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	<title>El Clavo &#187; Edición 16</title>
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	<managingEditor>ana.nunez@elclavo.com (Rach)</managingEditor>
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		<title>El Clavo &#187; Edición 16</title>
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		<title>Clasificación del universitario Caleño</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 15:09:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Security</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Share Tweet]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-10363" title="universitario_caleño" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/12/universitario_caleño.jpg" alt="universitario_caleño" width="480" height="282" /></p>
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		<title>El amor contable</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío Recalde</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Seamos los servidores del amor y jamás sus contables – Félix Grande – El amor cuenta. Cuenta cuentos. Cuenta cuántas y cuántos. Y también cuenta cuánto. Los dichos populares afirman que la plata no compra la felicidad, pero la acerca; que el amor no come caricias, ni bebe besos ni viste versos. La música de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seamos los servidores del amor<br />
y jamás sus contables<br />
– Félix Grande –<br />
El amor cuenta. Cuenta cuentos. Cuenta cuántas y cuántos. Y también cuenta cuánto.<br />
Los dichos populares afirman que la plata no compra la felicidad, pero la acerca; que el amor no come caricias, ni bebe besos ni viste versos. La música de despecho canta la traición por alguien con más dinero y las novelas dramatizan la fantasía de riquezas enredándose con millonarios personajes. Tales suposiciones plantean al amor como industria, donde se pierde y se gana con acciones (no sólo las de hecho), que fortalecen el comercio masivo.<span id="more-83"></span></p>
<p style="text-align: left;"><img class="alignleft size-full wp-image-10365" title="amor_contable" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/amor_contable.jpg" alt="amor_contable" width="142" height="255" /><strong>¡Me vale!</strong></p>
<div>
<div>
<p>Evaluemos algunos costos de una conquista. Ahí apostamos de acuerdo con los logros propuestos por el objetivo inicial, enamorar al otro, y que luego toma matices más terrenales, ‘estar’ con el otro. “<em>El costo es el recurso que se sacrifica o se pierde para lograr un objetivo específico</em>”<a name="1"></a><a href="#1a"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a> . Como las relaciones de los tipos de costos pueden darse simultáneamente, revisemos su interdependencia según unos elementos de costeo puntuales.</div>
</div>
<div>
<table border="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><strong>Objeto de Costo:<br />
“Noche Especial”</strong></td>
<td><strong>Costo Directo</strong></td>
<td><strong>Costo Indirecto</strong></td>
</tr>
<tr>
<td><strong>Costo Variable</strong></td>
<td>Condones</td>
<td>Propinas</td>
</tr>
<tr>
<td><strong>Costo Fijo</strong></td>
<td>Invitación a salir</td>
<td>Motel</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<div>
<div>Se identifican costos directos e indirectos de acuerdo con su relación particular con el objeto de costo. En nuestro caso, salir a algún sitio con la persona y asegurar protección en las relaciones sexuales son actividades relacionadas con los objetivos planteados; las propinas de los lugares frecuentados y el lugar donde se consuma la relación, retribuyen colateralmente los intereses señalados.</p>
<p>A la vez, el comportamiento del costo es variable o fijo en relación de los cambios totales en el tiempo. En el ejemplo, la cantidad de deseo por explotar en la intimidad y el lugar (y parqueadero) que visiten, fluctuarán los costos considerablemente; la invitación a salir y la pieza por usar, tendrán un costo mínimo por pagar.</p>
<p>¿Y si le resulta la compraventa? ¡Su capital de riesgo es efectivo! Disfrute las ganancias del negocio que lo sacó de la quiebra. ¿Y si el retorno de la inversión da pérdida? A lo sumo obtendrá un barato “Eres especial, nunca cambies… T.Q.M.”. Ahorre nuevamente para que le digan lo mismo, si no modifica su plan económico.</p></div>
<div><strong>A.ma.R.terialismo</strong></p>
<p><strong> </strong>Más costos arroja el noviazgo. Éste implica que los elementos considerados anteriormente (y otros tantos) deben ser nada menos que iguales para seguir con los logros del objetivo, reevaluado de acuerdo con las expectativas de los dos (¿y con más?).</div>
<div>Si evaluamos los objetos de costo de una relación común encontramos componentes económicos permanentes. Por seguir tomando sus manos, algo; por cientos de sus besos, otro cuánto; por continuar haciendo el amor, un cifra mayor; por mantener la pareja a su lado, un montón; y si piensa esperar hasta cuando la muerte los separe, un ‘jurgo’.</p>
<p>Es claro que la relación se fortalece tanto cuanto amor haya en ella. Y si amor es conocimiento y aceptación, implica tiempo (el costo más valioso); mientras pasa, se necesitan recursos. Entonces, amor y tiempo se convierten en variables imaginarias (habrían más) de una ecuación que requiere una imprescindible constante real: dinero. En el noviazgo: comunicación, transporte, cine, comidas, bailes, moteles, prendas, paseos. En el matrimonio: casas, enseres, empresas, carros, terrenos, prestigio, apellidos. Como fin o como medio, el dinero (en mayor o menor medida) también alimenta la relación.</p></div>
<div>La más seductora mirada inocente; la más excitante caricia dócil; el más amistoso abrazo posesivo; el más salvaje roce de labios tiernos; la más atenta de las escuchas insoportables; la más oportuna llamada eterna; el más insignificante detalle invaluable; el más inquietante silencio atrevido; la más deseable espera miserable. Herramientas financieras y contables para indefinir el punto de equilibrio de las variables que acabaría con la relación: la rutina. Pero la constante siempre demandará su valor: ¿saldría usted con un ‘arrancado’? ¿Se casaría con una interesada?</div>
<div>Así las cosas, el amor inmaterial, vive del materialismo que necesiten sus amantes. A la postre, el tan idílico sentimiento se vuelve el más ambicioso de los negocios de la sociedad consumista. ¿Acaso lo ha dado gratis? ¿O se lo han regalado? Piense en lo mucho o poco que ha gastado en ello; el consuelo es que “nadie le quita lo bailado” o que por lo menos lo intentó y aprendió para su siguiente inversión.</p>
