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	<title>El Clavo</title>
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	<description>Periodismo Universitario</description>
	<pubDate>Mon, 29 Dec 2008 17:26:09 +0000</pubDate>
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		<title>El Clavo</title>
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		<title>La crítica al criticón</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Dec 2008 17:19:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carmen Posada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>

		<category><![CDATA[En Línea]]></category>

		<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>No voy a referirme a “El Criticón” de Baltasar Gracián, que por cierto es una novela que debería incluirse en los programas académicos de formación secundaria; me refiero al ciudadano común que todo lo critica y hasta busca diferentes medios para elevar su crítica a la vida pública, ya sea en el minimundo de su blog o en alguna revista universitaria que busca colaboraciones ad honorem o en innumerables cartas que envían a la redacción de los diferentes diarios locales y nacionales hasta lograr que alguno le publique su misiva.</p>
<p>El criticón es primo hermano del opinólogo. Siente que tiene un deber moral de decir lo que no le gusta y generalmente nada le gusta y jamás está contento con lo que hay; el opinólogo a su vez suele emitir su opinión como si con ella pudiera cambiar el mundo y además piensa que es su aporte para el mejoramiento de la sociedad, sin embargo, suele recurrir a herramientas más pedagógicas que el criticón para hacer llegar su mensaje a otros.</p>
<p><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/homer_simpson_xray.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3060" title="homer_simpson_xray" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/homer_simpson_xray-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Estos dos son miembros de la gran familia de colombianos que pocas veces van a las urnas a votar, nunca han participado en los concejos comunitarios, jamás han pisado la Procuraduría ni la Contraloría para levantar sus denuncias o para lo más elemental que es pedir información o aportarla con pruebas a las investigaciones que se le adelantan a funcionarios públicos. Se limitan a leer el periódico, las revistas de opinión y cuanta columna escribe algún otro criticón con más aval que ellos, para luego condensarlo en un artículo que montan orgullosamente a su blog o en el medio que les permita hacer eco a las voces de terceros. ¿Cuántas veces no hemos leído algo sin siquiera preguntarnos por qué no se hace una denuncia formal? ¿Por qué ese ciudadano con ínfulas de periodista no usa las instituciones democráticas para hacer lo correcto, levantar la denuncia, aportar las pruebas que tiene y motivar a otros para que hagan lo mismo?</p>
<p>Así, nuestros medios y la web están saturadas de espacios de opinión pública que a lo único que llevan a los lectores es a pensar: “sí, claro, por eso estamos como estamos”. Y sanseacabó. Creo firmemente en la libertad de expresión, creo en la democracia pero no creo que los colombianos sepamos cómo usar las herramientas que nos dan para ejercerlas. Libertad de expresión no es decir lo que me viene en gana del político que me cae mal y sospecho que comete actos fraudulentos o poco ortodoxos en su administración porque en alguna parte leí que otro dice que así es. Democracia no es participar desde la comodidad de mi computador escribiendo cuanta crítica se me ocurre sobre los sucesos nacionales para luego regodearme con los comentarios que recibo sobre lo que escribí y mucho menos para responder con nuevos artículos a quienes no están de acuerdo con mi crítica para demostrarles que estoy documentado al respecto. Eso además de ser una tremenda canallada, demuestra lo irresponsables que somos en el uso de la palabra escrita.</p>
<p>Los pocos colombianos que de una u otra forma tenemos la posibilidad de escribir en un medio masivo, que tenemos acceso ilimitado a Internet para alimentar un blog o portales de opinión tenemos una responsabilidad social con este ejercicio, tenemos el derecho de expresar nuestra opinión pero también el deber de generar cambios y para ello no podemos limitarnos al artículo sino que debemos tener acciones concretas que avalen nuestras palabras. Si no nos gusta el despilfarro de un gobernador o la falta de compromiso de un alcalde, si la gestión de tal o cual funcionario público me genera dudas y tengo fuertes indicios para pensar que detrás de alguna administración hay manejos indebidos, antes de hacer la crítica en un artículo es necesario investigar y si es el caso denunciar formalmente para luego sentarme tranquilo frente a la computadora y escribir con toda la propiedad del caso lo que pienso y lo que opino, no sin antes pensar en una propuesta de cambio; es decir, que de nada sirve la investigación, la denuncia y la opinión si ésta no va acompañada de una propuesta a la cual el lector pueda decir: ¡Me adhiero! Eso es generar movimientos ciudadanos, eso es responsabilidad social, eso es compromiso. Todo lo demás es la crítica por la crítica de la que estamos ñatos los lectores y mucho más los lecto/escritores.</p>
<p>Y mucho ojo, que esto es una democracia “participativa”, dicen los opinólogos.</p>
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		<title>Régimen piramidal</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Dec 2008 16:59:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hernando Llano Ángel</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[En Línea]]></category>

