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	<title>El Clavo &#187; Cuento</title>
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		<title>El Clavo</title>
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		<title>El Presidente</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 19:14:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Torres</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12817" class="wp-caption alignleft" style="width: 238px"><img class="size-medium wp-image-12817" title="El presidente" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/01/Ilus_JuanPabloSolarte-228x300.jpg" alt="Ilustración por: Juan Pablo Solarte" width="228" height="300" /><p class="wp-caption-text">Ilustración por: Juan Pablo Solarte</p></div>
<p>En una silla de algarrobo estaba sentado el presidente del equipo de fútbol. Recién había apagado su móvil y esperaba ansioso una llamada al teléfono de su oficina. &#8220;Ring-ring&#8221;, sonó. El presidente contestó exhalando con fuerza y se frotó la calva con la mano derecha. No pronunció una sola palabra, asintió con la cabeza y profirió un sonido afirmativo. Colgó la bocina en el soporte y miró a la puerta. El entrenador del equipo de fútbol, un negro de estatura mediana, la abrió. Sonriendo, lo saludó:</p>
<p>-Buenas noches, señor Camargo.</p>
<p>El presidente lo vio acercarse al escritorio y no parpadeó hasta que el entrenador se sentó en la silla de enfrente. Sacó un cigarrillo del bolsillo de su camisa manga larga y lo prendió con un fósforo.</p>
<p>-Vi jugar a su hijo en el partido de reservas— opinó el entrenador, todavía sonriendo— y créame que pinta pa grande.</p>
<p>-No pude ir a la cancha, pero Sánchez me dijo que marcó el gol del empate.</p>
<p>-Ese muchacho anda bien, le doy seis meses para que lo llamen a la Selección Nacional de menores.</p>
<p>El humo del cigarrillo se esparció por toda la oficina. Las enormes vitrinas donde estaban los trofeos del 86 llevaban más de 20 años sin abrirse. La última vez que el equipo obtuvo un galardón fue en el abolido torneo panamericano que se organizaba anualmente en Cali. Con un director técnico argentino ganaron ese certamen de poca trascendencia; el capitán que recibió el premio dijo que la copa no pesaba nada, que era del mismo aluminio con que fabricaban las ollas para cocinar.</p>
<p>-Rodríguez, mejor cuénteme cómo le fue al equipo en el partido de hoy— dijo el presidente. Cada que se llevaba el cigarrillo a la boca, fruncía el ceño.</p>
<p>El director técnico montó la pierna izquierda encima de la derecha. Con las uñas de los dedos se rascó el cuello y por un instante observó la foto ampliada del equipo glorioso de los setentas. Cuando volvió los ojos hacia el presidente, dio un suspiro, dejó de rascarse el cuello y movió la cabeza de un lado a otro. Su sonrisa permanecía quieta y tragó saliva antes de decir:</p>
<p>-Silva, el reemplazante del expulsado Asprilla, no desentonó con Valencia —utilizó las manos para explicar—. En el mediocampo los muchachos se pararon bien; la línea de cuatro funcionó mejor que en el cotejo pasado. Los carrileros desbordaron por sus respectivas puntas y la contención distribuyó el esférico como yo quería. Los laterales pudieron salir lo suficiente para crear opciones de peligro. Mosquera, por fin, no fue amonestado. Marcó bien a su diez. El nueve, el máximo artillero del semestre, cortó la racha goleadora porque nuestros centrales se hicieron sentir más que nunca. En líneas generales, el equipo hizo la marca que tanto practicamos durante la semana. En el contragolpe atacamos sin descuidar la línea defensiva. El arquero de ellos se lució: atajó cuatro remates a quemarropa,  tres tiros libres y tocó con la yema de los dedos una bola que terminó estrellándose en el travesaño. Desafortunadamente, Jiménez desperdició las opciones más claras del encuentro y Betancourt, en el arco, no tuvo mucho trabajo, pues poco nos llegaron.<br />
El cigarrillo no había llegado a la mitad y el presidente lo apagó en un cenicero de vidrio. Convencido del buen trabajo del equipo, se llevó la mano derecha a la calva y se sintió tranquilo, como si hubiera aprobado un duro examen. “¡Por fin ganamos!”, pensó y le brillaron los ojos al preguntar:</p>
<p>-¿Y cuánto quedó el partido?</p>
<p>Rodríguez, sin borrar la sonrisa habitual, puso la pierna izquierda en el piso y, con la misma confianza que lo caracterizaba, respondió:</p>
