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	<title>El Clavo &#187; Columnista Invitado</title>
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		<title>El Clavo &#187; Columnista Invitado</title>
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		<title>Jersey shoreame</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 20:47:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Llano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 59]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando no tengo nada qué hacer me gusta sentirme estúpido y pasar por los canales de cable como si se fuera a acabar el mundo. Hace rato vengo siguiendo por puro morbo un reality por capítulos que pasa MTV, que ya de música más bien poco. El nombre es Jersey Shore: si no lo han [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-20394" href="http://www.elclavo.com/impreso/jersey-shoreame/attachment/eduardo-llano-7/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-20394" title="Eduardo Llano" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/07/Eduardo-Llano-150x150.png" alt="" width="150" height="150" /></a>Cuando no tengo nada qué hacer me gusta sentirme estúpido y pasar por los canales de cable como si se fuera a acabar el mundo.</p>
<p>Hace rato vengo siguiendo por puro morbo un reality por capítulos que pasa MTV, que ya de música más bien poco.  El nombre es Jersey Shore: si no lo han visto les cuento que se trata de un juego donde meten a unos italoamericanos, hombres y mujeres, en una casa, darles todo el trago y la comida que quieran y simplemente ver cómo se destruyen unos a otros hasta que alguno o alguna no se soporta más y decide irse de la casa.</p>
<p>Es un método innovador, no hay concurso, no hay votaciones, sólo el juicio del grupo, y pues si no soportas la presión de ser excluido, maltratado y humillado por los otros participantes, entonces debes tirar la toalla e irte.</p>
<p>Admito que lo veo porque me parece una pieza magistral de entretenimiento barato. Nos pone el drama humano de adultos jóvenes gringos que quieren ser aceptados por el pequeño grupo dejando de lado sus vidas reales y, literalmente, luchan por no verse destruidos ante las cámaras.</p>
<p>Hace unos días viendo la serie tuve una reflexión al respecto, seguimos asistiendo al desmadre del circo romano pero ahora en formato ‘guisofashion’, ya no hay leones pero si otras fieras y nos encanta ver como unos destrozan a los otros y otras frente a las cámaras.</p>
<p>Estos personajes son la prueba de lo mal que está el sistema educativo americano, los pocos valores que esos jóvenes criados en medio del discurso terrorista tienen, lo poco que saben sobre el mundo en general y, sin duda, nos demuestran que la ignorancia es atrevida y genera morbo y el morbo genera  audiencia y la audiencia dinero.</p>
<p>Ante estos gladiadores italianos e italianas wannabe, entiendo que no es sólo la juventud colombiana la que tiene problemas, la que no fue educada, la que le da lo mismo todo, la que prefiere el dinero a los valores.  Es una crisis mundial.</p>
<p>Después de todo mientras en Colombia teníamos a Uribe ellos en USA tenían a Bush, mientras aquí invertimos los recursos de la salud y la educación en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla, allá invirtieron esos mismos recursos en la guerra contra el terrorismo. Mientras aquí los niños pequeños son educados por Jotamario y alguna superbitch de turno, allá son los Jersey Shore  los que marcan la pauta, los que enseñan, los que sirven de referente.</p>
<p>El mundo está cada vez peor, no hay duda, no sé si me va a gustar envejecer para quedar en manos de un poco de ineptos, para sufrir porque el médico no me quiere curar si no hacerme pagar más plata y mantenerme enfermo para que el dinero siga saliendo de mis bolsillos y llegando a los de él.</p>
<p>Sin duda, el primer mundo también está en problemas, y asistimos a nuestro propio desmadre, con felicidad, con aceptación, con júbilo, casi como cristianos ante las fieras.  Por eso sálvese quien pueda, y que cada quien vea lo que quiera ver.</p>
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		<title>La crisis de los 25</title>
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		<pubDate>Tue, 17 May 2011 15:35:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 58]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Guevara]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando tenía 20 años tuve una novia que tenía 25. En ese momento pude ver que las mujeres al llegar o acercarse a esa edad sufren una situación que denominé &#8220;La crisis de los 25&#8243;, y durante estos años he hablado cientos de veces sobre esa teoría en la que la mujer al llegar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-18975" href="http://www.elclavo.com/impreso/la-crisis-de-los-25/attachment/felipe-guevara-4/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-18975" title="Felipe Guevara" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/05/Felipe-Guevara-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Cuando tenía 20 años tuve una novia que tenía 25. En ese momento pude ver que las mujeres al llegar o acercarse a esa edad sufren una situación que denominé &#8220;La crisis de los 25&#8243;, y durante estos años he hablado cientos de veces sobre esa teoría en la que la mujer al llegar a esa edad empieza a hacer memoria de lo que hizo o dejó de hacer. También es un momento en el que ellas sacan una calculadora y empiezan a sumar y restar desesperadamente para determinar cuáles deben ser sus pasos en los próximos cinco años antes de cumplir los temidos 30.</p>
<p>Los cálculos de la crisis de los 25 en las mujeres son más o menos así:</p>
<p><em> Tengo 25 años, a los 30 quiero tener mi primer hijo, así que tengo que casarme a los 27 para alcanzar a estar unos 3 años de casada sin hijos y poder disfrutar con mi esposo. Si me voy a casar a los 27 y tengo 25 años… </em>Las que no tienen novio dicen: <em>Tengo que estar conociendo al hombre de mi vida ya mismo para que duremos unos 2 años de novios antes de casarnos…</em> Por el contrario las que sí, ahí es cuando lo echan si uno NO es prospecto de marido.</p>
<p>Y las mujeres se ponen histéricas cuando les comparto mi teoría; lo que ellas no saben es que les llegó el momento de la revancha, de la reivindicación… Yo venía sintiendo desde hace un par de meses una ligera desubicación en el mundo con síntomas parecidos a los de la ya explicada crisis femenina a sus 25 años. Empecé a pensar en las oportunidades que no aproveché, las fiestas a las que no fui, las mujeres que rechacé… y el problema con nosotros los hombres es que no exteriorizamos ese tipo de pensamientos, y mucho menos los compartimos con otros hombres.</p>
<p>Pero cuando la cosa está mal, está mal, y uno no pasa por los 25 años sin rayarse el coco y pegarse una que otra deprimida; fue entonces cuando con la ayuda de unas cuantas cervezas, tres de mis amigos y yo empezamos a escupir todas esta vaina llena de pensamientos, aburrimiento, decepción, arrepentimiento y frases como s<em>oy un pendejo</em>, que sólo se pueden traducir en un compactado concepto llamado: la crisis de los 25. Y sí; sí nos pega, sí nos llega, sí nos jode.</p>
