Ética de doble filo

MaloRegularNormalBuenoDió en el Clavo!

Escrito por Alberto Salcedo Ramos el Sep 30th, 2009 y archivado en Alberto Salcedo Ramos, Edición 47. Puedes seguir las respuestas a este artículo a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o trackback a este artículo

salcedoRamosParodiando a Joseph Goebbels, aquel legendario carnicero del nazismo alemán, se podría afirmar que algunos periodistas, cuando oyen hablar de ética, sacan su pistola. Les molesta el tema, será porque lo consideran peligroso.

Creo que en Colombia siempre ha estado sesgado el debate sobre la ética periodística. Se ha dicho que en muchos lugares, especialmente en las ciudades pequeñas, hay reporteros rasos que se pervierten porque combinan su función periodística con la de vendedores de publicidad. Eso es cierto. Se ha dicho que abundan los periodistas que en la claridad redactan noticias y en la oscuridad extienden la palma de la mano para recibir un cheque ignominioso por sus servicios mercenarios. Eso también es cierto. Se ha dicho que hay informadores a sueldo de personajes dudosos. ¡Cierto, mil veces cierto!

Nada justifica – se repite una y otra vez – que un reportero se corrompa. Los salarios miserables que pagan muchos periódicos, con todo y que son injustos, no le dan luz verde a nadie para envilecerse, ni para menospreciar la profesión, ni para pisotear los derechos de los lectores. Pobre del periodista que sólo piensa en la justicia de su estómago. Sí, claro, sus necesidades y las de su familia merecen toda la consideración del mundo, pero no valen más que el derecho de la mayoría a ser informada con veracidad, con rigor y con respeto. Quienes esgrimen los malos sueldos como argumento para aceptar dádivas de las fuentes o para poner sus necesidades particulares por encima del interés público, no merecen ejercer la profesión. ¡Así de simple! Si el periodismo les parece desventajoso, ¿por qué insisten? ¡Pónganse a comerciar limones, o barran parques, o vendan refrescos en la playa! Pueden jurar que no me refiero a estos oficios en forma despectiva: al contrario, realizarlos con dignidad es preferible a ser un periodista que, en aras de una inconformidad mal asumida, hipoteca su conciencia.

El periodista que no piensa en los beneficios del público sino en los intereses de sus fuentes, es comparable con el médico que practica abortos clandestinos, con la enfermera que se roba los instrumentos quirúrgicos del hospital, con el policía que aprovecha su investidura para delinquir, o con el abogado litigante que se tuerce. La ética profesional, repito, no es un asunto de estómago. Es observar unas normas de conducta que garantizan el respeto de los derechos de la sociedad. Nada más y nada menos.
Todas estas impresiones han sido ampliamente comentadas. Y también se ha dicho hasta la saciedad que los malos salarios – aunque no justifican la corrupción – sí influyen en ella. Sería ingenuo pretender lo contrario.
Lo que no se ha dicho, en cambio, es que las faltas contra la ética no son un pecado exclusivo de reporteros famélicos y mal pagos. También las cometen algunos de cuello blanco o de estrato seis. Mientras esto no se diga, el debate sobre la ética será incompleto y tramposo. No propongo polarizar la discusión en términos clasistas y bizantinos. Tampoco propongo justificar el problema diciendo que está generalizado. Ya lo decían las abuelas: “mal de muchos, consuelo de tontos”. Creo, sin embargo, que mirar el asunto en su verdadero contexto, es un acto de elemental sensatez.

Conozco el caso del director de un periódico de provincia que escribía editoriales bobalicones en primera página, sólo para saludar al Presidente de la República cuando éste llegaba a la ciudad. El pago de este servicio fue un cargo burocrático para uno de sus hijos. He visto directivos de medios de comunicación con hermanos favorecidos burocráticamente, en Colombia o en el exterior. Los he visto como ministros, como contratistas públicos, como consejeros, como embajadores. Y también he conocido a algunos que utilizan sus columnas como navajas afiladas para atacar al gobernante, pero en cuanto les ofrecen un puesto se convierten en borregos de espanto. Entendámonos, entonces: ¿Cuando la falta la comete un reportero raso es una indelicadeza pero cuando la comete un pez gordo es un “servicio a la patria”?

A principios de los años 90, El Tiempo utilizó en un editorial la metáfora de “la puerta giratoria” para señalar que había una demarcación estricta entre la carrera política y la vocación periodística. Esa puerta, según el editorial, no tenía retorno. Es válido que un periodista la atraviese, pero no que – una vez se le acaba la chanfaina – se devuelva a la sala de redacción o a la columna habitual, como si nada. Y menos que salte permanentemente de un lado al otro, como una cínica pelota de ping pong. ¿Me van a decir que no han conocido ustedes a trapecistas de esta índole?