		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

		<category><![CDATA[DMG S.A.]]></category>

		<category><![CDATA[pirámides]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>De nuevo las noticias son tan vertiginosas, que ya las pirámides sepultan las fosas comunes de los falsos positivos. Sobre los gritos inconsolables de las madres frente a los restos de sus hijos, ahora se imponen las voces airadas de los clientes de DMG y de las “pirámides” en contra del Gobierno.  Así las cosas, esas captadoras de sueños y codicia han logrado opacar al terrible Leviatán que, en nombre de una supuesta “seguridad democrática”, desaparece, ejecuta y sepulta a quienes considera una amenaza para su orden y prosperidad.</p>
<p><strong>Pirámides de desaparecidos</strong><br />
Resulta ahora mucho más grave la desaparición de una Pirámide, como DFRE1, que la de miles de seres humanos Desaparecidos en forma Fácil, Rápida y Ejecutiva. Como una cruel ironía, que refleja muy bien la escala de valores predominante, han salido a las calles miles de manifestantes a desafiar al Príncipe porque éste se ha convertido en una amenaza para sus bolsillos, pero no para sus vidas. Al menos por ahora. El crimen de Estado ha sido desplazado por los damnificados de las “pirámides” y las avalanchas del invierno. La realidad contante y sonante del dinero ha sepultado, una vez más, el sentido de la vida y la dignidad de estos jóvenes, pobres y desafortunados.</p>
<p><strong>Pirámides del Crimen</strong></p>
<p>Algo semejante, pero en el terreno más cenagoso del mercado y las finanzas, es lo que ha venido haciendo con éxito David Murcia Guzmán, sin cargar con el lastre de tanto falso positivo. Lastre sangriento que nos lo recuerda Mancuso en su última teleaudiencia, casi inadvertida por el escándalo de las Pirámides, cuando afirma que se reunió en varias ocasiones con el entonces Secretario de Gobierno de Antioquia, Pedro Juan Moreno, mano derecha de Uribe, para coordinar la creación de las Convivir, que luego se trasmutaron en las criminales Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). No por casualidad las víctimas de estas bandas en Antioquia, durante sus tres años como gobernador (1995-1997), aumentaron piramidalmente, con 143 asesinatos en 1995, en 1996 con 357 y en 1997, como para culminar su “mandato de bien”, la cifra llegó a 439. Todo ello, bajo el reinado de quien condecoró como “pacificador de Urabá”, y le rindió luego un  homenaje de desagravio, el General (r) Rito Alejo del Río, hoy detenido por su activa colaboración con las AUC, según lo confirman con sus testimonios Mancuso y Ever Veloza, alías “H.H.”.<br />
<strong><br />
AUV &gt; DMG</strong></p>
<p>Por todo lo anterior, se puede afirmar que Álvaro Uribe Vélez (AUV) es en la política lo que David Murcia Guzmán (DMG) representa en la economía, aunque como jefe de Estado lo supere en responsabilidad social y logre someter a Murcia en el ámbito judicial. Ambos encarnan la promesa y la realidad de ganancias rápidas, seguras y rentables, sin importar mucho los medios para alcanzarlas. Ambos transitan por la ambigua línea de la legalidad y la escabrosa de la criminalidad. Uribe con las Convivir y la “Seguridad democrática”; DMG con sus tarjetas y novedosos mecanismos de comercialización y financiación. Los dos tan cercanos al narcotráfico, pero tan distantes de sus protagonistas. Cada uno de ellos beneficia a unos pocos, aunque se proyectan en sus respectivos campos como líderes altruistas que trabajan incansablemente por el bien de todos. Mientras Uribe manipula y defrauda la confianza ciudadana y los valores democráticos,  Murcia hace lo propio con la ambición y el dinero de sus clientes.</p>
<p>Pero entre ellos existe una diferencia apreciable. Uribe supera con creces a Murcia, pues es un timador de la fe pública y un defraudador profesional de la democracia. Las pérdidas que produce son irrecuperables: vidas humanas sacrificadas en nombre de la “seguridad democrática” y la creciente ilegitimidad de las instituciones estatales, copadas por la ambición de mercaderes y mercenarios al servicio de unos pocos. Por el contrario, las pérdidas generadas por Murcia son de cobro inmediato y, aunque cuantiosas, recuperables, pues se tasan en precios y no en valores tan trascendentales e irreversibles como la vida, la dignidad, la decencia y la legitimidad política.</p>
<p>Seguramente por ello es mucho más fácil juzgar y hasta condenar a DMG. Sus delitos son económicos y no de lesa humanidad. Ellos están al alcance de la justicia nacional. Todo lo contrario sucede con AUV, que se sitúa más allá del bien y del mal, pues obra inspirado por el más noble servicio a la “Patria” y con la coartada de la “seguridad democrática”. De allí su obsesión por el poder presidencial, que le garantiza impunidad, siempre y cuando cuente con el juicio favorable de sus firmantes y electores, convertidos así en cómplices de este ignominioso régimen piramidal.</p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="425" height="344" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/G7nfbkwnUtU&amp;hl=en&amp;fs=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344" src="http://www.youtube.com/v/G7nfbkwnUtU&amp;hl=en&amp;fs=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
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		<title>Cinco minutos más y un café</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Dec 2008 18:25:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandra Valencia</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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El coco sigue debajo de mi cama. Nunca puede contar ovejas. Estoy desbordada, turbia, seca, bloqueada. Llevo dos semanas  tomando café con el insomnio  a mi lado y aun así no he progresado,  echa un susurro en el bolsillo  y me dice: “¡Puta vida! te acompaño y no logras nada, este café no está cargado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3047" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/cafe-frances-017-pp.jpg"><img class="size-medium wp-image-3047" title="cafe-frances-017-pp" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/cafe-frances-017-pp-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Naranja Alucinógena</p></div>
<p>El coco sigue debajo de mi cama. Nunca puede contar ovejas. Estoy desbordada, turbia, seca, bloqueada. Llevo dos semanas  tomando café con el insomnio  a mi lado y aun así no he progresado,  echa un susurro en el bolsillo  y me dice: “¡Puta vida! te acompaño y no logras nada, este café no está cargado, sin sueño”. Un insomnio loco y un remedo de escritor a la madrugada  con 25 grados centígrados y ganas de orinar. Bendito insomnio inyéctame tu sexo en la nuca, y entretéjeme el pelo y los sueños que perdí en algún paradero oscuro. Te miré de reojo.  Ya estábamos solos, demasiado tarde, el café estaba listo. Le pregunté a la viuda que nos espiaba por entre las rendijas dulces de la persiana, sacó su cuasi sonrisa pálida  y apestaba a queso, tal vez parmesano.</p>
<p>Soy nueva dije  y me quedé encallada, las estrellas se embriagaron y cayeron una a una entre el  tufo de la mañana y las pecas del viento. Te pedí un café y me oliste a pensamientos ajenos, al viento cuando juega en el parque y gime al terminar la lluvia</p>
<p>Recordé tantas letras masticadas que nunca terminé de tragar, las miradas absurdas de mi infancia, neumáticos naufragando en ríos, espinas, apio, opio, vértebras, lenguas, perros callejeros, humo.</p>
<p>Empecé  a desearte a ocultarte del resto de ánimas impuras que buscaban tu sombra en la esquina del desvelo. Yo sólo quería escribir. El sólo quería existir.</p>
<p>Muchas veces me intenté meter un valium, olvidarte, pasar derecho sin mirarte las ojeras tan bien puestas que cargabas cuando te inyectabas mi nombre en la cabeza. Nunca intenté comprenderte. Deseé hablarte del sueño, del vértigo  que sucede cuando te sobresaltas y crees tener un caleidoscopio dentro. Bendito insomnio, me gusta cuando fumas y me susurras al oído hechizos trasnochados, quise acostarme contigo en unos ojos bien abiertos, en un sembrado de tomates afiebrados, en una palabra francesa, probar el H, intenté dormirte con caricias sueltas como ratoneras taciturnas deseé soñarte y cubrirte con un circo de pepas anaranjadas, sos veneno, tus muertos me muestran el cráneo roído por tu cuerpo, me advierten que me detengan y vos me arrancas la conciencia, me obligas a verla correr por el inodoro, la soltaste sin darme derecho a pintarme los labios.</p>
<p>Cruje el caparazón del sueño 1:00 am</p>
<p>- Llegas a tiempo, te esperé toda la tarde, con las uñas arranqué la cal de la pared anémica, regué la pimienta, decidí salir para compartir tu existencia.</p>
<p>Se llamaba George y tenía hoyuelos inundados de alcohol, le hable de vos, de cómo te inyectabas mi nombre y me revolcabas el cuerpo en un orgasmo sin tiempo, en el fondo del bar tres tristes tigres amenizaban la melancolía, la música se ahogaba de a poquito en las botellas de cerveza, las notas tambaleaban por la carretera, se estrellaban contra el parabrisas y agonizaban en el centro.</p>
<p>Me eché base durante un mes, me negué a contestar tus llamadas, me vestí de rojo, hablé de las mañanas, tome té, valeriana, manzanilla, tomé aire, apreté los ojos tan fuerte como mis parpados me permitían, intenté cerrarte la puerta, ponerte  pepas en los rincones, cantarte, contarte historias, leerte la biblia, arrullarte con la estática y el sopor de unos besos morfínicos. Nada. Me desvelo en tu nombre, en tu cuerpo, en tus huesudas ojeras, multicolores, en mi disecado pasado, ya no puedo más. Déjame rehabilitar. Estoy Perdida, caí, el reloj ha muerto. Nunca pude contar ovejas. Ni olvidar al coco. Hace mucho no veo al viento. Ya soy otro cráneo, ya estoy roída, demasiado tarde. No hay regreso.</p>
<p>¿Quieres un café?.. Sólo quédate un poco más, mírame te dejaré acariciarme las ojeras. Espérame. Aspírame. No duermas.</p>
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		<title>Cali Mágica</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Dec 2008 18:18:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cindy Muñoz</dc:creator>
		