<p>Hay que aclarar diferencias de fondo y forma que tiene esta crisis entre los hombres y las mujeres. A los hombres NO nos entra ningún afán por casarnos, mucho menos por tener hijos y NO lloramos. Nuestra crisis va más encaminada a hacer lo que no se ha hecho. Los que no hicieron deporte empezarán a hacerlo; los que no parrandearon empezarán a hacerlo; los que no se acostaron con toda la universidad lo intentarán con toda la empresa.</p>
<p>¿Hay que preocuparse por la crisis de los 25? No, no hay que preocuparse porque precisamente es eso, una crisis, un momento de pendejada colectiva por el susto de haber estado en esta tierra 1/4 de siglo. Por lo pronto deje de hacerse el machote y vaya cuéntele a su mejor amigo cómo se siente. Exteriorizar sirve. Nos vemos en 5 años con la crisis de los 30.</p>
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		<title>Toca ser buena gente</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Mar 2011 22:12:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Felipe Tenorio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 57]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>

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		<description><![CDATA[Si quiere vivir una experiencia extrema le sugiero volver a la universidad apenas cumpla los 40 años, a pregrado, con compañeros que podrían ser sus hijos, sumergiéndose en la brecha generacional por el lado hondo. Vengo de ser “don Luis Felipe”. Ya es lugar común que Colombia es un país de doctores y eso no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-17332" href="http://www.elclavo.com/impreso/toca-ser-buena-gente/attachment/luis-felipe-tenorio/"><img class="alignleft size-medium wp-image-17332" title="luis felipe tenorio" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/03/luis-felipe-tenorio-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>Si quiere vivir una experiencia extrema le sugiero volver a la universidad apenas cumpla los 40 años, a pregrado, con compañeros que podrían ser sus hijos, sumergiéndose en la brecha generacional por el lado hondo.</p>
<p>Vengo de ser “don Luis Felipe”. Ya es lugar común que Colombia es un país de doctores y eso no importa. Yo creí eso hasta el 20 de julio de 2010; el 21 empecé en la facultad de derecho de la Pontificia Universidad Javeriana Cali.</p>
<p>En mi oficina solía invitar a mi interlocutor a no llamarme doctor y tranquilizarlo magnánimo, encaramado en la autoridad de mi cargo. ¿Ha oído eso de “<em>nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde</em>?” Pruebe a decir que el tratamiento formal no sirve estando con muchachos que deciden si le quieren hablar mientras se familiarizan con su extraña presencia, en un entorno que les pertenece y donde usted apenas está invitado así pague matrícula. Y ni siquiera miran con curiosidad: uno es un prescindible dato que no cuadra.</p>
<p>¿Quiere una experiencia intensa? Viva día tras día entre muchachos que usted apenas entiende analizando si le dan su aprobación. Su hoja de vida no significa nada, todo se reduce a <em>“¿Es buena gente?”</em> evaluado de la manera más sincera, elemental y drástica y si la respuesta es “<em>no</em>” un día, sin importar cuántos días haya sido “<em>sí</em>”, es veredicto inapelable y su posición será insostenible.</p>
<p>Los profesores les dicen a los muchachos que su responsabilidad es estudiar; en su experiencia el estudiante está para oírlo y cuando él fue a la universidad el mundo quedaba al otro lado de la puerta donde empezada la charla. Esa también fue mi universidad. Los docentes siguen hablando así pero el aula ya no es cemento y ladrillo: los estudiantes sacan iPad, iPhone, Blackberry, portátiles con Facebook, Twitter que les traen el mundo a donde estén. Yo tengo un blog sobre este proyecto de vida con 200 visitas diarias y mis contemporáneos me felicitan. Un joven puede arrancar uno sobre peleas virtuales en una discoteca de reggaeton y recibe 600 visitas el primer día por su dominio del cybermundo, donde prácticamente nace cedulado.</p>
<p>Los de una generación anterior entendemos eso racionalmente, pero sólo viviendo con ellos uno se aproxima a experimentar el “mundo virtual”: su forma de explorar ya no el planeta sino el universo pasa por conceptos y destrezas que la generación de los libros no replicará jamás, Steve Jobs incluido. ¿Quiere una experiencia extrema? Intenté aceptar que un ser humano puede concentrarse teniendo abiertas siete ventanas en su pantalla, arrastra la información que necesita a word, maneja intuitivamente un software a la primera aunque no su contenido, diagrama fotos, todo mientras oye música de mP3 y comenta por el manos libres la fiesta del fin de semana. Y saca una nota mejor que la suya.</p>
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		<title>Todos sueñan con quedar en Wikipedia</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Jan 2011 19:29:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Vivas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
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		<category><![CDATA[Edición 56]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>
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		<description><![CDATA[Hello world!&#8230;Resulta que puedes tener talento, resulta que junto a los cinco pelagatos de tus mejores amigos te has unido para formar una banda de rock, electro pop, indie o punk. Resulta que deseas salir del garaje, ya te comes algunas mal llamadas groupies, tocas en bares, tienes muchos amigos en Facebook, añoras que te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_16298" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><a rel="attachment wp-att-16298" href="http://www.elclavo.com/impreso/todos-suenan-quedar-en-wikipedia/attachment/foto-daniel-vivas/"><img class="size-medium wp-image-16298" title="Foto Daniel Vivas" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/02/Foto-Daniel-Vivas1-250x270.jpg" alt="" width="250" height="270" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Jorge Armando Mesías A.K.A &quot;El Malo&quot;</p></div>
<p><em>Hello world</em>!&#8230;Resulta que puedes tener talento, resulta que junto a los cinco pelagatos de tus mejores amigos te has unido para formar una banda de <em>rock</em>, <em>electro pop</em>, <em>indie</em> o <em>punk</em>. Resulta que deseas salir del garaje, ya te comes algunas mal llamadas <em>groupies</em>, tocas en bares, tienes muchos amigos en <em>Facebook,</em> añoras que te patrocine <em>Adidas Originals</em>, quieres ser un <em>rockstar</em>….</p>
<p><em>Hello world</em>!&#8230; Resulta que te gusta escribir, tiene un blog donde criticas todo lo que odias, algunos pelmazos te toman en serio, alguna que otra <em>freak</em> te busca y te da besos, has generado un poquito de polémica en tus pequeños e insípidos círculos sociales (que crees grandes y masivos) y te preguntas por qué no escribes en un medio de difusión nacional; ya <em>Twitter</em> te parece pequeño, quieres reconocimiento, estás convencido que tus palabras valen, que puedes escribir un libro, quieres la fama, quieres ser un <em>rockstar</em>…</p>
