tienen licencia para tutearlo: deben dirigirse a él con una cierta reverencia caricaturesca &#8212; manos atrás y cabeza agachada &#8212; y además están obligados a acatarlo por los siglos de los siglos, auncuando valide como gol una pelota que pasó a 15 metros del arco. Como a Dios, al árbitro habría que inventárselo si no existiera. Los jugadores lo necesitan para justificar sus pecados y para que él los ayude a ganar el cielo que ellos solos no alcanzarían jamás de los jamases.</p><p>Desde el principio, El Chato disfrutó esa sensación de importancia que, según él, les gusta a casi todos sus colegas aunque no lo reconozcan en público. Por eso ahora, mientras sorbe su café, levanta la voz para decirme que no es ningún delito, como afirman algunas personas, que el árbitro sea protagonista. “¿Cómo no va a ser protagonista el juez que condena al matón o que evita una desgracia?”, se pregunta, alzando aún más el tono y adoptando un cierto aire de orador. “Usted debe saber, como periodista, que el problema no es la fama sino la mala fama”.</p><p>Estamos sentados en la cafetería del Parque el Salitre. Nuestros vecinos, muchos de ellos jóvenes que no lo conocen, lo miran con insistencia, y él se regodea en su silla comprobando por enésima vez que no nació para pasar desapercibido.</p><p>Estimulado por la atención del público, Velásquez enumera sus méritos en voz alta: fue &#8212; me dice sin ruborizarse &#8212; el árbitro que les abrió las puertas internacionales a sus compañeros colombianos. Participó en la Copa Libertadores entre 1968 y 1982, pitó en cuatro Juegos Olímpicos y fue juez de línea en uno de los partidos más bellos que se hayan disputado jamás, el de Italia contra Alemania en el Mundial del 70.<br
/> Después observa que nunca se tomó un trago el día antes de un compromiso, que siempre se entrenó como si cada jornada fuera una final y que cuando se retiró, en diciembre de 1982, era el árbitro que había pitado el mayor número de partidos en los cuales ganaban los equipos chicos. “Y de visitantes”, añade.<br
/> “Lo mejor de todo”, dice ahora, “es que puedo jurar ante el país que nunca me torcí. Cuando me equivoqué, me equivoqué de verdad y no me hice el equivocado. Y no solamente por honesto, sino porque siempre me quise mucho a mí mismo. Mi orgullo no me permitía quedar como un chambón”.<br
/> Le pregunto si pegarles a los jugadores, como él lo hizo, fue un defecto o una virtud.<br
/> El Chato sonríe, me mira con malicia por encima de su pocillo. Calla.<br
/> &#8211; Ay, hermano, dejemos eso quieto. No me haga enfermar.<br
/> &#8211; Por su sonrisa, parece que no se arrepiente.<br
/> &#8211; Mire: yo no me siento feliz de haber tenido un genio como el que tuve. El temperamento me traicionaba y ese fue mi único error.</p><p>Después de unos segundos de silencio, en los que parece apenado, encuentra un argumento que le devuelve la seguridad. “¿Sabe una cosa?”, me dice, con el rostro iluminado. “Ser peleador me sirvió para conservar la pureza. Cuando uno quiere imponer siempre su autoridad, ya sea a las buenas o a las malas, no puede darse el lujo de tener rabo de paja”.</p><p>Llegado a este punto, El Chato estima pertinente un par de aclaraciones: cuando le pegó a un jugador fue porque, indefectiblemente, éste le había pegado a él primero. Y en todo caso, aquellas fueron calenturas pasajeras que nunca traspasaron los linderos del estadio. Eso sí: insiste en que para no quedar rumiando odios, era absolutamente necesario que le atizara un porrazo al agresor.</p><p>Desde 1957, año de su debut en el torneo profesional, aparecieron los problemas. Alberto Castronovo, jugador del Atlético Nacional, aprovechó un embrollo para darle a Velásquez una patada alevosa en la canilla. Velásquez se retorció en el suelo, durante varios minutos. Cuando se repuso del golpe actuó como si no supiera quién le había pegado. De pronto, en un tiro de esquina, vio, nítida, la oportunidad de desquitarse. Calculó que, por el momento, los espectadores estarían pendientes del jugador que iba a cobrar y se colocó en el área, al lado de Castronovo. A continuación, lo conectó con un derechazo en la barbilla. Castronovo rodó por el pasto pero se levantó en seguida, furioso, y se lió a golpes con el árbitro, en medio de la sorpresa del público. Entonces, varios agentes de la policía entraron en acción, dispuestos a retirar al jugador por la fuerza. “No, señores”, les dijo El Chato, autoritario. “¡Háganme el favor y dejan al caballero en la cancha, que no está expulsado!”.</p><p>&#8211; ¡Pero cómo que no está expulsado, si vimos cómo le pegó a usted!<br