<p><a href="#1"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a> Contabilidad de Costos: un enfoque gerencial. Horngren Charles, Foster George y Datar Srikant. Pearson Education, México, 2002. Décima Edición.</div>
</div>
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		<title>La amante extraviada</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Felipe Caballero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Amante]]></category>

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		<description><![CDATA[Al subirme al bus la vi; era la mujer y la amante que había buscado toda mi vida y construido e idealizado para desear y contemplar. Estaba en los puestos de adelante, inmaculada, mirándome con sus ojos entre sorprendidos y confundidos. Yo me senté dos puestos más atrás y en aquel instante se gestó la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_15832" class="wp-caption aligncenter" style="width: 514px"><a rel="attachment wp-att-15832" href="http://www.elclavo.com/impreso/edicion-16/la-amante-extraviada/attachment/amarilla_cindy/"><img class="size-large wp-image-15832" title="amarilla_cindy" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/amarilla_cindy-768x1024.jpg" alt="" width="504" height="672" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Cindy Muñoz</p></div>
<p>Al subirme al bus la vi; era la mujer y la amante que había buscado toda mi vida y construido e idealizado para desear y contemplar. Estaba en los puestos de adelante, inmaculada, mirándome con sus ojos entre sorprendidos y confundidos. Yo me senté dos puestos más atrás y en aquel instante se gestó la historia que sólo se vive en la imaginación y que la razón ya no domina.<br />
Era una niña entre los 15 y 16 años, sentada al lado de alguien que parecía ser un familiar; sin embargo, no se dirigían la palabra. Yo seguía ahí, entre dos barreras, viendo cómo su cabello jugaba con el viento y hacía figuras que se enredaban en mí y me apresaban más a ella.<span id="more-84"></span></p>
<p style="text-align: left;">Obsesionado con tal belleza, trataba de ver su rostro, el cual no había apreciado bien al momento de subirme, algo que parecerá extraño al que llegue a leer estas páginas, ya que ¿cómo se le da el calificativo de belleza a algo sin siquiera haberlo visto totalmente? Pues precisamente era eso lo que me tenía atado. El ser no contemplado, los pequeños detalles no observados, las trivialidades de su apariencia, era lo que concentraba mi atención y se llevaba la mayor parte de mis reflexiones sobre su persona.</p>
<div>
<div>
<div>Ella, como todas las mujeres, curiosas, miraba a todos lados, sintiéndose acechada y observando los rostros de los demás para saber a quién controlaba ese día con su hechizo. Yo, mientras, trataba de dibujar su rostro con los pedazos que alcanzaba a ver en sus momentos de investigación; sólo recordaba algunos perfiles; una sombra cubría la hermosura no vista, las partes de su rostro y de su cuerpo no observadas.</div>
<div>No quería deducir nada, pero mi atención empezó a convertirse en especulación y empecé a realizar deducciones de cómo serían esas pequeñas pinceladas de su rostro que me impedían ver su hermosura en todo su esplendor. Al darme cuenta de esto, mi corazón se puso más inquieto; no quería empezar a sacar conclusiones sobre lo no visto; quería que el objeto en sí fuera la causa primera; quería que ella, con sus movimientos, cubriera con luz los lugares ocultos de sus características.</div>
<div>Así, mi atención se concentró en los movimientos de su cuerpo, con los cuales, las sombras iban desapareciendo. Ella jugaba con su cabello, lo agarraba con una moña, se lo soltaba, lo ponía de lado o hacia tras, se lo miraba pacientemente; luego observaba por la ventana y no me dedicaba ni una mirada.</div>
<div>De repente las sombras dejaron de ser mi mayor obsesión y, entonces, empecé a imaginar qué decirle, cómo hablarle y cómo sería una relación con ella. Nada era sexual, todo era inocencia, ternura y control. Sólo quería acercármele, observar bien su rostro, no decir nada, sentir su suavidad y acariciarla únicamente con la contemplación.</div>
<div>Ella no se había percatado de mi presencia pero el sujeto de al lado sí, siempre me miraba. Al hacer esto, yo, como el gran actor de la vida, disimulaba y miraba a otro lado, para que no pensara que era algún depravado viendo con morbo una niña para luego violarla. &lt;&lt; ¡Maldita ética y moral! Ahora todo es maldad. Nadie puede creer en el amor que puede despertar la belleza. Todo es depravación en estos días… ¡Ah! ¡Qué gran actor soy! No se da cuenta de lo que veo…&gt;&gt;.</div>
<div>Y lo inevitable pasó. Mucha gente se empezó a bajar del bus y los demás se empezaron a acomodar en otros puestos. Así, en este momento de confusión y de reacomodamiento, se produce lo más ansiado: ella me miró; me dedicó cinco segundos de sus ojos y las sombras de su rostro desaparecieron. Por fin pude ver con claridad la hermosura de su fisonomía y forma; ella sabía que existía y ya no era un incógnito dos puestos atrás.</div>
<div>De un momento a otro, el individuo sentado al lado se bajó, lo que indicaba que se encontraba sola y significaba una restricción menos. De este modo, empecé a pensar qué decirle si me bajaba con ella:</div>
<div>- “Me regalas tu nombre…”<br />
- “¿Por qué?” –diría ella<br />
- Y yo respondería – “Porque quiero saber el nombre de la mujer que con sólo una mirada me hizo crear una historia, haciendo de un viaje monótono, un divagar de sentimientos y pensamientos; y para conocer el nombre de la persona que con sólo una mirada me hizo descubrir la belleza…”</div>
<div>&lt;&lt; ¡Maldita ética y moral! No saben distinguir entre la admiración de la hermosura, en la cual uno sólo quiere contemplarla y no tocarla, y la admiración aberrante, en la que uno piensa en tocar y acariciar, incluso en contra de su consentimiento, a la fuerza, así ella no quiera. ¿Seré ético? ¿Seré moral? ¿Sabré distinguir entre estos dos tipos de acciones? ¿Realmente me importará distinguirlo? &gt;&gt;</div>
<div>Por cierto, su nombre era Lucila y su inocencia fue perturbada, acariciada a la fuerza, violentada, violada y asesinada, y su hermosura se marchita en una esquina, cerca del lugar en donde se bajó y le pregunté su nombre.</div>
</div>
</div>
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		<title>¡&#8221;Córransen&#8221; que hay puesto!</title>