<p><em>Hello world</em>!&#8230; Resulta que estudiaste diseño, artes plásticas o simplemente el dibujo se te dio. Haces retratos una cosa loca, pintas o ilustras como los dioses, la gente te paga por ello, empiezas a exponer en galerías, te llamas a ti mismo “artista”, te tatúas para amoldarte a un estilo de vida, quieres llegar a la cima, quieres que te alaben, quieres ser un <em>rockstar</em>…</p>
<p><em>Hello world</em>!.. Resulta que a pesar de que hay miles de personas que toman fotos, miles de ingenuos que salen por ahí a joder con una <em>Canon </em>de más de dos millones de pesos<em>, </em>tus imágenes marcan la diferencia, tus modelos son únicas, sueñas con acostarte con mujeres preciosas, con tomar <em>Cristal </em>como Jay-Z, andar en carros que pocos tienen y mantener drogado en muchas fiestas, quieres ser un <em>rockstar</em>…</p>
<p>Desde hace varios años, analizando las tendencias juveniles actuales, me empecé a preguntar, que en un mundo donde todos toman fotos, escriben, son artistas, ¿qué bases tienes para resaltar?&#8230; Resulta que las matemáticas no se me dieron, no pude con la administración menos con alguna ingeniería, y de puro vagazo, metiéndome el cuento que soy creativo, estudié comunicación tratando de explotarme alguna cualidad. Al final me fui por la escritura, con la que menos plata se consigue y en la que medio podía hacer algo decente, porque realmente ya me da pereza lo audiovisual (editar, manejo de cámaras) y no soy bueno para todo lo que mencioné anteriormente. Pero me encontré que cómo yo, hay miles de tipos y tipejas que buscan un reconocimiento, quieren que las gente les alabe sus creaciones, quieren que les paguen, quieren venderse.</p>
<p>Al principio los odié, los menosprecié, los ignoré. Con el tiempo entendí que muchos tenemos un sueño, muchos estamos influenciados por un mundo donde la publicidad, el cine y la televisión te imponen como dogmas el sexo, el licor, las marcas, la fiesta…pero lo triste es que tal vez la mayoría nunca trascenderemos de nuestro medio, red social, universidad, ciudad, o país.</p>
<p>Todos sueñan con quedar en <em>Wikipedia</em> pero de la forma correcta, no porque tus mejores amigos te escriban una reseña, sino porque realmente hiciste algo que valga la pena. Así que desde hace algunos años dejé de pensar y analizar tanto las cosas, empecé a apoyar todo lo que me mostraban que valiera la pena, empecé a dejarme llevar, empecé a tratar de inventarme algo sin afán, empecé a dejar las envidias y tan sólo me propuse a pensar que querer ser una marca, un producto, algo rentable y vendible, no debe avergonzarte.</p>
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		<title>Los servidores olímpicos</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 18:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Valencia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 48]]></category>
		<category><![CDATA[check in]]></category>
		<category><![CDATA[olimpicos]]></category>
		<category><![CDATA[servicio al cliente]]></category>
		<category><![CDATA[servidores]]></category>
		<category><![CDATA[viaje]]></category>

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		<description><![CDATA[La última vez que viajé de Cali a Bogotá casi me deja el avión. Sucedió hace tres semanas. Llegué 45 minutos antes de tiempo para hacer el check-in y, para mi sorpresa, en la fila no había casi nadie. Solamente seis personas estaban delante mío. De un momento a otro un personaje con la fisionomía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La última vez que viajé de Cali a Bogotá casi me deja el avión. Sucedió hace tres semanas. Llegué 45 minutos antes de tiempo para hacer el <em>check-in</em> y, para mi sorpresa, en la fila no había casi nadie. Solamente seis personas estaban delante mío. De un momento a otro un personaje con la fisionomía de Topo Gigio (bajito, panzón, con bigote y sospechosamente tierno) empezó a llamar a sus amigotes:</p>
<p>- ¡Henry, venga que aquí le estoy guardando el puestico!<br />
- ¡Don Élber, apúrese para que no le toque hacer toda la cola!</p>
<p>Entonces varios personajes que respondían a nombres como Nelson, William y Marlon fueron llegando, uno por uno, directamente al comienzo de la fila, vestidos con pantalones de paño y camisetas (si, camisetas, blancas y de algodón) que decían “XV Olimpiadas de Servidores Públicos”. Ahí lo entendí todo: ahora resultaba que los que trabajan en Emsirva, Indervalle y la Secretaría de Turismo, ya no eran empleados sino servidores por cuenta de unos juegos deportivos. Y ese pequeño detalle semántico, a no ser de que se tratara de la delegación de ping-pong, caracterizada por sus pésimos servicios sobre la mesa, me hizo intuir que tendría que esperar más tiempo de lo normal.</p>
<p>Como si estuviera sacando una contraseña en la Registraduría, veía cómo varias personas se saltaban su turno por el afán de viajar. Muchos llegaron con varias bolas de bolos dentro de sus maletas, y al ver que la báscula marcaba más de 20 kilos, siguieron con sus triquiñuelas:</p>
<p>-¡Milton! Usted que no lleva casi nada en su equipaje, coja esta bola y métala como si fuera suya.<br />
-¡Émerson! ¿Cuánto marcó su maleta? Lléveme estos zapatos que me va a tocar pagar sobrecupo…</p>
<p>Ante la mirada atónita de los que esperábamos pacientemente como si fuéramos a hacer un reclamo por la factura de acueducto, todos los funcionarios empezaron a sacar sus implementos deportivos para meterlos en otras maletas, con la habilidad del que sabe qué es lo que hay que hacer para evitar los rigores de cualquier trámite.<br />
Entonces me puse a imaginar cómo sería el desempeño de nuestra gloriosa delegación de servidores públicos en aquellas olimpiadas: supuse que los oficinistas de la Industria de Licores del Valle no tendrían problemas en colgarse la medalla de oro en tiro al Blanco, dada su incompetencia en el mercado nacional de los aguardientes; me imaginé a los funcionarios del Batallón de Alta Montaña No. 3 asegurando el primer lugar en la categoría ciclística de persecución por equipos, siempre y cuando disputaran la final con el equipo de la DIJÍN; y al menos dos deportistas del Concejo de Cali tendrían que estar en el podio de las carreras de relevos, ya que sus habilidades para cambiar puestos y manipular los testigos a conveniencia son bastante conocidos.</p>
<p>No había duda. Nuestra fuerte delegación iba a ser protagonista en la parte alta de la tabla, todos tenían un semblante ganador y, lo más importante, Juan Carlos no los había salado con alguna campaña mediática que ridiculizara ante el país. Y eso, sumado a su irresistible malicia burocrática, es suficiente para ganarle a cualquiera en tramposa lid.<br />
Cuando por fin terminaron de colarse todos los empleados públicos me calmé. Hice el <em>check-in</em>, fui al muelle nacional y entré al avión. Cuando estaba sentándome oí cómo la azafata llamaba por altoparlante a un tal Aldemar. Al mirar quién era me sentí realizado: se trataba del personaje con fisonomía de Topo Gigio (bajito, panzón, con bigotes y sospechosamente tierno), el mismo que había colado a todos sus amigotes, y a quien hicieron devolver para revisarle su equipaje minuciosamente. Lo bajaron del avión por mula (o por burro, por haber llamado tanto la atención jodiendo la vida con las bolas de bolos, en vez de llevarlas como equipaje de mano). Y lo dejaron allá. La justicia divina sí existe.</p>