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Cali es esa ciudad por descubrir y construir, en la que todo es posible, un sueño. Con la nostalgia de no tener mar, pero si siete ríos que se van marchitando, sus calles alegres y tropicales por el calor quizás, por la añoranza tal vez. La diosa del deseo, la reina de la salsa, esa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3040" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/22-p.jpg"><img class="size-medium wp-image-3040" title="22-p" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/22-p-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Cindy Muñoz</p></div>
<p>Cali es esa ciudad por descubrir y construir, en la que todo es posible, un sueño. Con la nostalgia de no tener mar, pero si siete ríos que se van marchitando, sus calles alegres y tropicales por el calor quizás, por la añoranza tal vez. La diosa del deseo, la reina de la salsa, esa dama ardiente y caliente ansiosa por vivir, sin tiempo, sin planes, sin fechas, sin nada de esas ideas que agotaban la existencia…</p>
<p>Calenturas entre sus piernas, en sus cabezas, mentes calientes, libres para follarse el viento, la fuente, mil colores, los negros, los agudos sonidos de la madrugada, unos labios cortados, los tambores, lanzándose al vacío.  ¿Eres tú? ¿Soy yo? Un mundo, mil besos, mil fragmentos, muchos cielos, el claro/oscuro de la revolución.</p>
<p>No es un pueblo ni una metrópoli, quizás un semillero de locos que se han caminado de arriba,  abajo o de izquierda a derecha en busca de eso&#8230; que ha quedado en algún  imaginario. Se me había dado algún tiempo atrás, mientras  caía y se levantaba, se apagaba y se encendía, era parte del caos del intentar ser y de vuelta corre tras los besos hedónicos de la noche mientras se va, se pierde y vuelve.</p>
<p>La que muchos rechazan por no estar a la altura, por no tener el primer mundo en su frente, por ser algo borrosa en el mapa turístico de la globalización, ella abatida y quebrada estaba allí esperando ser pisada, esperando ser vivida e imaginada.</p>
<p>Un día salí a explorarla y me enamoré de una sonrisa en la calle, de un café fuerte, de las emociones a flor de piel, de correr y explotar en todo el centro entre locos alucinógenos que se mezclaban con los duendes.</p>
<p>Siempre tiene un olor  diferente, a veces a un atardecer violeta y otras a un cálido amarillo, a gotas de río o a hierba mojada, a labios grandes o piernas largas, a la brisa de las cinco, a miércoles de café o jueves de cine club, a letras en las  paredes o cerdos voladores en los puentes, a calles verdes, a vuelos azules, a largas caminatas, al golpe de un tambor o los tacones en alguna fiesta, a jazz, rock, a cine o fotografía…  a todo es posible.</p>
<p>Esa es su magia, ese partir de la nada y no saber si llega o se pretende llegar a un punto exacto, es ese disfrutar el camino sin importar el fin, es ese arrojar unos versos al viento unos colores al río, unos besos a un desconocido, quizás imaginar una ciudad cubierta de girasoles burlándose de lo calculado, sin buscarle una forma, tener la libertad de jugar a ser feliz por si no existe nada más, por si el tiempo realmente es corto.</p>
<p>Cali Mágica un sueño hecho ciudad, las calles agrietadas, la gente de un color diferente, la noche dueña de los niños, el sol cruel que te hecha de la cama.</p>
<p>Escapa de tu casa, vamos a caminar, mientras llega el silencio. Déjame perderme en tu falda, en tu olor a café de las cinco, entre los rayos de sol, mientras suena aquel clarinete al otro lado del muro, sal de ti, sal de mí. Pan barato, detener el tiempo, nunca me olvides, me siento en la silla que da a la ventana, mientras las sendas adquieren vida por sí solas. Vivir, reír por todo, correr, dejar ir el cuerpo.</p>
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		<title>DANDO DONDE ES</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:52:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>César López</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Clavitorial]]></category>

		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Dando donde es]]></category>