Para que empecemos a hablar de ética en una forma coherente, es necesario partir de una premisa justa: todas las faltas – y no sólo unas cuantas – son condenables. Bien dijo Norman Sims, que los periodistas han olvidado su deber esencial de servirle a la gente, por andar pendientes de las migajas que sobran en el pastel del poder.

8 Opiniones acerca de “Ética de doble filo”

  1. José V. Arizmendi C. dice:

    Me gusta mucho El Clavo y en este caso Salcedo Ramos da en el ídem con su argumentación sobre la falta de ética de algunos periodistas. Menciona a los reporteros que ganan poco y a los directivos y en ambos casos tiene razón. Tan sólo olvida a los reporteros que ganan mucho… y también se corrompen.

    Hay periodistas deportivos bien pagados, que reciben “sobre” de equipos, de directivos y de futbolistas. Y redactores de la sección económica que, estando bien remunerados, favorecen a ciertas fuentes a cambio de favores Llegó a haber, incluso, reporteros judiciales que le pedían plata a los mafiosos, aunque su sueldo no era malo.

    En esta profesión, como en otras, se tuerce el que quiere, pero le echa la culpa a todos, para ocultar su falta de escrúpulos.

  2. Si bien tiene razón cuando se refiere Alberto Salcedo a la falta de ética de algunos periodistas, se me ocurre, debería extender su queja hacia su exceso de rigor y poco tabú.

    Pienso que el verdaderamente sensato en cualquier oficio es el que dirige con criterio su decisión sea cual sea. Es decir; vivimos en un contexto social donde el que sea más hábil en lograr la mejor justificación actualiza su reputación.

    La ética es un concepto filosófico que ejerce en las obligaciones del hombre moralista. ¿Y la moral a quién ha dado de comer? Hasta ahora ni “Jesucristo” a tenido una cena cristiana. O sea, con carne.

    Como el título que le da nombre a su queja, la ética no es más que un mito en nuestra condición laboral ya que su única función es más bien el rumor de hambre. A los estómagos produce pánico. No quiero justificar a los mediocres ni a los que brindan su lambonería, pero sí quiero hacer una apología a la astucia de quienes velan por el bienestar de los suyos. Eso ya es tener noción ética.

    La ética es un concepto de prioridades, por ende no se le puede dar un valor estándar. Si acaso mito. Y no lo digo por el periodismo. Cabe para cualquier oficio. Para la vida misma.

    El asunto aquí es mejor: ¿Hay criterio para darle buen uso al cheque?
    Es como hablar de paz. Nunca la habrá. Y no es pesimismo. ¿Cuántos no comemos de la guerra? Sólo la necesidad decide si hay buena ética o no.

    Mientras tanto, especulemos…

    A la orden,
    Luis Felipe Domínguez C.
    Regulador

  3. Lázaro Santos dice:

    Luis Felipe, la gente de moral laxa como usted es la que daña a este país. La ética sí existe, pero cuando abunda la gente como usted, que a las conductas dudosas le llaman “astucia”, entonces el túnel se pone más oscuro.
    Ah y además usted no solo tiene problemas con la ética sino también con la ortografía.

  4. Buenísimo lo de Salcedo Ramos, excelente, porque el periodismo nos llega directa e indirectamente a todos y no hay derecho a educar o bajar línea viendo y haciendo ver la realidad con la nuca…la ética y el respeto por el otro deberían ser moneda corriente y no la excepción. En cuanto a esto, se esta debatiendo en Argentina el tema de la Nueva ley de medios no de prensa sino de empresa…
    Felicito tambien al señor Lázaro Santos por su respuesta al señor ‘Regulador’.

  5. Isabel Cristina Arenas S dice:

    Querido profe:Espero que todos los del salón también lo lean. Es una lástima que pase pero no sólamente sucede en ese medio, en todas partes…. Gracias por compartirlo. Como siempre ud es un gran ejemplo para todos nosotros.

    Un abrazo

  6. H. Flórez-Bermúdez dice:

    La moral no da de comer, sólo da tranquilidad. La dignidad tampoco da para comer, pero nos permite mirar a los ojos. Agrergaría Alberto, el rol pobre de las facultades en esta materia fundamental.
    Gracias por escribir Alberto.

  7. CRISTO GARCIA TAPIA dice:

    Apreciado Alberto:
    Yo que vendí berenjenas y tomates por días interminables, jornalié a machete limpio por una paga miserable, hoy escribo columnas en un periódico, y coincido contigo en que la Etica es una sola y vale igual para el vendedor de tomates y berenjenas, para el jornalero y para el periodista. De cuanto se trata es de ser dignos y honrados y consecuentes.
    Saludos.
    CRISTO GARCIA TAPIA
    Poeta, escritor y periodista.

  8. Tambien los hay, en los grande medios, cadenas radiales, los principales matutinos del Pais. Aquí, por ejemplo, veedores sin visión en oscuras nóminas de personas de dudosa conducta, son los que fungen como periodistas de dia y veedores de noche..!

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