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		<title>¿Para qué ortografía?</title>
		<link>http://www.elclavo.com/impreso/para-ortografia/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 21:15:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lisandro Penagos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 47]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>
		<category><![CDATA[cien años de soledad]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[español]]></category>
		<category><![CDATA[fernando vallejo]]></category>
		<category><![CDATA[gabo]]></category>
		<category><![CDATA[garcía márquez]]></category>
		<category><![CDATA[julio cortazar]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Supongamos que acogemos la propuesta hecha por García Márquez hace unos años y no nos importa la ortografía. Y escribimos cien y soledad con zeta y le quitamos la virgulilla a la eñe de años. La obra cumbre de Gabo se leería entonces: Zien anos de Zoledad. El hijo de Aracataca es un genio, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" rel="attachment wp-att-7843" href="http://www.elclavo.com/impreso/para-ortografia/attachment/lisandro-penagos/"><img class="alignleft size-medium wp-image-7843" title="Lisandro Penagos" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/09/Lisandro-Penagos-250x187.jpg" alt="" width="250" height="187" /></a>Supongamos que acogemos la propuesta hecha por <strong>García Márquez</strong> hace unos años y no nos importa la ortografía. Y escribimos cien y soledad con zeta y le quitamos la virgulilla a la eñe de años. La obra cumbre de Gabo se leería entonces: <em>Zien anos de Zoledad</em>. El hijo de Aracataca es un genio, pero no un dios y su condición —terrena y mortal— quedó demostrada cuando propuso semejante majadería. La supresión de los acentos, un distinto uso para la zeta y la ce, para la ge y la jota, la desaparición de la uve y de la hache y el exterminio de la cu y la ce. Eso es tan grave como escribir chulo o cachorro sin hache o considerar que los escritores son expertos lingüistas. Fernando Vallejo —que hace bien las dos cosas y mal muchas otras—, se dio a la tarea de analizar las obras cumbres de la literatura Latinoamericana y descubrió gazapos inconfesables. Su texto <em>Logoi: una gramática del lenguaje literario</em> es un tratado sobre retórica y literatura, donde define esta última como el reino de lo recibido y el vasto dominio de la fórmula, del lugar común y del cliché.</p>
<p><strong>Julio Cortázar</strong> —otro genio— aseguró que la coma es la puerta giratoria del pensamiento. Un ejemplo: <em>Hijo, muerto está, tarde llegamos.</em> Quitamos una coma: <em>Hijo muerto, esta tarde llegamos</em>. ¿Será que una tilde y una coma no sirven de nada? ¡El finado es diferente! <em>Esta otra belleza: Si el hombre supiera el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda</em>. Si la coma se corre dos palabras, se lee: Si el hombre supiera el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda. El prestigio del lenguaje pareciera ser contrario al de la escritura. Se habla mal y se escribe mal y aún así habita la idea de que hablamos el mejor español del planeta. ¡Lo dijo en su reciente visita el príncipe de Asturias! No ha de saber que el español cuenta con 70.000 términos. Un colombiano promedio maneja 1.000 palabras, un profesional bueno unas 3.000 y un PHD —que no es un HP— unas 3.000. ¿Qué de dónde saqué el dato? Del mismo lugar que dice que en cada eyaculación se nos van 800.000 millones de espermatozoides y no hay que saber nada de ortografía.</p>
<p>No es lo mismo habito que habitó o hábito. Ni revólver que revolver. Ni púlpito que pulpito. Ni inglés que ingles. Ni presidio que presidió. Ni lícito que licito. Ni gatito que gatillo. Ni ¡cómo no!, que no como. Y si prescindimos de la virgulilla de la eñe que se embolata en los teclados, pues no habría español, ni dueña, ni cariño, ni maña, ni ñañas, ni las piñas para las niñas. Pero es menester reconocer que <strong>Vallejo</strong> —el escritor, el confeso bisexual porque le gustan los sardinos y los pelaos— tiene la razón: <em>la más penosa verdad para un gramático es que el lenguaje humano con su móvil ambigüedad escapa a todo sistema y la única forma de apresarlo es las más humilde, la enumeración exhaustiva de los diccionarios.</em></p>
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		<title>Cuatro Fanáticos del Futbol</title>
		<link>http://www.elclavo.com/articulos/opinion/cuatro-fanaticos-del-futbol/</link>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 20:01:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Silva Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 46]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[columnista]]></category>
		<category><![CDATA[fanático]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[invitado]]></category>

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		<description><![CDATA[1. Mi amigo B., que nació en el mismo edificio en el que viví toda mi vida, que fue tantas veces mi compañero de partidos imaginarios, es hincha del Bayern de Munich (no del Real Madrid ni del Arsenal ni de Boca, no: del Bayern de Munich)porque le regalaron la camiseta roja del equipo bávaro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1.	Mi amigo B., que nació en el mismo edificio en el que viví toda mi vida, que fue tantas veces mi compañero de partidos imaginarios, es hincha del <strong>Bayern de Munich</strong> (no del <strong>Real Madrid</strong> ni del <strong>Arsenal</strong> ni de <strong>Boca</strong>, no: del Bayern de Munich)<span id="more-6631"></span>porque le regalaron la camiseta roja del equipo bávaro cuando tenía apenas cinco años. Seguía las transmisiones de la Bundesliga narradas por el barranquillero Andrés Salcedo: o sea que era fiel seguidor de <em>“Migajita”</em> Littbarski, de <em>“El Poroto”</em> Hässler y de <em>“Mateíto”</em> Matthaus. Sin embargo, no me pregunten por qué, pero quizás tenga que ver con el hecho incuestionable de que era un gran jugador, su favorito entre todos era el goleador <em>“Caperucita roja”</em> Karl Heinz Rummenigge. Sí, se pedía a Rummenigge en los juegos. Usaba el número once del Bayern en la zona verde del edificio. Se tomaba como algo personal que la gente se burlara de los rulos del delantero. En la final del mundial del 86, Argentina vs. Alemania, fingió que le gustaba que los latinoamericanos ganaran la copa hasta que Rummenigge hizo los dos goles que pusieron el marcador 2 a 2. Y entonces, todo se vino abajo. Dijo en voz muy alta: <em>“ahora sí van a dejar callados a esos argentinos de mierda”</em>. Y le costó semanas que su hermano, que iba por el equipo contrario, le volviera a hablar.</p>
<p>2.	La Selección Colombia jugó un partido de preparación contra la titular de Millonarios a mediados de los ochenta. M., que era el líder del fútbol en mi curso del colegio, descubrió, a los 15 minutos del encuentro, que iba por el club bogotano. Sólo se atrevió a confesármelo a mí. <em>“Es que Millonarios es mi equipo”</em>, me dijo encogiéndose de hombros. <em>“No deberían hacer estos partidos”</em>.</p>