		<category><![CDATA[EGM]]></category>

		<category><![CDATA[El Tiempo]]></category>

		<category><![CDATA[Medios alternativos]]></category>

		<category><![CDATA[RCN]]></category>

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		<description><![CDATA[Revistas y periódicos de corto tiraje, emisoras con poca cobertura, programas de televisión en canales nuevos y sitios web que parecen blogs. Todos los anteriores al igual que El Tiempo, Semana, RCN, Caracol, La Mega, 40 Principales y ELESPECTADOR.COM son medios de comunicación, sólo que a los primeros los han llamado alternativos. Éstos a diferencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Revistas y periódicos de corto tiraje, emisoras con poca cobertura, programas de televisión en canales nuevos y sitios <em>web</em> que parecen <em>blogs</em>. Todos los anteriores al igual que <em>El Tiempo, Semana, RCN, Caracol, La Mega, 40 Principales</em> y <em>ELESPECTADOR.COM </em>son medios de comunicación, sólo que a los primeros los han llamado alternativos. Éstos a diferencia de los masivos no aparecen en el EGM (Estudio General de Medios), sus directores son los mismos que llevan y traen, los reporteros escriben, toman la foto, diseñan, imprimen y se pagan, sus escarapelas de periodista son hechas en <em>Power Point,</em> van a cuanta rueda de prensa los invitan con tal que les den comida y trago, no reciben viáticos y sus presentadoras son las mamasitas de la cuadra.</p>
<div id="attachment_2847" class="wp-caption alignleft" style="width: 232px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clavitorial.jpg"><img class="size-medium wp-image-2847" title="clavitorial" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clavitorial-222x300.jpg" alt="" width="222" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Foto:Cindy Muñoz - EL CLAVO</p></div>
<p>No se trata de que unos medios sean mejores que los otros, ni que compitan entre sí porque estos dos tipos de medios tienen un público objetivo distinto. ¿Para qué un periódico de barrio va a tener el tiraje de E<em>l Tiempo</em>? o ¿qué le importa al noticiero local de Paratebueno (Cundinamarca) que los sintonicen en Cartagena? Los medios alternativos conocen tan bien a su público que desde el lenguaje hacen la diferencia, logran llegar de forma directa sin hacer mucho esfuerzo debido a que ellos mismos hacen parte de ese segmento de la población.</p>
<p>Los públicos son cada vez más diversos y en especial los juveniles, que a pesar de tener la misma edad, pertenecer al mismo barrio, colegio, sexo y hasta mamá, tienen gustos totalmente distintos. Muchos se agrupan en las famosas “tribus urbanas” para diferenciarse. Dicen que hace muchos años existían dos o tres clases de zapatos, un solo tipo de cuaderno y una marca de fotocopiadora, cualquier cosa de afuera era llamada como “americana” y era vista como exótica. “<em>Lo traje de Miami</em>” se decía para chicanearle a los demás. Hoy en día eso ya no existe y así como los públicos se han vuelto tan diversos y hay tantos productos tan específicos, de la misma forma han surgido medios alternativos sumamente segmentados, de nicho.</p>
<p>Por ello es que los medios alternativos, con unas lógicas y formatos bastante distintos, son una herramienta de comunicación sumamente potente. Experiencias como la de Sergio Fajardo en Medellín son una muestra de esto, quien invirtió publicitariamente en muchos de ellos logrando más cobertura y llegando a públicos donde los medios masivos no logran penetrar, de esa forma ganó más por menos. Estos grandes medios intentan llegarle a la masa a través de un sancocho de información, pero en últimas a uno sólo le interesa una sección o una noticia en particular. ¿O alguien —no jubilado y con ocupaciones— puede decir que se ha mamado tooooda una edición de <em>Noticias RCN</em> un sábado al medio día?</p>
<p>Así es como los medios de comunicación alternativos se están abriendo camino entre los medios masivos, que por querer abarcar mucho no están llegando de forma efectiva a su público objetivo y crisis económicas como las que se empiezan a vivir a finales del 2008 están siendo fatales para esos monstruos de la comunicación. Ahí es donde entran los medios alternativos, con formatos de bajo presupuesto, públicos específicos, estructuras flexibles y dinámicas que se adaptan fácilmente a cambios y nuevas lógicas de comunicación y consumo.</p>
<p>Por eso desde EL CLAVO le seguimos apostando a nuestros lectores, así hayamos iniciado en las aulas de clase universitarias conservamos la esencia que nos ha mantenido durante 12 años. Somos una alternativa en periodismo, un referente para un público bastante particular que poco a poco hemos ido construyendo y esperamos que con nuestros otros medios como ELCLAVO.COM y EL CLAVO EN RADIO continuemos aumentando la comunidad que nos rodea. Definitivamente DANDO DONDE ES.</p>
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		<title>¡Qué oso enamorarse!</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:47:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Gaviria</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Temática]]></category>

		<category><![CDATA[Cartas]]></category>

		<category><![CDATA[Daddy Yankee]]></category>

		<category><![CDATA[Enamorarse]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando la pandilla cerebro de la Revista me propuso que escribiera algo relacionado con los “osos” que hacemos cuando tratamos de conquistar a alguien, lo primero que se me vino a la cabeza fueron esas cartas de amor colegiales  que alguna vez hicimos. Después de buscar entre todos los recuerdos y cachivaches  de la adolescencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando la pandilla cerebro de la Revista me propuso que escribiera algo relacionado con los “osos” que hacemos cuando tratamos de conquistar a alguien, lo primero que se me vino a la cabeza fueron esas cartas de amor colegiales  que alguna vez hicimos. Después de buscar entre todos los recuerdos y cachivaches  de la adolescencia encontré una carta ajena, clásica y típica de esos amores juveniles. Acá se las comparto, recordándoles que, “<em>el que se enamora pierde… hasta las neuronas</em>”</p>
<p><strong>Carta de una enamorada</strong></p>
<p><em>Hora: No sé<br />
Lugar: Salón de clases<br />
Estado de ánimo: aburrida (clase de matemáticas)<br />
Motivo: tú</em></p>
<p><em><strong>¡Hola mi loquito!</strong><br />
¿Sabes? Hoy no me siento inspirada, así que esta carta va a ser muy cortica.<br />
Anoche estuve pensando en ti, mi peluchín, y recordando el fin de semana que nos conocimos. ¿Te acuerdas? En la fiesta de quince de Lady Maryuri, cuando tú tímidamente te acercaste a la mesa donde yo estaba. Recuerdo que me pareció linda tu pinta: tu buso blanco manga larga, tus</em> jeans<em> bota campana ligeramente salpicados de barro, tus tenis nike shox de diez resortes, tu corte de pelo rapadito con gatas y tu </em>bling, bling <em>de aretitos y cadena de plata.</em></p>
<p><em><br />
</em></p>
<p><em>En ese momento me preguntaste: </em>“¿Bailas?”.<em> Y yo respondí ágilmente: “no, soy coja”. Mis amigas y yo echamos a reír. Perdón por eso chiquito, pero lo que pasa es que a ellas les caes como mal.<br />
Pero lo inolvidable fue cuando bailamos ese perreo de Daddy Yankee, y  en mitad de la “bluyineada” me hiciste las preguntas de rigor: que si yo estaba bien, que si estaba sola o acompañada, o que dónde andaba mi novio. ¡Recuerdo tu sonrisa cuando te dije que no tenía!</em></p>
<p><em><br />
</em></p>
<div id="attachment_2856" class="wp-caption alignleft" style="width: 231px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica1.jpg"><img class="size-medium wp-image-2856" title="tematica1" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica1-221x300.jpg" alt="" width="221" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Cindy Muñoz - EL CLAVO</p></div>
<p><em><br />
</em></p>
<p><em>Precioso, no quiero que vayas a pensar mal de mí por lo que pasó contigo cuando nos conocimos, la verdad es la primera vez que lo hago con alguien que conozco el primer día. Además, eres el primer hombre… después de mi exnovio.<br />
Bebé, quiero que tú y yo publiquemos esta relación, eso sí, contándole primero a Miriam Faisury, pues no quiero perder la amistad que tengo con ella. Me da pesar que la gente le diga que tiene más cachos que un alce.<br />
Bebé, te dejo no sin antes decirte que quiero darme una oportunidad y ser feliz contigo&#8230; ¡Hasta ya puse nuestras iniciales en el baño de niñas!<br />
Te quiero mucho mi Esteven Orlando…</em></p>
<p><em>Atentamente,<br />
Estefany</em></p>
<p><em>PD: La luna es nuestra confidente, el sol nuestro acompañante, las estrellas  y el cielo, el manto que nos abriga. Tú y yo los enamorados por siempre.<br />
PD2: Te dedico la canción Eclipse Total del Amor.<br />
PD3: Luego te escribo una carta más larguita mi gordis.</em></p>
<p>Advertencia: Si al terminar de leer esta carta usted experimenta  náuseas y ganas de vomitar; tenga en cuenta que estuvo expuesto a una exagerada dosis de melosería, una consecuencia inevitable del oso más ridículo: el amor.</p>
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		<title>MAURICIO CUEVAS</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:47:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Cardozo</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Dando en El Clavo]]></category>

		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Caja De Pandora]]></category>

