Unos quince

La semana pasada me encontré con unos manes que no veía desde hace rato, eran los populares amigos de la cuadra. Con los que jugaba rin-rin corre-corre, cotejos de fútbol con una piedra y el andén, dábamos vueltas a la manzana en bici y a cierta edad nos reuníamos afuera de la casa de las niñas a marcar territorio. Hasta que llegó el momento en el que ellas crecieron y nosotros nos quedamos hablando como el Gallo Claudio. Luego entramos a la universidad y chao.

Con ellos iba a las fiestas de quince y bailábamos “Tiempo Vals” de Chayanne. Eran fiestas cada fin de semana y a veces me tocaban dos en el mismo día porque uno iba a donde invitaban a cualquier amigo, o a un amigo del amigo de los de la cuadra. Era así como entrábamos todos con una sola tarjeta y un solo regalo. Una vez, nos tocó recuperar el detallito que dimos entre todos en una fiesta para ir a la otra.

Ser pato no era el problema, uno no sabía quién era la cumpleañera, pero generalmente, era la que parecía maquillada tipo payaso, como con la escopeta que Homero inventó en un capítulo de Los Simpsons, y si no en el vals salía.

Para ir a una fiesta de quince buscaba el traje prestado porque a esa edad los papás no le compran vestido a uno y lo justifican: “mijo, es que se le queda muy rápido”. Claro, me acuerdo del súper dobladillo de mi pantalón. Para ir a la fiesta casi siempre era en taxi y había que negociarlo con el chofer para meternos muchos y nos saliera más barato, hasta que a un amigo, sus papás que eran separados, le comenzaron a prestar el carro sus papás que eran separados. Entonces nos apretábamos como ocho en un carro, en esa época estaba de moda el Mazda 323 Coupé,  parecíamos metiendo16 payasos en un topolino como número de circo.

Era la época de la música de El General y uno bailaba canciones como “El Pata-Pata”, “El Marciano” y “Rica y apretadita” que en una parte de la canción decía: “Tú eres mi mamita rica y apretadita, mamita mamita rica y apretadita”. Ésas fiestas eran lo máximo, porque con mis amigos comíamos y tomábamos gratis. Conocíamos a un poco de niñas que se hacían en mesas y que prácticamente estaban esperando que uno las sacara a bailar. Claro que en las primeras fiestas yo no sabía mucho de baile, siempre iba para el lado contrario en “El Meneito”.

Lo del baile, generalmente, lo solucionan los papás con un pellizco diciendo: “mijo, saque a su prima a bailar que lleva una hora sentada” y si con esa señal no pasaba nada, salía la tía gozona y lo sacaba a uno gritando: “es que así es que toca para que aprendan”. En fin, era una época muy bacana hasta que a las quinceañeras les dio por cambiar la tradicional Mini-Tk por irse de viaje a desquitarse de 15 años de represión, piden tetas y se empezaron a terminar las fiestas con mis amigos. Pero luego vendrían otras fiestas: las dos tandas de grados y ahora la de los matrimonios. ¡Esta vez sin mis amigos de la cuadra!.

Hoy las peladas ya no piden viaje , piden tetas y lipo. La otra vez estuve en una fiesta pequeña de quince de la hermanita de una amiga que mide como dos metros y parece mayor que mi amiga que le lleva 10 años.  Me sentía  como un total anciano, los pelados se les acercan a las niñas como galanes de Hollywood sin dudar y las besan, luego bailan reggaeton y las rastrillan contra el muro. La misma escena la repiten con una y la otra toda la noche.  Son todos unos Tony Melony que vienen flacos de fàbrica. Entonces, ¿qué pasó en mi generación? ¿A esots manes no les sale barriga? Porque la mía me acompaña desde los 14 años.

Definitivamente me volvi viejo. Ahora tocará volver a los tiempos de mi generación reuniéndome con mis viejos amigos –  del baile del perrito – en las fiestas de grado de la universidad y en matrimonios.

6 Opiniones sobre Unos quince

  1. Creo que de todas las columnas que he leído en EL CLAVO, ésta es la más pobre, hueca, mal redactada e insulsa que se ha podido publicar. Siento que el autor no tuvo nada mejor que escribir y entonces le dio por contar lo tonto que fue en su niñez, además de recordar canciones y cosas que muchos hicimos, pero que aquí no trasmiten nada.

    Con esta columna se nota que en EL CLAVO, como en muchas otras instituciones, exite una rosca muy brava, pues como César López fue el Director, entonces le publican cualquier pendejada.

    Fue un tiempo perdido leer ete texto… Ojo con lo que publican muchachos…

  2. Muchas gracias Juan Fernando.

    En verdad la leí de nuevo y no me pareció mala, tampoco es lo mejor pero mala no es. Escribite una vos y la publicamos en vez de la mía… y de paso te metemos a la rosca. Pero acordate que tu escrito debe ser relajado, crítico y de humor. Ése es el espacio.

    Hasta pronto.

  3. A mi tampoco me parece mala, es cuestión de entender la idea de toda la história, ese es el problema de no comprender las lecturas, lecturas superficiales no caben en EL CLAVO…

    y pues quién dijo que estar en la rosca es malo??? delamas el que no está…

  4. Julián Andrés Galvis

    Hola César. Por puro morbo y en busca de refrescar ciertas memorias perdidas entré en la hasta hoy para mi olvidada página del Clavo. Me encuentro entonces con esta nota tuya que me llena de nostalgia de una vida que se nos pasó, de una ciudad que “evolucionó” y de una cultura que nos queda como ruina del mundo antiguo. Respeto los comentarios “opositores” sobre tu escrito, pero sigo pensando que tener a todo el mundo contento es muy jodido. Por mi parte, me siento afortunado de haber vivido lo mismo que vos, de sentirme identificado con tu nota y de saber que El Clavo, a pesar de la Rosca (tan necesaria como el aire para respirar), sigue permitiendo que manes como vos sigan escribiendo para el goce de muchos. Saludos.

  5. Ana Maria Arias Giraldo

    Si pudieramos calificar de “insulsa” y “mal redactada” una columna, el amigo Juan Fernando puede pasar a leer “El Pais” o ‘ El Espectador”, que dandose de infulas de grandes diarios tienen a mas de un columnista QUE SI esta metido en la rosca…y que gracias a la rosca se esta tapando en plata escribiendo burradas que parecen copias de articulos de El Espacio.

    Si esta columna parecio superficial, en la revista “Soho” tambien he leido articulos de este talante, que como el de Cesar, me han hecho reir a carcajadas .

    La capacidad de relatar con humorcito negro anecdotas de una epoca de una juventud no muy lejana requiere mas que sentarse a “escribir por escribir”: necesita de la completa cualidad de reirse de uno mismo y de ser capaz de ver como la generacion de hoy se hunde en el “valle de la silicona”.

    La critica debe ser constructiva y escrita con cuidado, CRITICAR ES UN EJERCICIO INTELECTUAL MAS QUE APROVECHAR UN ESPACIO PARA VITUPERAR.

  6. Pues la verdad que a mi me gusto mucho , por que es una ida al pasado, es recordar lo simple y chevere que la pasabamos.
    Saludos

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