<p>3.	A., mi compañero de curso desde los 5 hasta los 18 años, se hizo amigo de un tipo a pesar de que era hincha del <strong>América</strong>. Le gustaba oírle las anécdotas violentas de las barras bravas del cuadro rojo de Cali. Le fascinaba que le volviera a contar los cuentos de veterano de guerra que había recopilado con el paso de los partidos. Le celebraba todos los chistes, aunque que fueran chistes negros. No dejó de verlo cuando le oyó decir que una vez le habían hecho brujería a los del <strong>Deportivo Cali</strong>, ni mucho menos cuando se enteró de que algunos de sus compañeros de tribuna usaban papel higiénico con el escudo de los equipos contrarios. No le importó ni cinco cuando se enteró de que de vez en cuando le lanzaban pilas a los jugadores del otro equipo. Pero se alejó poco a poco de él, lo empezó a ver quincenal, mensual, semestralmente, desde el día en que lo vio asustado porque <em>“es que ‘El Flaco’ apuñaló a un man a la salida del estadio”</em>.</p>
<p>4.	Un verdadero fanático tiene algún día el siguiente pensamiento: <em>“podría pasarme el resto de la vida sólo viendo partidos de fútbol”</em>. A S., que tiene todos los álbumes de los mundiales desde 1978, que se repite juegos claves de la copa de 1982 de vez en cuando, que no se pierde ningún documental sobre la historia de los mundiales, que lee cada mañana el Bestiario del balón, que tiene el himno de <strong>Millonarios</strong> grabado en un casete, que siempre está buscando amigos que quieran repetirse con él Fuga a la victoria, que no tiene con quién hablar de Manny, el líbero, que siente que el corazón se le acelera cuando un partido se alarga, que tiene que cerrar los ojos cuando un juego se define por penaltis, que todavía cree que una de las grandes influencias de su vida fue el programa de radio La barra de las trece, se le pasó por la cabeza esa idea (<em>“el fútbol podría ser todo para mí”</em>) durante la Eurocopa del año pasado.</p>
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		<title>El nuevo lenguaje de los P3L4DO5</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2009 15:37:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Caro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 45]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[P3L4DO5]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada generación de jóvenes busca adueñarse de un pedacito de historia a través de diversas expresiones, por eso recurren al modo de vestir, al corte de pelo, a la música o al modo de hablar para lograr su cometido, y como el engargolamiento con algo es espontáneo, a mí me traman y me tienen engomado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada generación de jóvenes busca adueñarse de un pedacito de historia a través de diversas expresiones, por eso recurren al modo de vestir, al corte de pelo, a la música o al modo de hablar para lograr su cometido, y como el <em>engargolamiento</em> con algo es espontáneo, a mí me traman y me tienen <em>engomado</em> desde hace 15 años las jergas juveniles.<span id="more-5127"></span></p>
<p><img class="size-full wp-image-5354 alignleft" title="dsc05425" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/06/dsc05425.jpg" alt="dsc05425" width="125" height="142" />Me parece RB que nuestro idioma se deje preñar de los insumos vitales que cada generación le eyacule como grafiti de baño escolar, y avance sin sonrojarse para cumplir su deliciosa misión: ayudar a la gente a comunicarse.<br />
Bacano, o BKNO, palabra sesentera que huele a <em>chauma</em>, la podemos encontrar en la página 268 del diccionario de la RAE en la edición de 2001 como colombianismo que significa: estupendo, y hace treinta años era una grosería, algo que pertenecía, según los adultos de esa época, al lenguaje de la gente de la calle, a los <em>“marihuaneros de las esquinas”</em>. Actualmente Bacano es utilizada repetidamente hasta en campañas publicitarias.</p>
<p>MK o marica, que no es nueva pero ha sido resignificada y es un icono de los tecnocastellanoanglogomelos, y que alguna vez utilizó nuestro presidente en una conversación con un funcionario de su gobierno que presuntamente había realizado algo indebido, y a quien le dijo muy enojado: <em>“Le rompo la cara marica”</em>, es otro buen ejemplo de la flexibilidad de los términos y las diversas posibilidades que ofrecen los nuevos códigos o símbolos, además que con el tiempo y su uso, llegan a formar parte del texto que regenta nuestro idioma, o sea MK5, el diccionario de la RAE.</p>
<p>Lo interesante es que cada vez hay nuevos códigos, nacidos de la más elaborada alquimia, es decir, que mezclan idiomas, números, letras, símbolos… y todo lo que le quepa a un celular o a un computador, están siendo elaborados por personas cada vez más jóvenes y ya es natural que un joven de 15 años no comprenda lo que escribe uno de 12.</p>
<p>Para dar un adelanto del nuevo libro que estoy preparando y que muy pronto publicaremos con la complicidad de EL CLAVO y cuyo título será: <em>Jóvenes con tinta en sus voces y sus entrañas. Acercamientos a universos y lenguajes juveniles</em>, cierro esta nota con los siguientes ejemplos que aparecerán en el libro para que nos ayuden a comunicarnos con las nuevas generaciones, además de los respectivos diccionarios: Urbanoparceril, Tecnocastellanoanglogomelo y Ciudarnícola, en sus versiones 2009.</p>
<p>Fragmento de un cuento realizado en un taller de escritura creativa ofrecido por la fundación: Escribir No Muerde, a un grupo de jóvenes entre los 11 y los 13 años.<br />
<em>L@ madr3 d3 35t3 p3rsonaje s3 l0 ll3v@ d3 la f13st@ y 70d0, p3r0 n0 p@s0 mucho 713mp0 y @l 1r5e 3mp13z@ una p3qña p3l3@ 3ntr3 5u5 @m1gos. Lu3g0 70d0 53 50luc10n@  y 73rm1n@n en la 1nspecc1ón…@l 07ro d14 @rmar0n 07r@ “rumb@” y 70d0 3mp13z@ y 73rm1n@ p30r qu3 l@ n0ch3 @n73r10r.<br />
</em><br />
Fragmento de una carta escrita por una joven de 11 años<br />
<em>“Manu ps naa sta notik t la skribu pa’ dzirt lu k stoi zintiendo n stos momntus i ps mira io t ic esz krta pa’ k m dizculparas i volvieramuz  a cr komo las mjures migas d ants pro ahora veo k nu va a cr azi ps too c lo kuentas a alejandra i valentina i a mi ni m tiens n kuenta…”</em><br />
Y como dicen ellos y ellas: <em>“O sea, MK5, no se preocupen por lo que empiecen a decir o a escribir sus primos y hermanitos, si no entienden alguna palabra pregúntenles, por ejemplo, en la época de ustedes entuque o entucar, era tener sexo, para nosotros entuq, es darse un besito tierno. No se olviden, pregunten si no entienden algo, no juzguen sin saber y no se preocupen, esto es una moda que pasará”. </em><br />
Con esto quedamos Bf4e y hasta la próxima 4M1645 Y 4M1605</p>
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		<title>Opinión se escribe sin hache</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2009 21:19:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Valencia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 43]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[columnistas invitados]]></category>