		<category><![CDATA[cultura]]></category>

		<category><![CDATA[Emisoras]]></category>

		<category><![CDATA[Lágrimas De Acero]]></category>

		<category><![CDATA[Música]]></category>

		<category><![CDATA[Radio]]></category>

		<category><![CDATA[rock]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un cinéfilo que le gusta ver más con el oído y su pasión es la radio. Dirige dos programas culturales para jóvenes. El primero, es la Caja De Pandora, una radio revista cultural que lo hace madrugar todos los domingos y en la cual hay música selecta, variedad de temas e invitados. El otro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es un cinéfilo que le gusta ver más con el oído y su pasión es la radio. Dirige dos programas culturales para jóvenes. El primero, es la Caja De Pandora, una radio revista cultural que lo hace madrugar todos los domingos y en la cual hay música selecta, variedad de temas e invitados. El otro programa es Lágrimas De Acero, una propuesta radial que se especializa en Rock Metal, aquí emite noticias, reseñas y datos curiosos sobre este género, que como él dice, despierta los sueños y emociones de millones de jóvenes. A sus 27 años quiere seguir innovando en la radio para que la gente se apasione mucho más por este medio de comunicación.</p>
<div id="attachment_2851" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/mauricio_cuevas.jpg"><img class="size-medium wp-image-2851" title="mauricio_cuevas" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/mauricio_cuevas-300x225.jpg" alt="Foto:Angélica Cardozo - EL CLAVO" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">Foto:Angélica Cardozo - EL CLAVO</p></div>
<p><strong>¿Es fácil producir radio cultural?</strong></p>
<p>Acá necesitamos un resurgir cultural, que la gente crea en la cultura como opción de entretenimiento, canal de información, posibilidad de educación y medio para construir opinión. La cultura en nuestra ciudad carece de espacios y así es difícil que una propuesta radial pueda seducir masivamente a la gente. Sin embargo, en los últimos meses la ciudad está estableciendo otro tipo de lógicas que permiten que una radio cultural-universitaria, alejada de las tendencias comerciales, pueda desarrollarse. Lo necesitamos.</p>
<p><strong>¿Qué piensas de las otras emisoras juveniles?</strong></p>
<p>No hay mucho que pensar, ni siquiera las escucho, tal vez por eso sea irresponsable criticarlas. Existen propuestas como Radiónica, que es un excelente modelo alternativo de radio juvenil. Son contadas las emisoras que hacen una radio que aporte favorablemente al discurso de la expresión juvenil.</p>
<p><strong>¿Realmente los jóvenes escuchan cultura?</strong></p>
<p>Los jóvenes escuchan cultura todo el tiempo, viven conectados a su Ipod y acompañan el día a día con su música favorita. A los jóvenes se les ha olvidado escuchar, pero es más porque no hay mucho que escuchar. Si ellos quisieran oír más y la radio fuera el medio por excelencia, sólo habría programas mañaneros, informativos y algunos programas especializados en géneros musicales. Pero a la radio le falta meterle la ficha a documentales, crónicas, transmisiones de eventos, dramatizados, seriados, programas de opinión, creatividad, producción, en fin. No es difícil llegarles a los jóvenes, lo difícil es que ellos lleguen a nosotros.</p>
<p><strong>¿Qué opinas de la cultura del <em>rock</em> en Colombia? </strong></p>
<p>No tenemos cultura, sólo tenemos una gran fanaticada que vive por esta música y se rebusca los medios para sobrevivir. Aunque hay talento, la cultura <em>rock</em> en Colombia carece de espacios para su pleno desarrollo. Bien por los que se han mantenido con las botas puestas apostándole al <em>rock</em> en este país.</p>
<p><strong>¿Cuál crees que debería ser el escenario para que propuestas como La Caja de Pandora se emitan en emisoras comerciales?</strong></p>
<p>En el modelo actual de radio comercial no cabemos, esa es la realidad, pero también me atrevo a pensar que no necesitamos de eso. Existen otras vías para posicionar una propuesta como La Caja de Pandora, sólo que se necesita gente y mucho trabajo para lograrlo. Pienso que si llegamos a la radio comercial, perderíamos todo lo que somos. Como en muchos procesos culturales, sería muy bueno que apareciera un mecenas y nos echara un empujoncito, soñar no cuesta nada, pero hacer radio cuesta mucho, como la TV, los impresos, el Internet, todo vale. Pero en la radio comercial, ni loco.</p>
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		<title>Uno &#8220;como yo&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío Recalde</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Temática]]></category>

		<category><![CDATA[Parecidos]]></category>

		<category><![CDATA[Pasto]]></category>

		<category><![CDATA[The Simpsons]]></category>

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		<description><![CDATA[En Los Simpons, la Película, la familia logra escapar de la policía porque al cartel con que los buscan le dibujan bigotes y cabello, distorsionando su fotografía y haciendo que capturen a otra familia que pasaba por allí en ese momento y que coincidía con el nuevo retrato.

Graciosa escena, sin duda, pero no tanto para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Los Simpons, <em>la Película,</em> la familia logra escapar de la policía porque al cartel con que los buscan le dibujan bigotes y cabello, distorsionando su fotografía y haciendo que capturen a otra familia que pasaba por allí en ese momento y que coincidía con el nuevo retrato.</p>
<p><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clones-homero-simpsons-1.jpeg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2860" title="clones-homero-simpsons-1" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/clones-homero-simpsons-1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Graciosa escena, sin duda, pero no tanto para quienes conocen sobre las curiosidades de asombrosos parecidos, como yo.</p>
<p>Mi profesor de cálculo en la universidad era paisano mío, “<em>de Pasto, pues</em>”. Su cabello era liso, rebelde y con el corte no lograba dominar sus puyas para algún lado. Siempre despeinado, prefería andar sin complicaciones por su apariencia física, con <em>jeanes</em> y camisetas como uniformes de su menudo cuerpo.</p>
<p>Y estaba yo: con las mismas características de vestir y de lucir que él. De vez en cuando, para disimular, me ponía gel y una camisa para marcar la diferencia, pero no más abría mi boca para preguntar algo en clase sentía que le estaba preguntando a mi otro yo, el que sí sabía cómo hacer una integral triple: el acento pastuso era evidentemente gracioso entre el caleño oficial. Hasta me preguntaban si yo era hijo de Figueroa. A mí no me importaba, y creo que a él tampoco.</p>
<p>Un día en que no procuré mi supuesto <em>cambio extremo</em> por el afán de llegar al parcial final, seguí de largo por el pasillo y entré decididamente hasta el fondo del salón a sentarme al primer pupitre de la fila para el repaso de última hora. Los estudiantes que esperaban al profesor fuera del salón se apresuraron también a entrar y tomaron sus asientos ordenadamente y en silencio como es común en los exámenes. Un par de minutos después soltaron una sola carcajada que me hizo voltear a ver: todos se reían luego de haberse quedado esperando a que empezara a entregar los cuestionarios, y me reclamaban burlonamente por haber seguido como becerros “al profe” en medio del tremendo estrés del momento.</p>
<p>Y ahora, trabajando como profesor hora cátedra, hay un estudiante de un semestre inferior al que yo enseño (claro, no ecuaciones diferenciales ni derivadas dobles) que se parece a mí y que no conozco (!). Ya varios le habían dicho de su gemelo, pero él no les creía.</p>
<p>El otro día el portero me contó que estaba con él charlando de cualquier cosa, y que pasé por ahí cerca: el muchacho se rió con toda la gana y se quedó aterrado del sorprendente parecido. Pero la cosa no paró ahí. Al otro día, me dice el mismo portero, llegó rapado totalmente a la universidad. Tal impresión le causó la semejanza que prefirió cortarse el cabello, que era la característica más distintiva y equitativa entre él y yo, y que ahora va hasta el salón sin gafas para desigualarse de su reflejo.</p>
<p>¿Únicos y diferentes? Definitivamente. Entonces, ¿por qué nos molesta que alguien tenga la misma ropa o accesorios que uno? ¿Por qué nos escondemos del que se parece físicamente a nosotros? ¿Qué de malo tiene ser “como el otro”? ¿Qué de malo tiene ser “como yo”?<br />
¡Un saludo a mis clones con ombligo!</p>
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		<title>¡La cagué!</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:45:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Nieto</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Temática]]></category>