/> &#8211; ¿Y no vieron cómo le pegué yo a él? Si se va Castronovo, me voy yo también. Pero como donde manda árbitro no manda policía, he dispuesto que ni se va él, ni me voy yo.<br
/> El Chato guiña un ojo y advierte que la justicia depende más del sentido común de quien la aplica que de simples leyes escritas en un papel. Para  ilustrar su teoría, recuerda la vez que Miguel Ángel Converti, atacante de Millonarios, recibió un pase de espaldas al arco, en un clásico contra el Santa Fe. Desde antes de que Converti tomara la pelota, Velásquez había sancionado fuera de lugar. Pero el jugador, que al parecer no escuchó el silbato, llevó el lance hasta sus últimas consecuencias: durmió el balón con el pecho, lo hizo rebotar sobre su muslo izquierdo y luego se suspendió en el aire &#8212; cabeza hacia abajo y pies hacia arriba &#8212; en una chilena espléndida. El proyectil se clavó en un ángulo imposible de la portería y Converti corrió como loco hacia el banderín de córner, mirando hacia el cielo y zafándose de los compañeros que querían abrazarlo, como si pensara que su virtuosismo lo alejaba de los atletas y lo acercaba a los dioses.<br
/> “Si yo hubiera sabido que Converti iba a concluir esa jugada como la concluyó”, dice Velásquez, “no habría pitado el fuera de lugar. Fue la única vez que quise hacerme el equivocado en una cancha y créame que lamento mi acierto como si fuera un error. Es lo que le vengo diciendo: según las normas, yo actué bien, pero no fue justo que yo le robara semejante joya al público. Donde yo valide ese gol, hasta los hinchas del Santa Fe se ponen contentos”.</p><p>Le pido a Velásquez que me haga el inventario de los futbolistas a los cuales golpeó y me responde, aparentemente apenado, que “eso no vale la pena”.<br
/> &#8211; ¿Por qué?<br
/> &#8211; Hombre, porque no fueron tantos. Pero ya que insiste en este punto, diga que una vez le hinché el ojo a Orlando Herrera, del Tolima, porque se propasó conmigo en un reclamo. ¿Y sabe qué pasó en el partido siguiente que me tocó arbitrarle en Ibagué? Que el tipo fue a buscarme a mi camerino y me llevó abrazado hasta la mitad de la cancha. ¿No le parece bonito? Si no me reconocieran sentido de la justicia, no me perdonarían. Yo habré sido brutal, pero soy más humano que muchos de los que se creen mansas palomas, porque pegué puños pero no maté a nadie con el pito.</p><p>***</p><p>El Chato, que no cesa de ufanarse de su ecuanimidad, señala que si hoy fuera otra vez el miércoles 17 de julio de 1968, volvería a expulsar a Pelé.<br
/> Ese día, El Santos de Brasil, considerado el mejor equipo del mundo, enfrentaba en un partido amistoso a la selección Colombia que participaría en los Juegos Olímpicos de México.<br
/> Muy temprano, Velásquez validó un gol de Colombia en aparente fuera de lugar. Los brasileños se pusieron histéricos y cercaron al árbitro. Uno de ellos, de apellido Lima, fue expulsado. Como se negaba a abandonar la cancha, fue sacado por la Policía. Cuando iba por la pista atlética se les soltó a los agentes, se devolvió al terreno de juego y le asestó una patada a Velásquez. Éste le respondió con un leñazo en el estómago, que generó un amago de gresca.<br
/> El partido continuó con muchas tensiones hasta el minuto 35 del primer tiempo, cuando Pelé vio la tarjeta roja por reclamar, de mala manera, un supuesto penal en su contra. En principio lució desconcertado, pero no tardó en aceptar el fallo. Entonces emprendió el retiro de la cancha con un gesto irónico y desafiante, como un monarca que se mofara de la orden de destierro impuesta por su vasallo. “Ese tipo está loco”, repetía Pelé, una y otra vez, ante el cronista de El Espectador que lo esperó en la pista atlética.<br
/> En ese momento, los jugadores del Santos rodearon al árbitro. “De 28 personas que tenía la delegación brasileña”, recuerda El Chato, “me agredieron 25. Los únicos que no me pegaron fueron el médico, el periodista y Pelé”.<br