		<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Semana]]></category>
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		<description><![CDATA[Siempre he odiado a aquellos oportunistas que asaltan las secciones de opinión de revistas y periódicos bajo títulos no menos despreciables como “itinerante” o el ya consagrado “columnista invitado”. Y creo que la razón para que ellos —y los títulos— me fastidien tanto no es solamente ese trasnochado tufillo de soberbia que queda desparramado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre he odiado a aquellos oportunistas que asaltan las secciones de opinión de revistas y periódicos bajo títulos no menos despreciables como “itinerante” o el ya consagrado “columnista invitado”. Y creo que la razón para que ellos —y los títulos— me fastidien tanto <span id="more-3775"></span><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/03/bala.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3777" title="bala" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/03/bala-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>no es solamente ese trasnochado tufillo de soberbia que queda desparramado en los bordes de las páginas donde salen impresos sus pensamientos, sino también el hecho de que por su misma condición de invitados, escriban sólo por una vez y no gocen de una columna fija que uno pueda leer periódicamente para luego escribirles insultos en la edición on-line.</p>
<p>Porque si hay algo que sobra en este país son los columnistas malos. Y aburridos. De todas formas hay que reconocer que son necesarios para darse cuenta que el masoquismo periodístico existe y que se presenta, en toda su opacidad, cuando uno lee a Gloria H, por ejemplo. ¿O quién puede negar que, a pesar de su técnica escribana, es hasta edificante leer sus columnas, que son el resultado de una exótica mezcla entre Florence Thomas, Paulo Coehlo y Lucía Náder? Es edificante leerla porque uno nunca sabe cuándo se encontrará con una guerrera de la luz feminista que, aparte, esté muy buena. Sin los oportunos consejos de Gloria H, uno no sabría cómo pedírselo sin parecer eyaculador precoz.</p>
<p>Lo mismo sucede cuando uno lee a columnistas como Abdón Espinosa Valderrama, quien con un estilo prosopopéyico y cursi, siempre pretende añadirle poesía a una rama que, como la aburrida economía, no admite ser escrita de la misma forma en que Jorge Isaacs lo hizo con María. Por que, seamos sinceros, ¿a quién no se le estremece la sien leyendo títulos como Espuma de los acontecimientos frente a la crisis y el desempleo?  Además de ser casi tan extenso como su respectiva opinión, dicha columna logra despistar al lector: ¿quién les garantiza que no se trata de una apología del delito, en la que el economista plantea la adulteración de cerveza como fórmula de subsistencia?</p>
<p><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/03/opinion-se-escribe-sin-hache.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3776" title="opinion-se-escribe-sin-hache" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/03/opinion-se-escribe-sin-hache-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a>Poncho Rentaría tampoco es que salga muy bien librado; a pesar de ser columnista del diario más importante, razón que habla por sí sola de lo inviable que puede llegar a ser Colombia como proyecto de país. Sobretodo si el tulueño comienza sus columnas narrando el frizz de una de sus mejores amigas, y concluye que el Gobierno terminará pagando todos los tarjetazos rayados durante las vacaciones. A pesar de todo, leerlo es la mejor forma de ahorrarse una ida a la peluquería. Y en tiempos de recesión económica, es poderosa la combinación de estar bien informado, con unos pesos de más en el bolsillo.</p>
<p>Con articulistas como estos, que de alguna forma resumen los curiosos estilos que abundan en las publicaciones colombianas (no incluyo a columnistas deportivos como Gabriel Meluk y Antonio Casale, porque sus apellidos me resultan sospechosamente esnobistas como para creerles el cuentico de que son hinchas de Millonarios), es mejor conformarse. Al fin y al cabo, no son como los cobardes columnistas invitados (grupo del cual ahora formo parte), quienes irresponsablemente opinamos sobre cualquier tema, sin tener la autoridad moral para hacerlo. Los otros, los de siempre, al menos ofrecen la ventaja de estar siempre presentes, anclados a un espacio vetusto y anacrónico, lo cual motiva la práctica, por parte del lector, del valioso derecho a la libertad de expresión. Así sea a punta de insultos.</p>
<p>Columna que se respete debe tener al menos una propuesta que solucione tanta criticadera. Por eso me doy el lujo de recomendarles para leer hasta cinco columnistas que brillan, precisamente, por no tomarse la vida demasiado en serio: Gustavo Gómez y Eduardo Arias, de SoHo; Daniel Samper Ospina, de Semana, y Julio César Londoño y Jotamario Arbeláez, de El País. Y como columna que se respete también debe invitar a la reflexión, me permito hacerles la siguiente pregunta: ¿de verdad creen que el Parque del Perro, en la ciudad de Cali, luce mejor ahora, de noche, lleno de —¡vaya ironía!— lavaperros borrachos, que antes, cuando sólo era visitado por recicladores?</p>
<p>BOCADILLO<br />
Si hay algo necesario para darse cuenta del masoquismo periodístico que hay en este país, son los columnistas malos y aburridos.</p>
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		<title>El árbitro que expulsó a Pelé</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 21:37:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Salcedo Ramos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alberto Salcedo Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Columnista Invitado]]></category>
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		<category><![CDATA[Edición 42]]></category>
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		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[El Chato]]></category>
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		<description><![CDATA[Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados. Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2867" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><a href="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg"><img class="size-medium wp-image-2867" title="columnistainv_home" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2008/12/columnistainv_home.jpg" alt="" width="290" height="189" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración: Diana Delgado - EL CLAVO</p></div>
<p>Guillermo Velásquez, más conocido como El chato, debe de ser el único árbitro de fútbol del mundo que registra en su hoja de vida por lo menos cinco jugadores noqueados.</p>
<p>Ni Alberto Castronovo, ni Eduardo Luján Manera, ni los otros futbolistas aporreados por él, se enteraron de que su verdugo, antes de ser árbitro profesional, había sido boxeador.</p>
<p>Velásquez sonríe mientras se mira los dos puños apretados. Luego los voltea para donde yo estoy, como para notificarme que en esos gruesos nudillos, pese a sus 69 años, todavía quedan restos de la potencia telúrica del pasado.</p>