		<category><![CDATA[¡Qué oso!]]></category>

		<category><![CDATA[Colegios]]></category>

		<category><![CDATA[WC]]></category>

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Creo que todos hemos pasado por ese estado anímico en que el color de nuestras mejillas cambia y un sudor aceitoso recorre cada rincón de nuestro cuerpo. Mi historia inicia en el colegio cuando un profesor irresponsable, me canceló la ida al lugar donde descargamos todas nuestras culpas. Eran como las 10:00 a.m. cuando mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2864" class="wp-caption alignleft" style="width: 199px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica3.jpg"><img class="size-medium wp-image-2864" title="tematica3" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/tematica3.jpg" alt="" width="189" height="290" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Yamore - El Clavo</p></div>
<p>Creo que todos hemos pasado por ese estado anímico en que el color de nuestras mejillas cambia y un sudor aceitoso recorre cada rincón de nuestro cuerpo. Mi historia inicia en el colegio cuando un profesor irresponsable, me canceló la ida al lugar donde descargamos todas nuestras culpas. Eran como las 10:00 a.m. cuando mi estómago comenzó a protestar por algo que no andaba bien. Algunas punzadas me doblegaban, pero debía esperar a que se tocara el timbre de cambio de clase para poder despojarme de mi molestia abdominal. Lo peor del caso es que para llegar al WC debía descender cuatro pisos y así correr por un largo pasillo para desembocar en lo más recóndito de las instalaciones del plantel educativo. Cuando por fin escuché la señal, comencé una maratónica carrera que desembocó en una historia que todavía mi memoria no ha podido olvidar.</p>
<p>Con cada paso precipitado, se me inyectaba un descontrol en mis esfínteres que desentrañaron una sensación de pesadez en mis calzoncillos. Al llegar al “trono” y desabrocharme el pantalón no fue sino bajarlo para que en instantes las impecables paredes se convirtieran en el lienzo de una obra abstracta.</p>
<p>Fueron varios minutos los que tuve que invertir para borrar las pruebas del crimen, sin embargo al regresar al salón, el ambiente comenzó a adoptar un aire “pesado”, sólo fue detectar una marca de barro en la suela de uno de mis compañeros para desviar la atención, pero la estrategia funcionó momentáneamente, porque al regreso del supuesto culpable, el olor persistía y con mayor intensidad. Una mancha verdosa en mi camisa fue la pista para que tanto docentes como estudiantes me pillaran. Al sentirme descubierto no quedó más remedio que pedir permiso para abandonar las instalaciones y partir a casa de una tía que quedaba a unas cuantas manzanas de allí. En el trayecto, veo salir la buseta indicada que me llevaría a mi dulce hogar, al otro lado de la ciudad. Así que para salir rápidamente de esta cagada, abordé el bus y me senté en el último puesto. Sólo fue cuestión de minutos para que el conductor sintiera en el ambiente un olor que no coincidía con sus rutinarios recorridos. Lo que hizo que parqueara por unos instantes el vehículo y se bajara a tomar una gaseosa para darse un respiro. Después de unos quince minutos el motorista se incorporó de nuevo al timón para continuar el camino, y fue después de ese episodio cuando el olor se mezcló con el sopor de la tarde y el sudor de los pasajeros, lo que ocasionó que pasara desapercibido, pero para desgracia del conductor, fui el primero en subirme y el último en bajarme.</p>
<p>Afortunadamente el percance ocurrió un viernes, situación que ayudó para que el fin de semana les hiciera olvidar a mis compañeros semejante hecho tan bochornoso para mí. A ninguno se le ocurrió volver a tocar el tema, nunca supe si fue por no hacerme sentir mal o realmente fue un caso de Alzheimer colectivo. Lo único que puedo asegurar es que mis habilidades histriónicas para imitar a los profesores opacaron por completo ese lunar en mi recorrido estudiantil, hecho que quedó en el olvido y al parecer sólo vive en mi memoria como un parásito que se le alimenta de mis recuerdos.</p>
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		<title>El árbitro que expulsó a Pelé</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:37:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Salcedo Ramos</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>