/> Velásquez se sintió empequeñecido, arruinado, cuando los 60 mil espectadores del estadio El Campín comenzaron a maldecirlo a gritos y a pedir el regreso de Pelé. Después, cuando los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol decidieron que volviera el futbolista y se fuera el árbitro – un hecho único en los anales del deporte – se acordó del refrán según el cual la justicia en nuestro país “es para los de ruana” y hasta agradeció que a Pelé no se le hubiera ocurrido asaltar un banco,  “porque con seguridad aquí todavía lo estuviéramos aplaudiendo”.</p><p>Adolorido más por la humillación pública que por los golpes recibidos, El Chato demandó penalmente a la delegación brasileña. Lo hizo por recomendación de Lisandro Martínez Zúñiga, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, que esa misma noche lo visitó en el camerino para ofrecerle sus servicios como abogado.<br
/> Los jugadores de El Santos permanecieron en Colombia casi dos días más de lo previsto, retenidos en una comisaría, y al final tuvieron que pagarle a Velásquez 18 mil pesos y ofrecerle excusas por escrito, para poder viajar a su país.<br
/> Años después, ya retirado del fútbol, Velásquez buscó la manera de encontrarse con Pelé. Entendía, como siempre, que más allá de las leyes escritas necesitaba un acercamiento humano para quedar a paz y salvo con su conciencia. El rey lo atendió en Miami y hasta lo invitó a almorzar.<br
/> Ahora le pregunto a El Chato qué habría sucedido si Pelé le hubiera pegado cuando él lo expulsó, y me pide, muy serio, que por favor no le haga una pregunta tan perversa. “Mire que me voy es a enfermar”, añade.<br
/> &#8211; Es sólo una suposición, no más que una suposición.<br
/> &#8211; Bueno, en ese caso, permítame responderle con una pregunta. ¿Usted qué cree que hubiera pasado?</p><div
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data-text="El árbitro que expulsó a Pelé" data-url="http://www.elclavo.com/impreso/el-arbitro-que-expulso-a-pele/">Tweet</a></div></div><div
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2871</guid> <description><![CDATA[Hoy por hoy a Juanes lo conoce Raimundo y todo el mundo, pero hace 20 años, cuando comenzaba sus andanzas musicales, sólo sabían de su existencia y música unos pocos. Fue como Juan Esteban Aristizabal que su nombre comenzó a rodar por la escena musical colombiana. Inspirado por el sonido de la banda norteamericana Metallica [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Hoy por hoy a Juanes lo conoce Raimundo y todo el mundo, pero hace 20 años, cuando comenzaba sus andanzas musicales, sólo sabían de su existencia y música unos pocos. Fue como Juan Esteban Aristizabal que su nombre comenzó <span
id="more-2871"></span>a rodar por la escena musical colombiana. Inspirado por el sonido de la banda norteamericana Metallica —que lo volvió, como el mismo lo dice: “totalmente loco”— fundó en 1988 su propio grupo: <a
href="http://es.youtube.com/watch?v=STzLHcpgcco">Ekhymosis</a>.</p><p><strong>El Metalero</strong></p><p>Recientemente en los premios MTV Latinos 2008, donde Metallica hizo acto de presencia, Juanes, recibiendo uno de sus premios, reconoció públicamente que es justamente por ellos, por Metallica, que comenzó a hacer música, y con euforia e inspirado acento paisa los presentó diciendo: “Latinoamérica, MTV, con ustedes, la mejor banda del hijueputa mundo: ¡METALLICA!”, con lo que no queda duda de su amor por ellos.<br
/> Ante esta revelación muchos y muchas de seguro se preguntaron: ¿y de cuando acá a Juanes le gusta el metal? Pues el mismo paisa nos confesó que él básicamente comenzó en la música por este género. “Yo descubrí el metal a las 13 o 14 años. En esta época de Medellín, en los ochentas, que era una época muy dura para nuestra ciudad, encontramos a través del metal una forma de expresión muy fuerte, y en lo personal como una forma de liberarse. Básicamente comencé con bandas como: Iron Maiden, Slayer, Sepultura, Kreator y Destruction”.</p><div