		<link>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/corransen-que-hay-puesto/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>César López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Ergonomía. Eso es lo que le hace falta al transporte urbano en Colombia. Si soy bajito no alcanzo a timbrar y tengo que hacer maromas para subirme; en cambio, si soy alto no me caben las piernas cuando me siento ni la cabeza cuando voy de pie; además me la golpeo cuando me bajo. ¿Quién [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ergonomía. Eso es lo que le hace falta al transporte urbano en Colombia. Si soy bajito no alcanzo a timbrar y tengo que hacer maromas para subirme; en cambio, si soy alto no me caben las piernas cuando me siento ni la cabeza cuando voy de pie; además me la golpeo cuando me bajo. ¿Quién no conoce a alguien que se haya lesionado una pierna al bajarse de estos transportes, así la gente haya adoptado el “¡un momeeentooo!” para tener tiempo de lanzarse del bus?<span id="more-85"></span></p>
<div><img class="alignleft size-full wp-image-10375" title="no_hay_puesto" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/no_hay_puesto.jpg" alt="no_hay_puesto" width="480" height="158" />Fuera de las incomodidades que el servicio de buses y colectivos nos presta a diario, éstos son punto de encuentro de mayorías y por lo tanto de una gran diversidad de culturas, que a la brava nos siembran un poco de tolerancia y abren los ojos ante la realidad que se vive en nuestro país. Situaciones cómicas suceden en estos transportes, como lo que le pasaba a la mona ‘peliteñida’ en <em>Betty la fea</em> cuando se subía a una buseta en Bogotá.</div>
<div><strong>Los colectivos</strong></div>
<div>Uno trata de subirse al colectivo, suena el <em>bip</em> y bueno: ¡agárrese de lo que encuentre! Es una ‘mamera’. Es clarísimo que al “diseñar” estos transportes se lo hace pensando en el centímetro para que le quepa más gente y cualquier cojín &#8216;aguanta&#8217; como asiento.</div>
<div>Lo más aburridor de transportarse en los colectivos son esos dos “puesticos” tipo violación que quedan en las dos esquinas posteriores del carro, siempre libres, para decir con mucho carácter: “Perdón&#8230; permiso&#8230; ¡ay, qué pena!&#8230;”. Y bueno, si a uno le toca en el puesto de delante queda cerca de la puerta y se facilita la bajada, pero se convierte en el cajero del bus, vil ayudante; y si uno se quiere hacer en el puesto del copiloto, ‘le queda’ una calcomanía que dice “Sólo peluches saladitos”. En fin&#8230;</div>
<div><strong>Los buses</strong></div>
<div>Lo bueno de los buses son las calcomanías, que son más amistosas que las de los colectivos: “El timbre no es freno”; la de los dos burros que dice “Por fin nos encontramos los tres”; o la de los ratoncitos que dice “Cuando uno está mal todos le caen encima”; entre otras. Dato curioso: la mayoría de los choferes son hombres rudos, malencarados, pero a todos los acompaña una calcomanía de Piolín, Tazmania o Paco.</div>
<div>En los buses el problema no acaba con la registradora, ubicada de la peor manera posible. Acá lo particular son los vendedores que se suben: parece que existiera un instituto para la mendicidad y el rebusque. Todos los que se suben al bus dicen la misma vaina: “Con el permiso del señor conductor…”.</div>
<div>Al intentar bajarse uno puede encontrar cualquier tipo de curiosidad con los timbres: unos nunca suenan, otros causan distorsión en la emisora, otros hacen que se le enciendan los ojos de color rojo a la Virgen del Carmen que lleva el chofer y algunos más osados, con un pito poco varonil, indican al chofer que debe detenerse cuando él decida, le parezca y le dé la gana dejarlo en un charco, frente de un árbol o en la mitad de la calle.</div>
<div><strong>Transporte público</strong></div>
<div>El común denominador en el transporte urbano son las emisoras: lo menos &#8216;pior&#8217;, <em>El Corrillo de Mao</em> y <em>Antena 2</em> con sus largas discusiones sin sentido sobre fútbol; además, no hay nada más vacío que una entrevista a un jugador de fútbol, pues nunca dicen nada. Igual que el vallenato llorón del medio día, los locutores de comentarios enlatados y personajes tontos con los mismos chistes verdes &#8216;chimbos&#8217; de humor poco inteligente.</div>
<div>Sea como fuere, el sistema de transporte público de Colombia cumple apenas con las necesidades de transportarse de un lugar a otro sin tener en cuenta las incomodidades y peligros que esto presenta, y se ha convertido en un espacio muy particular dentro de la cotidianidad de cada persona, porque en un bus nos roban, nos soban, nos venden, nos compran y hasta nos cantan una canción.</div>
<div>Los buses y colectivos son el lugar de interacción más directa con la gente, la verdadera gente que sobrevive a diario en este país.</div>
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		<title>¿A pie? ¡De una!</title>
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		<comments>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/a-pie-de-una/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Mauricio Guzmán Burgos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[- ¡Qué ‘machera’ salir en el carro! La música que querés, la velocidad que se te da la gana, la ruta que se te antoja, la comodidad&#8230; en fin. La ciudad la tengo solamente para mí y mis cientos de miles de iguales que se pelean el espacio público. La calle, la autopista, mi carril, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: left;"><img class="alignleft size-full wp-image-10373" title="depie" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/depie1.jpg" alt="depie" width="142" height="165" />- ¡Qué ‘machera’ salir en el carro! La música que querés, la velocidad que se te da la gana, la ruta que se te antoja, la comodidad&#8230; en fin. La ciudad la tengo solamente para mí y mis cientos de miles de iguales que se pelean el espacio público. La calle, la autopista, <em>mi</em> carril, <em>mi</em> vía.</p>
<div>- ¡Qué va! Si no son tantos, son más esos que van a pie. Esos personajes sí que la tienen grave, haciéndole el quite a carros que van cual alma que lleva el diablo; esquivando a los dueños del andén, que demarcan su propiedad colocando el vehículo motorizado en su terruño; haciendo miles de maromas para poder transitar en paz.</div>
<div>- Pero con qué derecho se van a quejar, si la ciudad está hecha para el carro. 5000 años de historia urbana no son nada. ¿Que antes las vías en las ciudades eran peatonales? ¡Están locos!</div>