<p>A continuación, aclara que él no se hizo respetar por la fuerza – pues no era invencible &#8212; sino porque tenía un temperamento sanguíneo que se incendiaba ante el mínimo intento de atropello y un amor propio que le impedía soportar humillaciones. Si tuviera que arbitrar otra vez, volvería a sancionar al saboteador y a castigar al tramposo. Y, sobre todo, no ofrecería la otra mejilla para que el patán le repitiera el golpe, ni pondría el otro ojo para que el cochino le lanzara un segundo escupitajo, ni amonestaría con una simple tarjeta al grosero que le mentara a la madre, sino que se vengaría en el acto de cada agresión.</p>
<p>El chato estima que  la compostura que se les exige a los árbitros es hipócrita y tiene más vínculos con la política que con la ley. Según él, un ser humano que recibe una patada en la yugular y en vez de aparentar cortesía tiene la oportunidad de desquitarse, resulta menos peligroso porque se libera de odios futuros.<br />
“Yo no andaba por las canchas repartiendo coñazos”, explica, “pero cuando había que pegar, pegaba, porque después me iba a matar la angustia de no haber reaccionado como hombre cuando me provocaron. Cuando se tiene un carácter como el mío, responder a las agresiones es una necesidad”.</p>
<p>Le digo a Velásquez que cambiar la justicia por la venganza nos devolvería a la época de las cavernas y añado que si al árbitro le dan un pito y unas tarjetas, es justamente para que no tenga necesidad de utilizar un garrote.</p>
<p>“Así es”, admite El chato, con una rapidez que me indica que no le estoy diciendo nada que él no haya pensado antes. “Pero fíjese usted que a los futbolistas les dan una pelota para que le peguen patadas y quieren pegarnos es a nosotros”.</p>
<p>Vuelvo a la carga con el argumento de que el día que se apruebe la Ley del Talión en las canchas, tendremos más sangre que goles. Y El chato repite la misma frase de hace un momento: “así es”. En seguida, con un movimiento resuelto de las manos, afirma que para evitar ese riesgo hay que pedirles a los futbolistas que reclamen en buenos términos y no con violencia.</p>
<p>&#8211; ¿Y por qué no les pedimos a los árbitros que no les peguen a los jugadores?<br />
&#8211; Bueno, ahí le voy a contestar lo mismo que le contesté a un periodista brasileño, el día que expulsé a Pelé: no es bonito responder a un golpe con otro golpe, pero todavía no he visto la parte del reglamento que diga que los árbitros tenemos que dejarnos pegar.</p>
<p>***</p>
<p>Guillermo Velásquez mostró su vocación de juez desde la adolescencia. Cuando sus padres discutían, lo buscaban a él para que decidiera quién tenía la razón. Cuando sus hermanos peleaban, sólo él lograba reconciliarlos. Muy pronto, su capacidad de discernimiento y su sentido de la justicia fueron célebres en la familia. Primos, tíos y otros parientes menos cercanos apelaban a él, porque confiaban en la ecuanimidad de sus sentencias.<br />
Más tarde, cuando jugaba fútbol en el Colegio Deogracias Cardona, de su natal Pereira, no asistía con sus compañeros de equipo a la charla técnica de los entretiempos, sino que se iba con el árbitro a analizar el reglamento.</p>
<p>Cuando finalmente reemplazó el balón por el silbato, se liberó del destino gris que le esperaba como futbolista y recuperó el respeto que había conocido como consejero familiar. En ese momento descubrió que la satisfacción del que aplica la ley depende más del poder que ostenta que del bienestar que supuestamente le procura al prójimo. Si la cancha es el universo completo y los jugadores son todas las criaturas posibles, entonces el árbitro, que todo lo ve y todo lo juzga, encarna una autoridad más divina que humana, una presencia omnímoda que gobierna las acciones aunque no nos demos cuenta.  Él y sólo él es capaz de detener la carrera del veloz atacante, con un simple movimiento de su mano. Él decide cuándo parar el partido y cuándo reanudarlo, y en ambos casos determina el punto exacto de la tierra en el que hombre y pelota se reencuentran. Ni el que es genio como Maradona ni el que es bravucón como Chilavert tienen licencia para tutearlo: deben dirigirse a él con una cierta reverencia caricaturesca &#8212; manos atrás y cabeza agachada &#8212; y además están obligados a acatarlo por los siglos de los siglos, auncuando valide como gol una pelota que pasó a 15 metros del arco. Como a Dios, al árbitro habría que inventárselo si no existiera. Los jugadores lo necesitan para justificar sus pecados y para que él los ayude a ganar el cielo que ellos solos no alcanzarían jamás de los jamases.</p>
<p>Desde el principio, El Chato disfrutó esa sensación de importancia que, según él, les gusta a casi todos sus colegas aunque no lo reconozcan en público. Por eso ahora, mientras sorbe su café, levanta la voz para decirme que no es ningún delito, como afirman algunas personas, que el árbitro sea protagonista. “¿Cómo no va a ser protagonista el juez que condena al matón o que evita una desgracia?”, se pregunta, alzando aún más el tono y adoptando un cierto aire de orador. “Usted debe saber, como periodista, que el problema no es la fama sino la mala fama”.</p>
<p>Estamos sentados en la cafetería del Parque el Salitre. Nuestros vecinos, muchos de ellos jóvenes que no lo conocen, lo miran con insistencia, y él se regodea en su silla comprobando por enésima vez que no nació para pasar desapercibido.</p>
<p>Estimulado por la atención del público, Velásquez enumera sus méritos en voz alta: fue &#8212; me dice sin ruborizarse &#8212; el árbitro que les abrió las puertas internacionales a sus compañeros colombianos. Participó en la Copa Libertadores entre 1968 y 1982, pitó en cuatro Juegos Olímpicos y fue juez de línea en uno de los partidos más bellos que se hayan disputado jamás, el de Italia contra Alemania en el Mundial del 70.<br />
Después observa que nunca se tomó un trago el día antes de un compromiso, que siempre se entrenó como si cada jornada fuera una final y que cuando se retiró, en diciembre de 1982, era el árbitro que había pitado el mayor número de partidos en los cuales ganaban los equipos chicos. “Y de visitantes”, añade.<br />
“Lo mejor de todo”, dice ahora, “es que puedo jurar ante el país que nunca me torcí. Cuando me equivoqué, me equivoqué de verdad y no me hice el equivocado. Y no solamente por honesto, sino porque siempre me quise mucho a mí mismo. Mi orgullo no me permitía quedar como un chambón”.<br />
Le pregunto si pegarles a los jugadores, como él lo hizo, fue un defecto o una virtud.<br />
El Chato sonríe, me mira con malicia por encima de su pocillo. Calla.<br />
&#8211; Ay, hermano, dejemos eso quieto. No me haga enfermar.<br />
&#8211; Por su sonrisa, parece que no se arrepiente.<br />
&#8211; Mire: yo no me siento feliz de haber tenido un genio como el que tuve. El temperamento me traicionaba y ese fue mi único error.</p>
<p>Después de unos segundos de silencio, en los que parece apenado, encuentra un argumento que le devuelve la seguridad. “¿Sabe una cosa?”, me dice, con el rostro iluminado. “Ser peleador me sirvió para conservar la pureza. Cuando uno quiere imponer siempre su autoridad, ya sea a las buenas o a las malas, no puede darse el lujo de tener rabo de paja”.</p>