id="attachment_2875" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/juanes-portada_jg.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2875" title="juanes-portada_jg" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/juanes-portada_jg-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto Portada: José Giraldo</p></div><p>Aunque su familia siempre lo ha apoyado en su sueño de hacer música, cuando era ‘metalero’ vivió tiempos difíciles en su casa y en general con la banda, pues en Colombia las bandas de metal tienen poco apoyo para surgir. “Inicialmente empecé a tener problemas con la familia. Aunque ellos me han inculcado la música, en ese momento no entendían el cabello largo, las camisetas que usaba y lo asociaban con temas de drogas. Yo les explicaba que las drogas, primero que todo, no son un tema musical, son un tema social y que la música es para mí una religión. Fue difícil al principio, pero ya después ellos fueron lentamente aceptando y entendiendo las cosas”.</p><p>Para Juanes, como para muchos otros ‘metaleros’, este género no degenera,  pues en el caso suyo, fue esta música la que despertó sus sueños hasta convertirse en lo que es hoy: un músico que construye paz con canciones, un man que a pesar del éxito sigue siendo un hombre sencillo, un bacán que lidera la fundación Mi Sangre, con la que ayuda a los niños victimas de las minas antipersonas. No debemos olvidar que su primer semilla la sembró con el metal, canciones como “Desde arriba es diferente” o “Escrito sobre el agua”, que hablaba de la guerra que destruía su paz interna y alimentaba su demencia, le permitieron tener un reconocimiento en la escena metal colombiana para después emprender su camino solo, porque como lo dice la canción: paso a paso siempre voy, construyendo mi vida. Y ahora es preciso reconocer que desde el metal, un género tan fuerte, Juanes también construía paz.</p><p>Y es que la paz siempre ha sido su sueño, ahora más que nunca. “Yo quisiera estar en paz. Ahora tengo dos hijas y para mí su bienestar, tranquilidad, son el sueño más grande que tengo, por el cual lucho día a día. Ya las cosas materiales pasan a otro plano cuando realmente uno entiende de qué se trata la vida: es un milagro estar aquí. Por eso, ése es mi sueño, que mis niñas crezcan, estén sanas siempre y tengan su libertad”.</p><p><strong>Juanes como Juanes</strong></p><p>Después de Ekhymosis vendría otro momento en su vida, el definitivo. La banda quedó atrás como algo que tuvo que vivir para encontrar su propio camino, su identidad. Y aunque este cantautor siempre ha tenido la camisa negra (prenda oficial de los ‘metaleros’ a nivel mundial), cuando compuso la canción que lleva ese nombre, hizo un homenaje a la música popular de tienda paisa que también lo inspiró, aquella de interpretes como Octavio Meza (q.e.p.d.). Y es así como se consolidaba el nuevo sonido de Juanes: un estilo autentico que proviene de estas dos fuerzas tan distintas pero tan afines, que forjaron su carácter como músico; por un lado el rock que despertó sus sueños y por otro la música popular que desde niño siempre escuchó.<br
/> El tan anhelado éxito llego después de tocar varias puertas y de comer mucha mierda. Ahora puede saborear el fruto de su trabajo y el de toda la gente que lo ha ayudado. Su nombre encabeza las listas de ventas de discos y su música se oye en todo lado. Su carisma, trabajo social con niños, iniciativas de paz — como el concierto “Paz Sin fronteras”—, y hasta sus madrazos lo hacen único. Definitivamente se ha ganado el corazón de los colombianos, quienes lo han llevado al olimpo de la popularidad, todo porque este artista nacional siempre ha seguido su música y su corazón. “Para mí aunque no lo crean, realmente esto ha sido una gran sorpresa, nunca imaginé que al sacar mi disco Fíjate Bien la gente me iba a conocer en otros países, nunca imaginé todo esto que me ha sucedido hasta hoy”.</p><p>Sin embargo, el mundo de la música impredecible, o mejor dicho, todo en la vida es impredecible, la vida es tan incierta como el mar. Por ahí dicen que subes como espuma y caes como coco, y estamos ante lo que se puede llamarse una Juanesmania, algo a lo que él mismo le teme. “Cualquier artista siempre está pendiente de eso, hay que tenerle cuidado. Igual han sido cosas que no hemos podido evitar, ha sido un año muy duro pero también con cosas increíbles, definitivamente el año entrante terminamos la gira y me voy a sembrar papa o yuca, no sé, me desapareceré por un tiempo largo”.</p><div
id="attachment_2876" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/dsc00719.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2876" title="dsc00719" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/dsc00719-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a><p