		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>

		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>

		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

		<category><![CDATA[Brasil]]></category>

		<category><![CDATA[El Chato]]></category>

		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>

		<category><![CDATA[Pelé]]></category>

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Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados.
Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2867" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg"><img class="size-medium wp-image-2867" title="columnistainv_home" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg" alt="" width="290" height="189" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Diana Delgado - EL CLAVO</p></div>
<p>Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados.</p>
<p>Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, había sido boxeador.</p>
<p>Velásquez sonríe mientras se mira los dos puños apretados. Luego los voltea para donde yo estoy, como para notificarme que en esos gruesos nudillos, pese a sus 69 años, todavía quedan restos de la potencia telúrica del pasado.</p>
<p>A continuación, aclara que él no se hizo respetar por la fuerza – pues no era invencible &#8212; sino porque tenía un temperamento sanguíneo que se incendiaba ante el mínimo intento de atropello y un amor propio que le impedía soportar humillaciones. Si tuviera que arbitrar otra vez, volvería a sancionar al saboteador y a castigar al tramposo. Y, sobre todo, no ofrecería la otra mejilla para que el patán le repitiera el golpe, ni pondría el otro ojo para que el cochino le lanzara un segundo escupitajo, ni amonestaría con una simple tarjeta al grosero que le mentara a la madre, sino que se vengaría en el acto de cada agresión.</p>
<p>El chato estima que  la compostura que se les exige a los árbitros es hipócrita y tiene más vínculos con la política que con la ley. Según él, un ser humano que recibe una patada en la yugular y en vez de aparentar cortesía tiene la oportunidad de desquitarse, resulta menos peligroso porque se libera de odios futuros.<br />
“Yo no andaba por las canchas repartiendo coñazos”, explica, “pero cuando había que pegar, pegaba, porque después me iba a matar la angustia de no haber reaccionado como hombre cuando me provocaron. Cuando se tiene un carácter como el mío, responder a las agresiones es una necesidad”.</p>
<p>Le digo a Velásquez que cambiar la justicia por la venganza nos devolvería a la época de las cavernas y añado que si al árbitro le dan un pito y unas tarjetas, es justamente para que no tenga necesidad de utilizar un garrote.</p>
<p>“Así es”, admite El chato, con una rapidez que me indica que no le estoy diciendo nada que él no haya pensado antes. “Pero fíjese usted que a los futbolistas les dan una pelota para que le peguen patadas y quieren pegarnos es a nosotros”.</p>
<p>Vuelvo a la carga con el argumento de que el día que se apruebe la Ley del Talión en las canchas, tendremos más sangre que goles. Y El chato repite la misma frase de hace un momento: “así es”. En seguida, con un movimiento resuelto de las manos, afirma que para evitar ese riesgo hay que pedirles a los futbolistas que reclamen en buenos términos y no con violencia.</p>
<p>&#8211; ¿Y por qué no les pedimos a los árbitros que no les peguen a los jugadores?<br />
&#8211; Bueno, ahí le voy a contestar lo mismo que le contesté a un periodista brasileño, el día que expulsé a Pelé: no es bonito responder a un golpe con otro golpe, pero todavía no he visto la parte del reglamento que diga que los árbitros tenemos que dejarnos pegar.</p>
<p>***</p>
<p>Guillermo Velásquez mostró su vocación de juez desde la adolescencia. Cuando sus padres discutían, lo buscaban a él para que decidiera quién tenía la razón. Cuando sus hermanos peleaban, sólo él lograba reconciliarlos. Muy pronto, su capacidad de discernimiento y su sentido de la justicia fueron célebres en la familia. Primos, tíos y otros parientes menos cercanos apelaban a él, porque confiaban en la ecuanimidad de sus sentencias.<br />
Más tarde, cuando jugaba fútbol en el Colegio Deogracias Cardona, de su natal Pereira, no asistía con sus compañeros de equipo a la charla técnica de los entretiempos, sino que se iba con el árbitro a analizar el reglamento.</p>
<p>Cuando finalmente reemplazó el balón por el silbato, se liberó del destino gris que le esperaba como futbolista y recuperó el respeto que había conocido como consejero familiar. En ese momento descubrió que la satisfacción del que aplica la ley depende más del poder que ostenta que del bienestar que supuestamente le procura al prójimo. Si la cancha es el universo completo y los jugadores son todas las criaturas posibles, entonces el árbitro, que todo lo ve y todo lo juzga, encarna una autoridad más divina que humana, una presencia omnímoda que gobierna las acciones aunque no nos demos cuenta.  Él y sólo él es capaz de detener la carrera del veloz atacante, con un simple movimiento de su mano. Él decide cuándo parar el partido y cuándo reanudarlo, y en ambos casos determina el punto exacto de la tierra en el que hombre y pelota se reencuentran. Ni el que es genio como Maradona ni el que es bravucón como Chilavert tienen licencia para tutearlo: deben dirigirse a él con una cierta reverencia caricaturesca &#8212; manos atrás y cabeza agachada &#8212; y además están obligados a acatarlo por los siglos de los siglos, auncuando valide como gol una pelota que pasó a 15 metros del arco. Como a Dios, al árbitro habría que inventárselo si no existiera. Los jugadores lo necesitan para justificar sus pecados y para que él los ayude a ganar el cielo que ellos solos no alcanzarían jamás de los jamases.</p>
<p>Desde el principio, El Chato disfrutó esa sensación de importancia que, según él, les gusta a casi todos sus colegas aunque no lo reconozcan en público. Por eso ahora, mientras sorbe su café, levanta la voz para decirme que no es ningún delito, como afirman algunas personas, que el árbitro sea protagonista. “¿Cómo no va a ser protagonista el juez que condena al matón o que evita una desgracia?”, se pregunta, alzando aún más el tono y adoptando un cierto aire de orador. “Usted debe saber, como periodista, que el problema no es la fama sino la mala fama”.</p>
<p>Estamos sentados en la cafetería del Parque el Salitre. Nuestros vecinos, muchos de ellos jóvenes que no lo conocen, lo miran con insistencia, y él se regodea en su silla comprobando por enésima vez que no nació para pasar desapercibido.</p>
<p>Estimulado por la atención del público, Velásquez enumera sus méritos en voz alta: fue &#8212; me dice sin ruborizarse &#8212; el árbitro que les abrió las puertas internacionales a sus compañeros colombianos. Participó en la Copa Libertadores entre 1968 y 1982, pitó en cuatro Juegos Olímpicos y fue juez de línea en uno de los partidos más bellos que se hayan disputado jamás, el de Italia contra Alemania en el Mundial del 70.<br />
Después observa que nunca se tomó un trago el día antes de un compromiso, que siempre se entrenó como si cada jornada fuera una final y que cuando se retiró, en diciembre de 1982, era el árbitro que había pitado el mayor número de partidos en los cuales ganaban los equipos chicos. “Y de visitantes”, añade.<br />
“Lo mejor de todo”, dice ahora, “es que puedo jurar ante el país que nunca me torcí. Cuando me equivoqué, me equivoqué de verdad y no me hice el equivocado. Y no solamente por honesto, sino porque siempre me quise mucho a mí mismo. Mi orgullo no me permitía quedar como un chambón”.<br />
Le pregunto si pegarles a los jugadores, como él lo hizo, fue un defecto o una virtud.<br />
El Chato sonríe, me mira con malicia por encima de su pocillo. Calla.<br />
&#8211; Ay, hermano, dejemos eso quieto. No me haga enfermar.<br />