<div>Pues sí, estamos locos. Hace nada que las ciudades eran hechas para la gente y de repente aparecieron los carros y convirtieron el entorno humano por excelencia –la urbe- en un lugar peligroso. En el último siglo no hemos hecho más que construir ciudades para los carros y nada para nosotros. El modelo de ciudad actual es obsoleto, no sirve. Hay que proponer estructuras en donde importe más la distribución de calidad de vida que la distribución del ingreso (+ calidad de vida = + autoestima = + igualdad) y esto se logra mediante la puesta en práctica de las estrategias correctas.</div>
<div>En las ciudades tercermundistas, tan densamente pobladas, tan pobres, tan desiguales, la estrategia central está en proponer modelos cuya medida de éxito sea la felicidad de los ciudadanos y no la cantidad de infraestructura vial o la calidad del parque automotor porque esto, sencillamente, es alimentar la desigualdad. Si se logran implementar dichos modelos se fomentará el desarrollo de potencial humano y con esto la creatividad y, si se canalizan bien las cosas, se alcanzarían niveles de competitividad decentes.</div>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="5" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td width="63%">
<div>Debemos aprovechar los contextos espaciales de nuestras urbes. En Colombia la gente puede salir a la calle en cualquier época del año sin miedo a quedar aplastados por una tormenta de nieve o achicharrarse con un verano infernal. Acá se puede disfrutar de árboles, atardeceres, brisa, aves, ríos… el problema es que el espacio público peatonal, como la plata para ampliarlo, escasea.</div>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<div>Si queremos una ciudad con calidad debemos invertir en grandes vías peatonales, en aceras amplias, en ciclorutas a lo largo de frentes de agua (ríos, lagos, humedales, etc.) para así poder tener ciudad para todos. Haciendo esta inversión se obtiene el beneficio clave para el desarrollo: compensar las desigualdades. El nivel de satisfacción que trae consigo la construcción de una vía peatonal o un parque no se compara con nada. Es simple: los seres humanos necesitamos estar con gente. Para ser felices necesitamos caminar. ¿Qué es lo ‘bacano’ de París o Londres o hasta la misma Bogotá? Su espacio público peatonal; les da carácter, las embellece.</div>
<div>El espacio público peatonal es una alternativa económicamente viable, humanamente necesaria, urbanísticamente agradable y de simple implementación frente a obras de infraestructura vial para los carros. El modelo de ciudad de las ciudades tercermundistas debe asumir de frente el aspecto de la relación eficiente y sostenible con el medio ambiente y siempre “<em>con un pie en el presente y el otro 50 años en el futuro… Estos espacios, además de construir calidad de vida, serían hitos urbanos que fortalecerían la identidad y la autoestima</em>”<a name="1"></a><a href="#1a"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a> . Vamos a caminar…</div>
<div><a href="#1"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a>Enrique Peñalosa: Ensayo “La ciudad y la igualdad”, 2003</div>
</div>
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		<title>Judas a la colombiana</title>
		<link>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/judas-a-la-colombiana/</link>
		<comments>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/judas-a-la-colombiana/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Arango</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Para nosotros, los del común, quien se vende es un trásfuga, vendido, mercachifle, soplón, batracio, malsín, delator, chivato, fuelle, cañuto, rastrero, postizo, camuflado, fariseo, gazmoñero, mojigato, socarrón, solapado, maulero, retrechero&#8230; Para los otros, los de la Fiscalía, es un “civil como agente encubierto” y para los del Gobierno es parte de “la red de informantes”. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: left;"><img class="alignleft size-full wp-image-10377" title="judas_ala_colombiana" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/judas_ala_colombiana.jpg" alt="judas_ala_colombiana" width="77" height="147" />Para nosotros, los del común, quien se vende es un trásfuga, vendido, mercachifle, soplón, batracio, malsín, delator, chivato, fuelle, cañuto, rastrero, postizo, camuflado, fariseo, gazmoñero, mojigato, socarrón, solapado, maulero, retrechero&#8230; Para los otros, los de la Fiscalía, es un “civil como agente encubierto” y para los del Gobierno es parte de “la red de informantes”.</p>
<div>El miércoles 21 de abril del presente año, la Cámara de Representantes autorizó el artículo 234 del proyecto de Código de Procedimiento Penal, por medio del cual se le da facultad a la Fiscalía para usar civiles como agentes encubiertos. El proyecto en uno de sus apartes sostiene: “<em>Podrá disponerse que actúe como agente encubierto el particular que, sin modificar su identidad, sea de la confianza (del investigado)</em>”<a name="1"></a><a href="#1a"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a> .</div>
<div>Dicho artículo es la primera palada de tierra que se le echa a los derechos fundamentales. Como quien dice, la novia o esposa podrían ser agentes encubiertos, lo mismo que el vecino, el tendero, el zapatero, el carnicero, el reciclador, la empleada doméstica, el narcotraficante —aún no se sabe qué es narcotraficante—, el peluquero, el lustrabotas, el jíbaro, la prostituta, el profesor, el abogado, la secretaria, el payaso del circo, el desempleado, entre muchos otros. Ahora cualquiera puede ser agente del Estado.Es indiscutible que si el Gobierno tiene la intención de llevar a feliz término el proyecto de Seguridad Democrática, necesitará contar con la ayuda de la ciudadanía. Al fin y al cabo, el ciudadano está presente en todas las regiones del país, a diferencia de los organismos del Estado. Lo reprochable es cómo se está convocando a la sociedad para ser partícipe de la “inseguridad democrática”.</p>
<div>La iniciativa de un ciudadano para ayudar al Gobierno en determinadas áreas, debe partir de una decisión autónoma. Primero, debe ser una amalgama que se funde desde un sentimiento de apropiación de país, donde al ciudadano le duela su tierra, su cultura, sus semejantes y conforme a esto actúe. Segundo, debe existir una empatía entre Gobierno (políticas públicas) y ciudadanía, subrayando que ésta no se mide con las encuestas de opinión, las cuales normalmente son antipáticas con la realidad.</div>