class="wp-caption-text">Foto: José Giraldo</p></div><p>El fenómeno de Juanes tiene al mundo entero hablando español, no es sino echar un vistazo a youtube, donde hay diferentes presentaciones de Juanes en Moscu, Alemania, Japón, Francia, Estados Unidos y en las cuales todos los asistentes corean en español sus canciones —como diría un presentador de la TV colombiana— con ¡entusiasmo! Sin embargo, en su nuevo álbum hubo un tímido coqueteo con el idioma anglo. Se trata de la canción “Odio por amor”, donde canta una de las líneas del  coro en ingles: It’s time to change. Una falsa alarma, pues aún no es tiempo de cambiar el idioma. “La idea de haber cantado una línea en inglés en esta canción era un experimento. Yo realmente seguiré cantando en español, que es el idioma en el que yo me siento muy bien. Al principio, cuando llegaba a países donde no se hablaba español, me cuestionaba si debería cantar o no en otro idioma, pero después de todo, me he dado cuenta que en español también se puede. Este es nuestro idioma y es importante que lo defendamos, no creo que vaya a cantar en ingles todo un disco”.</p><p><strong>Un ratico de política</strong></p><p>Este paisa también ha sido foco de opinión, desde su rol como músico comenta sobre temas que van más allá de la música, y sorprende su capacidad para hablar sin rodeos. Es inevitable preguntarle sobre otro paisa tan popular como él —bueno eso dicen… las encuestas— pero lo cierto es que en su opinión, al presidente Álvaro Uribe Vélez ya se le está acabando su ratico. “El gobierno del presidente Uribe ha sido en estos ocho años muy importante y necesario. Es importante que haya un relevo, hay muchísima gente aquí en Colombia con capacidad para seguir adelante con todas las políticas. Pero yo diría que un tercer mandato puede ser bastante negativo y peligroso para él y para nosotros”. Aunque Juanes hable de política y opine al respecto, deja claro que no le interesa verse en alguna curul de un partido. “A mí me gusta mucho el trabajo social, y desde la fundación me siento muy contento con lo que hago pero no tengo ninguna inclinación política. Me importa el país y creo que cuando uno va creciendo, cuando uno va estudiando, uno va entendiendo las cosas y se va volviendo mas crítico y menos inocente”. Su música es su ley, política, religión, vida y sueños. ¡Qué bien por este parcero! por su sangre corre el amor por esta tierra, por su gente, por sus niños, victimas de esta absurda violencia, y nos enseña que a pesar de todo, como lo dice su canción: “ama la tierra que naciste, ámala es una y nada más”.</p><p>La música es la mejor manera de sanar, y la de Juanes es un buen antídoto. Sus canciones reflejan honestidad y compromiso, su música busca la paz que anhelamos tanto en este país, porque como él dice: “el arte tiene una función muy importante en el proceso de construcción de la paz” y en este sentido Juan Esteban Aristizábal es todo un <a
href="http://www.elclavo.com/impreso/juan-es-ciudadania-y-bacaneria/">ARTISTA, un ARTISTA DE LA PAZ.</a></p><p><strong>Bonus Track</strong></p><p><strong>Una frase: </strong>Que Chimba tan Hijueputa<br
/> <strong>Un candidato:</strong> <a
href="http://www.elclavo.com/articulos/entrevistas/entrevista-central/sergio-fajardo/">Sergio Fajardo</a><br
/> <strong>Un mensaje:</strong> A todos los muchachos que están haciendo música en este momento, que nunca dejen de hacerlo, la identidad es lo mas importante y seguir pa delante. Aunque nos cierren las puertas veinte veces, hay que abrirlas.</p><p><strong>Foto portada edición impresa: José Giraldo</strong></p><p><strong>Fotos concierto: José Giraldo, Cristhian Carvajal y Mauricio Cuevas</strong></p><p><strong>VIDEO &#8211; ODIO POR AMOR</strong></p><p><object
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isPermaLink="false">http://www.elclavo.com/?p=2879</guid> <description><![CDATA[Los que hablan del “placer de la lectura” no saben lo que dicen. Leer será todo lo que se quiera, pero no es un placer. Es un hábito, una adicción, como el cigarrillo, el trabajo o un amor contrariado; es decir, algo más cercano a la pesadilla que a cualquier otra sensación. Para empezar, los [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2880" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><a
href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/coumnistajl_home.jpg"><img
class="size-medium wp-image-2880" title="coumnistajl_home" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/coumnistajl_home.jpg" alt="" width="290" height="189" /></a><p