<p>Llegado a este punto, El Chato estima pertinente un par de aclaraciones: cuando le pegó a un jugador fue porque, indefectiblemente, éste le había pegado a él primero. Y en todo caso, aquellas fueron calenturas pasajeras que nunca traspasaron los linderos del estadio. Eso sí: insiste en que para no quedar rumiando odios, era absolutamente necesario que le atizara un porrazo al agresor.</p>
<p>Desde 1957, año de su debut en el torneo profesional, aparecieron los problemas. Alberto Castronovo, jugador del Atlético Nacional, aprovechó un embrollo para darle a Velásquez una patada alevosa en la canilla. Velásquez se retorció en el suelo, durante varios minutos. Cuando se repuso del golpe actuó como si no supiera quién le había pegado. De pronto, en un tiro de esquina, vio, nítida, la oportunidad de desquitarse. Calculó que, por el momento, los espectadores estarían pendientes del jugador que iba a cobrar y se colocó en el área, al lado de Castronovo. A continuación, lo conectó con un derechazo en la barbilla. Castronovo rodó por el pasto pero se levantó en seguida, furioso, y se lió a golpes con el árbitro, en medio de la sorpresa del público. Entonces, varios agentes de la policía entraron en acción, dispuestos a retirar al jugador por la fuerza. “No, señores”, les dijo El Chato, autoritario. “¡Háganme el favor y dejan al caballero en la cancha, que no está expulsado!”.</p>
<p>&#8211; ¡Pero cómo que no está expulsado, si vimos cómo le pegó a usted!<br />
&#8211; ¿Y no vieron cómo le pegué yo a él? Si se va Castronovo, me voy yo también. Pero como donde manda árbitro no manda policía, he dispuesto que ni se va él, ni me voy yo.<br />
El Chato guiña un ojo y advierte que la justicia depende más del sentido común de quien la aplica que de simples leyes escritas en un papel. Para  ilustrar su teoría, recuerda la vez que Miguel Ángel Converti, atacante de Millonarios, recibió un pase de espaldas al arco, en un clásico contra el Santa Fe. Desde antes de que Converti tomara la pelota, Velásquez había sancionado fuera de lugar. Pero el jugador, que al parecer no escuchó el silbato, llevó el lance hasta sus últimas consecuencias: durmió el balón con el pecho, lo hizo rebotar sobre su muslo izquierdo y luego se suspendió en el aire &#8212; cabeza hacia abajo y pies hacia arriba &#8212; en una chilena espléndida. El proyectil se clavó en un ángulo imposible de la portería y Converti corrió como loco hacia el banderín de córner, mirando hacia el cielo y zafándose de los compañeros que querían abrazarlo, como si pensara que su virtuosismo lo alejaba de los atletas y lo acercaba a los dioses.<br />
“Si yo hubiera sabido que Converti iba a concluir esa jugada como la concluyó”, dice Velásquez, “no habría pitado el fuera de lugar. Fue la única vez que quise hacerme el equivocado en una cancha y créame que lamento mi acierto como si fuera un error. Es lo que le vengo diciendo: según las normas, yo actué bien, pero no fue justo que yo le robara semejante joya al público. Donde yo valide ese gol, hasta los hinchas del Santa Fe se ponen contentos”.</p>
<p>Le pido a Velásquez que me haga el inventario de los futbolistas a los cuales golpeó y me responde, aparentemente apenado, que “eso no vale la pena”.<br />
&#8211; ¿Por qué?<br />
&#8211; Hombre, porque no fueron tantos. Pero ya que insiste en este punto, diga que una vez le hinché el ojo a Orlando Herrera, del Tolima, porque se propasó conmigo en un reclamo. ¿Y sabe qué pasó en el partido siguiente que me tocó arbitrarle en Ibagué? Que el tipo fue a buscarme a mi camerino y me llevó abrazado hasta la mitad de la cancha. ¿No le parece bonito? Si no me reconocieran sentido de la justicia, no me perdonarían. Yo habré sido brutal, pero soy más humano que muchos de los que se creen mansas palomas, porque pegué puños pero no maté a nadie con el pito.</p>
<p>***</p>
<p>El Chato, que no cesa de ufanarse de su ecuanimidad, señala que si hoy fuera otra vez el miércoles 17 de julio de 1968, volvería a expulsar a Pelé.<br />
Ese día, El Santos de Brasil, considerado el mejor equipo del mundo, enfrentaba en un partido amistoso a la selección Colombia que participaría en los Juegos Olímpicos de México.<br />
Muy temprano, Velásquez validó un gol de Colombia en aparente fuera de lugar. Los brasileños se pusieron histéricos y cercaron al árbitro. Uno de ellos, de apellido Lima, fue expulsado. Como se negaba a abandonar la cancha, fue sacado por la Policía. Cuando iba por la pista atlética se les soltó a los agentes, se devolvió al terreno de juego y le asestó una patada a Velásquez. Éste le respondió con un leñazo en el estómago, que generó un amago de gresca.<br />
El partido continuó con muchas tensiones hasta el minuto 35 del primer tiempo, cuando Pelé vio la tarjeta roja por reclamar, de mala manera, un supuesto penal en su contra. En principio lució desconcertado, pero no tardó en aceptar el fallo. Entonces emprendió el retiro de la cancha con un gesto irónico y desafiante, como un monarca que se mofara de la orden de destierro impuesta por su vasallo. “Ese tipo está loco”, repetía Pelé, una y otra vez, ante el cronista de El Espectador que lo esperó en la pista atlética.<br />
En ese momento, los jugadores del Santos rodearon al árbitro. “De 28 personas que tenía la delegación brasileña”, recuerda El Chato, “me agredieron 25. Los únicos que no me pegaron fueron el médico, el periodista y Pelé”.<br />
Velásquez se sintió empequeñecido, arruinado, cuando los 60 mil espectadores del estadio El Campín comenzaron a maldecirlo a gritos y a pedir el regreso de Pelé. Después, cuando los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol decidieron que volviera el futbolista y se fuera el árbitro – un hecho único en los anales del deporte – se acordó del refrán según el cual la justicia en nuestro país “es para los de ruana” y hasta agradeció que a Pelé no se le hubiera ocurrido asaltar un banco,  “porque con seguridad aquí todavía lo estuviéramos aplaudiendo”.</p>
<p>Adolorido más por la humillación pública que por los golpes recibidos, El Chato demandó penalmente a la delegación brasileña. Lo hizo por recomendación de Lisandro Martínez Zúñiga, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, que esa misma noche lo visitó en el camerino para ofrecerle sus servicios como abogado.<br />
Los jugadores de El Santos permanecieron en Colombia casi dos días más de lo previsto, retenidos en una comisaría, y al final tuvieron que pagarle a Velásquez 18 mil pesos y ofrecerle excusas por escrito, para poder viajar a su país.<br />
Años después, ya retirado del fútbol, Velásquez buscó la manera de encontrarse con Pelé. Entendía, como siempre, que más allá de las leyes escritas necesitaba un acercamiento humano para quedar a paz y salvo con su conciencia. El rey lo atendió en Miami y hasta lo invitó a almorzar.<br />
Ahora le pregunto a El Chato qué habría sucedido si Pelé le hubiera pegado cuando él lo expulsó, y me pide, muy serio, que por favor no le haga una pregunta tan perversa. “Mire que me voy es a enfermar”, añade.<br />
&#8211; Es sólo una suposición, no más que una suposición.<br />
&#8211; Bueno, en ese caso, permítame responderle con una pregunta. ¿Usted qué cree que hubiera pasado?</p>
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