<div>La empatía de la que hablo es aquella que se forma con el actuar <em>real</em>, no mediático, de un Gobierno. Ese actuar <em>real</em> es el que genera confianza en el ciudadano y, cuando se da, no es necesaria la intervención legislativa por parte del Gobierno para incorporar acciones ciudadanas. Al contrario, esa propuesta inducida se convierte en una acción pagada y no en un deber ciudadano, condicionando al individuo a un actuar mediado por la recompensa o la conveniencia y no por la convicción del deber.</div>
<div>Ahora, ¿bajo qué criterio va a actuar un civil como agente encubierto cuando ni siquiera el organismo (Fiscalía) encargado de controlarlos es capaz de controlarse a sí mismo? Los escándalos que este ente ha generado en lo transcurrido del año, dejan mucho qué desear de la actuación de sus miembros. Además, ¿a cambio de qué los civiles se van a exponer como agentes encubiertos? Será por amor a la patria o a la plata.</div>
<div>Lo que demuestra la aprobación de esta medida es la incapacidad de los organismos del Estado administrados por el Gobierno para llevar a cabo las tareas que ordena la Constitución. Pretender hacer vigilancia encubierta, invadiendo la privacidad ciudadana, es entregar el derecho a la intimidad, ese derecho que es de lo poco que queda, si es que queda. Peor aún, en un país donde primero se captura y después se investiga, la población civil estaría a merced de cualquier lengua encubierta. Pareciera que es muy fácil encubrir la ineficiencia del Gobierno, pero aún más fácil que se nos metan en la casa y nos esculquen el cajón de la ropa interior para ver si encuentran algo sucio&#8230; o por qué no, poner algo sucio.</div>
<div>Definitivamente hay dos tipos de &#8216;sapos&#8217; o agentes encubiertos: el sapo por convicción y el sapo por conveniencia. Y usted, ¿a qué especie pertenece?</div>
<div><a name="1a"></a><a href="#1"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a>Periódico El Tiempo. Abril 22 de 2004.</div>
</div>
</div>
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		<title>La política como espectáculo</title>
		<link>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/la-politica-como-espectaculo/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Lorza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Hablar de las relaciones entre comunicación y política es adentrarse en un universo de cambios culturales que enmarcan a la sociedad, una sociedad que se construye a gran velocidad y que está regida por las imágenes y los relatos que satisfacen las leyes del mercado. Hoy somos testigos de cómo los medios de comunicación han [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><img class="alignleft size-full wp-image-10379" title="politica_espectaculo" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/politica_espectaculo.jpg" alt="politica_espectaculo" width="166" height="294" />Hablar de las relaciones entre comunicación y política es adentrarse en un universo de cambios culturales que enmarcan a la sociedad, una sociedad que se construye a gran velocidad y que está regida por las imágenes y los relatos que satisfacen las leyes del mercado. Hoy somos testigos de cómo los medios de comunicación han terminado casi por convertirse en escenarios sustitutos del quehacer político, a tal punto que la reducen a la buena imagen y a la disolución del interés por los proyectos.</div>
<div>Aunque la complejidad del tema aumente a gran velocidad, hay causas culturales que son visibles y que de algún modo dan explicación a esta variación de los escenarios y de las costumbres políticas. Uno de estos factores es el tan debatido tema de la globalización que, como dice Manuel Castells, “<em>es el movimiento de conexión de todo aquello que tiene valor para la razón instrumental que legitima al mercado, y el movimiento de desconexión de todo lo que no tenga valor para esa razón</em>”<a name="1"></a><a href="#1a"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a> . Lo que interesa para el mercado sirve y lo que no interesa se borra. En un mundo donde el sentido está regido por las necesidades del éxito hedonista, lo que no genere beneficios económicos se excluye de ser importante.</div>
<div>En un contexto como éste, la política se desencanta para convertirse en un simple negocio que rige los intereses de unos cuantos y que pierde toda su connotación original; lo que se ofrece a los ciudadanos no son las ideas políticas sino las imágenes políticas. Si lo que importa es el mercado, la imagen vende más que la palabra y lastimosamente la imagen no está cumpliendo su función argumentativa; la imagen está creando deseos y no reflexiones.</div>
<div><strong>Economía y globalización</strong></div>
<div>La economía, clásicamente se entiende como la mediación entre la satisfacción de las necesidades de las personas aplicando el principio de la racionalidad a los bienes escasos, lo que en términos conceptuales es conocido como Economía Industrial. Hoy el concepto de economía sufre una compleja variación y ya no trata sobre los recursos escasos sino sobre la capacidad de generar abundancia: abundancia de oferta, de deseos, de información, de redes. Lo que los teóricos llaman la Economía Informacional Global.</div>
<div>Por ejemplo, “<em>en la economía Industrial, un diamante no valdría más que el carbón si no fuera porque es más escaso. En la economía informacional, un fax único en el mundo carecería de valor, y vale más en la medida en que más gente posea fax</em>” <a name="2"></a><a href="#2a"><sup><span style="text-decoration: underline;">2</span></sup></a>. Paralelo a esto, la globalización hace parte de una estrategia económica mundial que se rige por el capital internacional en el que los medios de comunicación son una herramienta más.</div>
<div>Dentro de esta lógica la televisión se convierte en el medio por excelencia. Su capacidad de cobertura no se compara con la de ningún otro medio y su aparición cambió todas las perspectivas del mundo. Hoy la gran mayoría está conectada a las redes televisivas, uno de los lugares en el que se gestan los cánones de la nueva economía: abundancia de oferta, de interacción con otros, de deseos, de espectáculos, de imágenes, de sensaciones.</div>
<div>Hoy la televisión permite que el concepto de espacio y tiempo se funda en una cultura audiovisual jamás imaginada, donde se agrandan y se perciben nuevos modos de interacción social y se reduce la brecha permanente entre lo público y lo privado. Manuel Reglan y Pilar Equiza en su libro sobre televisión y lenguaje plantean que: “<em>detrás de la cámara, ante la pantalla de un televisor, no hay una masa amorfa de gente, sino un ciudadano; una persona concreta, aunque anónima, interesada por lo que le contamos o a quien hay que hacer interesante lo que decimos o mostramos</em>”<a name="3"></a><a href="#3a"><sup><span style="text-decoration: underline;">3</span></sup></a> . El hacer interesante lo que decimos o mostramos se ha mitificado en una cultura de la imagen que se desinteresa por ideales o conceptos críticos. La televisión ofrece imágenes que no necesitan ser explicaciones de ideas o de acontecimientos; hoy la televisión brinda imágenes que cumplen las metas y estrategias competitivas que el <em>mercado</em> dictamina.</div>