class="wp-caption-text">Ilustración: Diana Delgado - EL CLAVO</p></div><p>Los que hablan del “placer de la lectura” no saben lo que dicen. Leer será todo lo que se quiera, pero no es un placer. Es un hábito, una adicción, como el cigarrillo, el trabajo o un amor contrariado; es decir, algo más cercano a la pesadilla que a cualquier otra sensación.</p><p>Para empezar, los libros son muy caros. Un libro cuesta $30.000 y dura apenas una semana. Usted puede ir a las bibliotecas públicas, sí, pero algunas son muy calurosas y uno se duerme abochornado. Otras son glaciales, y la temblorosa mano no acierta a separar las hojas. Podemos ir con saco, claro, pero la gente va a pensar que uno es abogado, y quedamos con el pecado y sin el género.<br
/> Siempre hay, en la mesa vecina, jóvenes que conversan en voz alta impidiendo toda concentración, o dos colegialas que cuchichean en un tono tan inaudible que uno no puede entender bien lo que dicen.</p><p>Leer con ventilador es imposible porque las esquinas de las páginas comienzan a aletear frenéticas, como pájaros alebrestados, hecho que ningún neurótico que se respete puede soportar. Las esquinas se pueden &#8216;tranquilizar&#8217; sujetándolas con un clip, pero los filos de las puntas de estos ingeniosos resortes hieren las páginas de una manera casi dolorosa y entorpecen el acto de hojear, acción y sonido inseparables del “placer de leer”.</p><p>Está, además, el problema de la elección del libro. Y digo problema porque los libros se dividen en dos clases: los frívolos, opúsculos que un buen lector no debe ni siquiera hojear, y los interesantes (antropología, sociología, arte, inteligencia artificial, economía, neurología, divulgación científica), materias que nadie entiende. Ni resiste.</p><p>Bueno. Seamos positivos. Supongamos que las mujeres se han dormido, la temperatura moderado, los electrodomésticos silenciado (¡Dios existe!), el lumbago no molesta, la vista tampoco, las polillas no revuelan sobre el libro ni entre las fosas nasales y la tecnología ha producido al fin un clip de puntas romas. Los ojos vuelan sobre los renglones y la mente se da un festín hasta que un punto (¡recórcholis!) empieza a moverse. Acercamos el libro a la luz para examinar la cosa. Parece esférica, como todo lo minúsculo, y mona, de un tono parecido a los hongos del papel viejo. Puede ser un animal. Una espora. Un ovni. En cualquier caso, no podemos seguir leyendo un libro cuyos signos de puntuación son móviles, pero tampoco podemos destripar un nanoprodigio semejante, ese pite que tiene, seguramente, patas, dedos y falanges; cabeza, ojos y cerebro; y hasta alma y corazón.</p><p>Otro problema es el de la proliferación de los impresos (libros, revistas, periódicos, xeroscopias, etc.), criaturas que llegan con las visitas, con el cartero, con los parientes, debajo del brazo del poeta inédito o que se infiltran por debajo de la puerta y de inmediato empiezan a reproducirse como conejos y en un santiamén agobian el nochero, los anaqueles, el horno, la lavadora y el bóvedo. Clasificarlos es difícil: no podemos hacerlo por materias porque generalmente son híbridos (teología-filosófica, ensayo periodístico, historia-ficción) ni por tamaño: siempre hay algunos tan grandes que desbordan el tamaño del fólder, del archivador, del “acordeón” o del anaquel.</p><p>Hay también problemas de probabilidad. De mil títulos publicados, quizá uno sea verdaderamente bueno; de mil títulos buenos, quizá uno cumpla el doble requisito de pertenecer a nuestra esfera de intereses sin exceder los límites de nuestra inteligencia. Es decir, que de cada millón de títulos hay uno que podemos leer con provecho y fruición. ¿Cómo encontrarlo? Sólo hay un camino: leyendo centenares de libros ilegibles. Si esto es un placer&#8230;</p><p>Contrariando las leyes de la probabilidad una o dos veces por año el libro encuentra su lector (Dios persiste). Entonces, en la tranquilidad de una habitación o en la silla de un bus, se producirá esa comunión del espíritu y la inteligencia, ese acto íntimo de la civilización, la lectura.</p><p>Ese momento, ese libro, justifica con creces las miles de horas invertidas en la lectura de cientos de libros de discreta calidad y todo el oro invertido en la pesquisa y hasta los ojos arruinados en la terca empresa.</p><div
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