&#8211; Por su sonrisa, parece que no se arrepiente.<br />
&#8211; Mire: yo no me siento feliz de haber tenido un genio como el que tuve. El temperamento me traicionaba y ese fue mi único error.</p>
<p>Después de unos segundos de silencio, en los que parece apenado, encuentra un argumento que le devuelve la seguridad. “¿Sabe una cosa?”, me dice, con el rostro iluminado. “Ser peleador me sirvió para conservar la pureza. Cuando uno quiere imponer siempre su autoridad, ya sea a las buenas o a las malas, no puede darse el lujo de tener rabo de paja”.</p>
<p>Llegado a este punto, El Chato estima pertinente un par de aclaraciones: cuando le pegó a un jugador fue porque, indefectiblemente, éste le había pegado a él primero. Y en todo caso, aquellas fueron calenturas pasajeras que nunca traspasaron los linderos del estadio. Eso sí: insiste en que para no quedar rumiando odios, era absolutamente necesario que le atizara un porrazo al agresor.</p>
<p>Desde 1957, año de su debut en el torneo profesional, aparecieron los problemas. Alberto Castronovo, jugador del Atlético Nacional, aprovechó un embrollo para darle a Velásquez una patada alevosa en la canilla. Velásquez se retorció en el suelo, durante varios minutos. Cuando se repuso del golpe actuó como si no supiera quién le había pegado. De pronto, en un tiro de esquina, vio, nítida, la oportunidad de desquitarse. Calculó que, por el momento, los espectadores estarían pendientes del jugador que iba a cobrar y se colocó en el área, al lado de Castronovo. A continuación, lo conectó con un derechazo en la barbilla. Castronovo rodó por el pasto pero se levantó en seguida, furioso, y se lió a golpes con el árbitro, en medio de la sorpresa del público. Entonces, varios agentes de la policía entraron en acción, dispuestos a retirar al jugador por la fuerza. “No, señores”, les dijo El Chato, autoritario. “¡Háganme el favor y dejan al caballero en la cancha, que no está expulsado!”.</p>
<p>&#8211; ¡Pero cómo que no está expulsado, si vimos cómo le pegó a usted!<br />
&#8211; ¿Y no vieron cómo le pegué yo a él? Si se va Castronovo, me voy yo también. Pero como donde manda árbitro no manda policía, he dispuesto que ni se va él, ni me voy yo.<br />
El Chato guiña un ojo y advierte que la justicia depende más del sentido común de quien la aplica que de simples leyes escritas en un papel. Para  ilustrar su teoría, recuerda la vez que Miguel Ángel Converti, atacante de Millonarios, recibió un pase de espaldas al arco, en un clásico contra el Santa Fe. Desde antes de que Converti tomara la pelota, Velásquez había sancionado fuera de lugar. Pero el jugador, que al parecer no escuchó el silbato, llevó el lance hasta sus últimas consecuencias: durmió el balón con el pecho, lo hizo rebotar sobre su muslo izquierdo y luego se suspendió en el aire &#8212; cabeza hacia abajo y pies hacia arriba &#8212; en una chilena espléndida. El proyectil se clavó en un ángulo imposible de la portería y Converti corrió como loco hacia el banderín de córner, mirando hacia el cielo y zafándose de los compañeros que querían abrazarlo, como si pensara que su virtuosismo lo alejaba de los atletas y lo acercaba a los dioses.<br />
“Si yo hubiera sabido que Converti iba a concluir esa jugada como la concluyó”, dice Velásquez, “no habría pitado el fuera de lugar. Fue la única vez que quise hacerme el equivocado en una cancha y créame que lamento mi acierto como si fuera un error. Es lo que le vengo diciendo: según las normas, yo actué bien, pero no fue justo que yo le robara semejante joya al público. Donde yo valide ese gol, hasta los hinchas del Santa Fe se ponen contentos”.</p>
<p>Le pido a Velásquez que me haga el inventario de los futbolistas a los cuales golpeó y me responde, aparentemente apenado, que “eso no vale la pena”.<br />
&#8211; ¿Por qué?<br />
&#8211; Hombre, porque no fueron tantos. Pero ya que insiste en este punto, diga que una vez le hinché el ojo a Orlando Herrera, del Tolima, porque se propasó conmigo en un reclamo. ¿Y sabe qué pasó en el partido siguiente que me tocó arbitrarle en Ibagué? Que el tipo fue a buscarme a mi camerino y me llevó abrazado hasta la mitad de la cancha. ¿No le parece bonito? Si no me reconocieran sentido de la justicia, no me perdonarían. Yo habré sido brutal, pero soy más humano que muchos de los que se creen mansas palomas, porque pegué puños pero no maté a nadie con el pito.</p>
<p>***</p>
<p>El Chato, que no cesa de ufanarse de su ecuanimidad, señala que si hoy fuera otra vez el miércoles 17 de julio de 1968, volvería a expulsar a Pelé.<br />
Ese día, El Santos de Brasil, considerado el mejor equipo del mundo, enfrentaba en un partido amistoso a la selección Colombia que participaría en los Juegos Olímpicos de México.<br />
Muy temprano, Velásquez validó un gol de Colombia en aparente fuera de lugar. Los brasileños se pusieron histéricos y cercaron al árbitro. Uno de ellos, de apellido Lima, fue expulsado. Como se negaba a abandonar la cancha, fue sacado por la Policía. Cuando iba por la pista atlética se les soltó a los agentes, se devolvió al terreno de juego y le asestó una patada a Velásquez. Éste le respondió con un leñazo en el estómago, que generó un amago de gresca.<br />
El partido continuó con muchas tensiones hasta el minuto 35 del primer tiempo, cuando Pelé vio la tarjeta roja por reclamar, de mala manera, un supuesto penal en su contra. En principio lució desconcertado, pero no tardó en aceptar el fallo. Entonces emprendió el retiro de la cancha con un gesto irónico y desafiante, como un monarca que se mofara de la orden de destierro impuesta por su vasallo. “Ese tipo está loco”, repetía Pelé, una y otra vez, ante el cronista de El Espectador que lo esperó en la pista atlética.<br />
En ese momento, los jugadores del Santos rodearon al árbitro. “De 28 personas que tenía la delegación brasileña”, recuerda El Chato, “me agredieron 25. Los únicos que no me pegaron fueron el médico, el periodista y Pelé”.<br />
Velásquez se sintió empequeñecido, arruinado, cuando los 60 mil espectadores del estadio El Campín comenzaron a maldecirlo a gritos y a pedir el regreso de Pelé. Después, cuando los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol decidieron que volviera el futbolista y se fuera el árbitro – un hecho único en los anales del deporte – se acordó del refrán según el cual la justicia en nuestro país “es para los de ruana” y hasta agradeció que a Pelé no se le hubiera ocurrido asaltar un banco,  “porque con seguridad aquí todavía lo estuviéramos aplaudiendo”.</p>
<p>Adolorido más por la humillación pública que por los golpes recibidos, El Chato demandó penalmente a la delegación brasileña. Lo hizo por recomendación de Lisandro Martínez Zúñiga, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, que esa misma noche lo visitó en el camerino para ofrecerle sus servicios como abogado.<br />
Los jugadores de El Santos permanecieron en Colombia casi dos días más de lo previsto, retenidos en una comisaría, y al final tuvieron que pagarle a Velásquez 18 mil pesos y ofrecerle excusas por escrito, para poder viajar a su país.<br />
Años después, ya retirado del fútbol, Velásquez buscó la manera de encontrarse con Pelé. Entendía, como siempre, que más allá de las leyes escritas necesitaba un acercamiento humano para quedar a paz y salvo con su conciencia. El rey lo atendió en Miami y hasta lo invitó a almorzar.<br />
Ahora le pregunto a El Chato qué habría sucedido si Pelé le hubiera pegado cuando él lo expulsó, y me pide, muy serio, que por favor no le haga una pregunta tan perversa. “Mire que me voy es a enfermar”, añade.<br />
&#8211; Es sólo una suposición, no más que una suposición.<br />
&#8211; Bueno, en ese caso, permítame responderle con una pregunta. ¿Usted qué cree que hubiera pasado?</p>
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