<div>El sociólogo Raúl Trejo Delarbe plantea que “<em>la televisión se erige no sólo como medio, sino como escenario de la información que reciben las audiencias</em>”<a name="4"></a><a href="#4a"><sup><span style="text-decoration: underline;">4</span></sup></a> . En política, lo que sucede es que, las audiencias se enfrentan como espectadores a la imagen deformada, imágenes en donde lo que se muestra no son las reformas políticas sino a los actores y los conflictos que circundan el panorama de la reforma. La sociedad vive la época de la política como espectáculo. Los noticieros muestran la ponencia de una reforma política y en vez de informar sobre cómo afecta a la sociedad, se dedican a emitir los conflictos que crea entre los actores políticos, por lo tanto la reforma termina convertida en una especie de show por momentos vergonzoso que desata pura controversia y que deja de lado la actitud critica-analítica.</div>
<div><strong>¿Comunicación o negocio?</strong></div>
<div>Si bien es claro que el poder de los medios es inmenso y que son considerados un actor social muy importante en la construcción del aparato cultural, también hay que entender que más allá de ser una institución, los medios han terminado convirtiéndose en empresas privadas. Y como empresas están obligadas a producir rentabilidad, y más allá de informar y de crear opinión se dedican a ser una industria con estándares de productividad.</div>
<div>Es aquí donde llegamos a lo que podría llamarse la tensión entre comunicación y negocio, una ambigüedad que surge de la ética del comunicador y la ética del empresario: los primeros buscan generar valores y brindar nuevas posibilidades del saber, los segundos buscan generar capital. El comunicador debe mediar entre las tensiones sociales, culturales y el Estado; el empresario debe generar beneficios cuidando siempre los intereses de la organización. Esto hace que los medios de comunicación dejen a un lado el papel que deben cumplir en el ejercicio de la democracia. Los medios se dedican a mostrar para vender y no a profundizar para entender, no crean diferencias sino que buscan la homogeneidad.</div>
<div><strong>Función social de los medios</strong></div>
<div>Y es que si nos vamos a esto podemos darnos cuenta de que la democracia que se vive en países como el nuestro es la hecha a la medida de los medios; esto se evidencia en el hecho de que no existan cadenas radiales, canales de televisión o periódicos de circulación nacional en manos de las minorías, lo cual hace que los intereses de estos sectores no circulen de la misma manera que para otros. Es decir, lo que circula por los medios satisface los intereses de los dueños de los medios, que al mismo tiempo son los denominados grupos de poder.</div>
<div>Su lógica consiste en hacer creer que todo esta bien, que nada pasa, que comprar es lo único que tiene sentido, que debemos adoptar un rol sin importar nuestras necesidades y preferencias, pero las lógicas de países como Colombia necesitan de un imaginario mucho más profundo sobre sus conflictos. Es obvio que no se puede seguir omitiendo que las soluciones sólo están dadas en nuestros – y nuevos &#8211; imaginarios y esta condición tan necesaria no está siendo impulsada por los medios de comunicación.</div>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="5" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td width="63%"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<div>Para Jesús Martín Barbero “<em>tenemos una política que ha sido incapaz de poner en comunicación los mundos de vida (de las identidades y la construcción de sentido) con el mundo de la economía (de la producción, del mercado)</em>”<a name="5"></a><a href="#5a"><sup><span style="text-decoration: underline;">5</span></sup></a> . La política es ahora marketing y en eso sin duda los medios de comunicación son su mayor cómplice. Y es por eso que la idea de Barbero nos lleva al análisis de los modos de vida, a la expresión viva de quienes habitan la ciudad; de los más de 10.000 niños que forman filas sin entender las lógicas de los suyos y menos las lógicas del “enemigo”.</div>
<div>Del individuo, del colombiano, es de eso de lo que nos habla Barbero, habitantes de una nación, modos de entender el mundo según este se les ha presentado, un espacio que la comunicación política ha pasado por alto. Por esto no es nada extraño que sólo algunas publicaciones se enfrenten al análisis de nuestros desequilibrios. El problema no es acabar con Tirofijo o haber acabado con Pablo Escobar, el problema es que no hay claridad sobre las causas de estos fenómenos y seguimos creando imaginarios donde la realidad está hecha a la medida de los intereses de unos cuantos, donde el espectáculo prima más sobre los argumentos y el análisis quedó en manos de los académicos.</div>
<div><a name="1a"></a><a href="#1"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a>Castells, Manuel. La era de la información. Editorial Rumbrai<br />
<a name="2a"></a><a href="#2"><sup><span style="text-decoration: underline;">2</span></sup></a> Vázquez Ramírez, Gilberto. Aproximaciones a la Economía Política. ECOE ediciones <a href="#3"><sup><span style="text-decoration: underline;">3</span></sup></a> Equiza, Pilar y Reglan, Manuel. Televisión y lenguaje. Editorial Paidos<br />
<a name="4a"></a><a href="#4"><sup><span style="text-decoration: underline;">4</span></sup></a> Trejo Delarbe, Raúl. Ensayo “El imperio del marketing político”. Comunicación y política. CEJA<br />
<a name="5a"></a><a href="#5"><sup><span style="text-decoration: underline;">5</span></sup></a> Barbero Martín, Jesús. Ensayo “Cambios en el tejido cultural y massmediación de la política”</div>
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		<item>
		<title>La voz del cuerpo</title>
		<link>http://www.elclavo.com/impreso/edicion-16/la-voz-del-cuerpo/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Óscar Arbeláez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Temáticas]]></category>

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		<description><![CDATA[El cuerpo nos habla con cada palpitar, con cada inhalación; con el dolor, el cansancio y el debilitamiento nos recuerda que lo hemos descuidado. La voz del cuerpo puede ser tan silenciosa como un leve dolor en la espalda; tan rítmica como el misterioso cosquilleo en la boca del estómago cuando esperamos a alguien; tan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><img class="alignleft size-full wp-image-10382" title="voz_cuerpo" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/voz_cuerpo.jpg" alt="voz_cuerpo" width="155" height="182" />El cuerpo nos habla con cada palpitar, con cada inhalación; con el dolor, el cansancio y el debilitamiento nos recuerda que lo hemos descuidado.</div>
<div>La voz del cuerpo puede ser tan silenciosa como un leve dolor en la espalda; tan rítmica como el misterioso cosquilleo en la boca del estómago cuando esperamos a alguien; tan fuerte como un extraño dolor de cabeza; y tan suave como el inexplicable vacío en el pecho cuando hace falta estar con ese alguien.</div>
<div>El bullicio externo nos impide oír al cuerpo, porque la vida se nos ha convertido en la necesidad de escuchar lo que los otros quieren, no lo que nuestro cuerpo sabe que queremos. Nos hemos vuelto sordos a su lenguaje y enfermamos por nuestro propio descuido. La enfermedad es entonces la voz más insoportable del cuerpo. A través de ella, éste grita desesperado lo que alguna vez intentó decirnos: “necesitas dormir, descansar, alimentarte, hacer ejercicio, respirar bien, fumar menos; necesitas consentirte, un abrazo, expresar lo que sientes, sanar los resentimientos”.</p>
<div>Existen enfermedades inexplicables para las cuales la medicina aún no ha encontrado la cura; éstas son gritos que han evolucionado a lo largo de los años porque no fueron previamente escuchados. El problema ha sido pensarnos como seres humanos con cuerpo, no como sujetos. Acostumbrados a la dicotomía, lo separamos de nuestro ser, y lo manejamos como una herramienta, más que como el hábitat de nuestro mundo interno. Así lo expresa María Luisa Pfeiffer: “<em>El que va morir soy yo, todo entero, no un cuerpo prestado para la ocasión</em>” <a name="1"></a><a href="#1a"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a>.</div>
<div>Somos seres corporales con necesidades, con un lenguaje propio para expresarlas, con una personalidad única para decidir resolverlas o no y, con un sistema perfectamente diseñado para lograr satisfacerlas. Cada una de sus partes conforma un todo funcional, asombrosamente coordinado y organizado para hacer posible nuestra vida diaria.</p>
<p>Sin embargo, dentro de una sociedad que “esculturiza” al cuerpo a través de la necesidad de lucirlo, perfeccionarlo y estilizarlo, éste se ha instrumentalizado convirtiéndose en un elemento de exhibición. Su cuidado se limita a su perfeccionamiento y no al propósito de su vitalidad y salud. Nos preocupamos por esta última cuando el cuerpo ya no resiste y nos pide a gritos que lo escuchemos; en ese momento buscamos al médico para que lo arregle. No estamos acostumbrados a prevenir, sino a curar.</p></div>
<div>Enfermos es cuando más despreciamos al cuerpo; lo consideramos como un instrumento más: “<em>No acepto ser un cuerpo enfermo y entonces me separo de mí mismo y digo que tengo un cuerpo enfermo</em>”<a name="2"></a><a href="#2a"><sup><span style="text-decoration: underline;">2</span></sup></a> . Algo en mi cuerpo está fallando y hay que arreglarlo por la ley científica de causa-efecto. En realidad han sido siglos en los que nosotros mismos hemos fallado. Generaciones aturdidas y sordas por las exigencias sociales que no han reconocido la voz del cuerpo. Así ha surgido la enfermedad como la heredera de la historia singular de un individuo.</div>
<div>Las enfermedades son ahora un reto por entender y explicar. Y para esto la medicina las estudia a través de la exploración del cuerpo, es decir, por medio de una detenida escucha de lo que éste dice. “<em>Nuestro cuerpo es, según la expresión de Merleau-Ponty, nuestro &#8216;anclaje en el mundo&#8217;</em> ”<a name="3"></a><a href="#3a"><sup><span style="text-decoration: underline;">3</span></sup></a> . Desde el cuerpo el Mundo se hace mundo, adquiere significado. Un cuerpo enfermo nos habla de un mundo doloroso y limitado. Un cuerpo sano, nos habla de un mundo expectante y retador.</div>
<div>El cuerpo nos ha hablado desde pequeños, al sentirlo y escucharlo será fácil reconocer lo que realmente queremos. ¡Para qué esperar a estar enfermos!</div>
<div><a name="1a"></a><a href="#1"><sup><span style="text-decoration: underline;">1</span></sup></a><a name="2a"></a><a href="#2"><sup><span style="text-decoration: underline;">2</span></sup></a><a name="3a"></a><a href="#3"><sup><span style="text-decoration: underline;">3</span></sup></a> Revista de filosofía. Departamento de filosofía de la universidad iberoamericana, plantel México. Número 91 enero-abril 1998.</div>
</div>
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		<title>Palabras: el cuerpo de las ideas</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Meza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Temáticas]]></category>

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		<description><![CDATA[Es curioso cómo dedicamos cantidades enormes de esfuerzo, tiempo y dinero a cuidar nuestra apariencia, o por lo menos a resoplar con sonrisa fingida mientras sumimos la barriga frente al sexo opuesto. Al hacerlo estamos aceptando que la personalidad no es suficiente y que para &#8216;tramar&#8217; a alguien necesitamos que nuestro cuerpo nos ayude, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><img class="alignleft size-full wp-image-10383" title="palabras" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/palabras.jpg" alt="palabras" width="119" height="341" />Es curioso cómo dedicamos cantidades enormes de esfuerzo, tiempo y dinero a cuidar nuestra apariencia, o por lo menos a resoplar con sonrisa fingida mientras sumimos la barriga frente al sexo opuesto. Al hacerlo estamos aceptando que la personalidad no es suficiente y que para &#8216;tramar&#8217; a alguien necesitamos que nuestro cuerpo nos ayude, no que nos perjudique. El cuerpo debe trabajar en llave con la personalidad para lograr lo que nos propongamos.</div>
<div>Así mismo, podríamos decir que nuestros pensamientos, al igual que nosotros, están compuestos de cuerpo y alma. Si las ideas son el alma de nuestros pensamientos, las palabras son sin duda su cuerpo.</div>
<div>Siguiendo esta analogía, en los seres humanos no puede decirse que el alma o la personalidad tienen una forma o una apariencia definida. Sólo podemos deducir cómo es la personalidad de alguien a partir de sus actos o de la forma como busca expresarse. En ese sentido, es el cuerpo físico a través del cual el alma puede darnos una idea de cómo es.</p>
<div>De forma similar, nuestras ideas no tienen una apariencia o forma definida. Para poder conocerlas, los seres humanos solemos ponerlas en palabras para transmitirlas, atesorarlas y conocerlas. Sólo cuando usamos palabras los pensamientos adquieren vida porque es cuando las ideas, su alma, son llevadas a una forma &#8220;tangible&#8221;. Esta forma &#8220;física&#8221; puede ser impresa, manuscrita, hablada, proyectada, etc. Por supuesto que medios como las imágenes (fotos, dibujos, películas), sonidos (música, ruido) o movimientos (bailes, masajes) también son formas válidas de expresión de los pensamientos, pero suelen ser un poco más subjetivos, más dependientes del contexto y de las personas que reciben estas expresiones de las ideas.</div>
<div>Así mismo, las palabras están sujetas al contexto y a los individuos para su interpretación, pero también es cierto que sólo las palabras tienen la capacidad de ser traducidas a diferentes idiomas y géneros literarios que se adapten más fielmente a la interpretación en su contexto original.</div>
<div>Si las palabras son el cuerpo de nuestros pensamientos, deberíamos usarlas con el mismo cuidado con el que tratamos a nuestro cuerpo, o por lo menos deberíamos esforzarnos para que nuestras palabras digan exactamente lo que queremos decir. Por ejemplo, cuando usamos la palabra &#8220;americano&#8221; para referirnos a lo relativo a Estados Unidos, le damos a esa idea un cuerpo que la desdibuja completamente. En su lugar sería preferible usar &#8220;estadounidense&#8221;, &#8220;gringo&#8221; o incluso (siendo &#8216;chimbo&#8217; con los canadienses) &#8220;norteamericano&#8221;. &#8220;Americano&#8221; es un hincha de los “diablos rojos” (en Cali), de las “águilas” (en México) o todo aquello referente al continente americano. Si usamos mal esa palabra es casi como si aceptáramos que sólo los ciudadanos del Imperio tienen derecho a llamarse americanos porque son los dueños del continente y nosotros simples arrimados. Es tan absurdo como llamar &#8220;colombianos&#8221; sólo a los antioqueños o &#8220;patriotas&#8221; únicamente a los partidarios de Uribe.</div>
<div>Por esta razón, debemos dar cuerpo a nuestras ideas con los ojos abiertos y la mente conciente. La personalidad más encantadora pierde fuerza si no va de la mano de una sonrisa matadora. De la misma forma, las ideas más brillantes sólo podrán resonar en la mente de nuestros interlocutores si las encarnamos con las palabras que mejor reflejan su significado.</div>
</div>
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		<title>Para aquellos que pueden ver</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2004 05:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Lee</dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición 16]]></category>
		<category><![CDATA[Temáticas]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo, o casi todo, entra por los ojos. Y es con éstos que nos vemos todos los días ante un espejo que, aparte de ser una cocción de silicatos a altísimas temperaturas que se unen para formar una superficie pulida, es el medidor de autoestima personal. De él dependen nuestros niveles de fealdad o belleza; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><img class="alignleft size-full wp-image-10388" title="aquellos_puedan_ver" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2004/08/aquellos_puedan_ver.jpg" alt="aquellos_puedan_ver" width="125" height="333" />Todo, o casi todo, entra por los ojos. Y es con éstos que nos vemos todos los días ante un espejo que, aparte de ser una cocción de silicatos a altísimas temperaturas que se unen para formar una superficie pulida, es el medidor de autoestima personal. De él dependen nuestros niveles de fealdad o belleza; él no miente y lo soporta el espejo de la madrastra de Blancanieves y la teoría de la imagen denominando a la figura reflejada en el espejo (o cualquier área reflectiva) como imagen natural, y naturalmente somos lo que ahí se ve.</div>
<div>Aparte de ser un medidor, el espejo es todo un crítico que hace surgir ese calificador que tenemos a la mano en el mar de nuestro ser (funcionalmente, nunca está muy en el fondo), pero es la autocrítica privada y personal la que nos acerca más a nosotros mismos sin importar la nota que nos hallamos dado: nos estamos intracomunicando. De ahí en adelante es electiva autónoma lo que decidamos hacer con y de nosotros, al menos nos consultamos antes de tomar cualquier acción.</div>
<div>Menos que ver, atisbamos el forro que nos cubre, lo miramos feo, lo criticamos constructivamente, tomamos resoluciones al respecto y lo dejamos tal como está. Lo que se pueda enmendar de nuestros cuerpos es proporcional a la fuerza de voluntad para ejercitarnos, la teoría <em>fashion</em> de los colores o a los egresos monetarios disponibles en casa, y sencillamente se tapa un turupe con un morro. Volver al espejo un objeto agradable de asomarse a ver, es una tarea dispendiosa y más aún aprender a amarse por medio de éste. Por eso los medios se han puesto la tarea de facilitarnos un estándar que nos masifica y cohíbe la individualidad, un estándar que punza en algún lugar del cerebro cada vez que nos vemos al espejo.</div>
<div>Algunos métodos para elevar el amor propio son muy básicos, impersonales y hasta ridículos. Pueden llegar a ser excesivamente pedagógicos y cansones, como si quererse realmente a sí mismo estuviera fuera del alcance de cada uno. Por ejemplo, motivarse pegando la típica foto de alguien con el supercuerpazo o la re-presencia en alguna pared del cuarto o del baño, en la puerta de la nevera o en una esquina del espejo (de cuerpo entero). Pero resulta más rentable y beneficioso de lo que pensamos, sólo que la mala costumbre de buscar respuestas en los demás se superpone sobre la tarea de la introspección: “Mirarse para adentro no cuesta nada”.</div>
<div>Uno de los tantos fenómenos que ocurren “frente a frente” en un espejo, es la reafirmación de nuestra existencia, cosa que no pueden hacer los míticos vampiros o sobre-hacen el Dr. Jekyll y su alter ego, Mr. Hyde. ¡Pues ahí estoy, aquí estoy y así soy…! Y es todo un duelo amarse: nos negamos, nos enojamos, nos despersonalizamos, y finalmente, si queremos, nos aceptamos.</div>
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