<p>-Perdimos uno a cero.</p>
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		<title>Los  Trascendentales</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 19:10:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Anuar Bolaños</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 49]]></category>
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		<description><![CDATA[Los trascendentales tienen cara de protagonista de película trascendental. Su mirada oscila entre lo profundo y lo difuso. Fuman cigarrillos sin filtro. Coleccionan objetos. Escriben grafitis. Comen pan integral pero no odian el huevo frito. Recitan discursos sobre la métrica de los poemas Alejandrinos y los Haikus, los esquemas lacanianos y la semiología. Conocen las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Los trascendentales tienen cara de protagonista de película trascendental.  Su mirada oscila entre lo profundo y lo difuso. Fuman cigarrillos sin filtro. Coleccionan objetos. Escriben grafitis. Comen pan integral pero no odian el huevo frito. Recitan discursos sobre la métrica de los poemas Alejandrinos y los Haikus, los esquemas lacanianos y la semiología. Conocen las artes secretas del Vudú, la teoría cuántica, las epístolas bíblicas, los diálogos de Platón. Cómo cultivar correctamente una huerta hidropónica, cambiar un pañal o limpiar el carburador del auto.Hablan del poder hipnótico de Moisés, la varita mágica de Mandrake y los pases magistrales del Pibe Valderrama o cualquier otro deportista cotizado del momento.</p>
<p style="text-align: center;">
<div id="attachment_12809" class="wp-caption aligncenter" style="width: 471px"><img class="size-full wp-image-12809 " title="Los trascendentales" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/01/Los-trascendentales_Fasch2.jpg" alt="Foto por: Juan Esteban Árias - EL CLAVO" width="461" height="614" /><p class="wp-caption-text">Foto por: Juan Esteban Árias - EL CLAVO</p></div>
<p>Los trascendentales son unos animales de pantaloncillos psicodélicos, gestos frenéticos, ademanes contagiosos y pegajosa aura mágica.  Se sientan en flor de loto, con la pierna cruzada o imitan la sugestiva pero incómoda posición del pensador de Rodin.  Se empeñan en nunca tener el alma de reposo. Llevan a cabo recitales sobre las flores y la luna. Se embadurnan con variadas fragancias de la tierra y la madera para asumirse como seres exóticos o afrodisiacos. Tartamudean en varios idiomas. Expresan gozo casi hasta el desmayo, al observar obras de arte de las cuales aseguran comprender la profunda esencia del artista. Caminan a prisa o flotan. Tienen en la mente una claraboya, una bragueta en el corazón y bajo la cama una bacinilla o un alicate oxidado. Ocultan celosamente en la cartera un escapulario verde, una foto ajada y preservativo por usar.</p>
<p>Llevan bajo el brazo libros raros, crucigramas resueltos a medidas y el último ejemplar de Playboy. Alaban los poderes naturales del ajo y hacen culto a la cannabis. Recitan de memoria los nombres de los mejores exponentes de la música clásica, el jazz, el blues, la trova cubana y también cantan estribillos de boleros, tangos, baladas y rancheras. Aman a todas las culturas. Odian a todas las culturas. Aman a los niños. Aman los animales. Repudian a los imperialistas y los desprestigiados.Podrían pasar horas tirados en la hamaca de las reflexiones terminando su teoría que explicará el universo.</p>
<p>Los trascendentales usan ropa multicoloreada, mochila Arhuaca, atuendos de accesorios variados con pañoletas, cinturones y sombreros.  Llevan el pelo en la libre maraña. Algunas veces hacen deporte como culto a su cuerpo que es un templo de sensibilidad infinita o lastiman sus tendones y coyunturas al querer adquirir en media hora las habilidades milenarias de las contorsiones del Yoga. Si tuvieran tiempo practicarían judo, tai chi, hap ki do y hasta lucha grecorromana o boxeo.<br />
Narran toda la historia de la cultura oriental con sólo ver una colorida serpiente en el dorso de una tacita de té japonesa. Conocen el mensaje de cualquier jeroglífico de cualquier época de cualquier cultura. Los trascendentales se inscriben en los círculos de los sabios que están de moda en la ciudad y en hordas frecuentan la taberna, el cineclub, los parques naturales y todos los foros sobre ovnis y extraterrestres.</p>
<p>Se autodenominan histéricos, psicóticos, neuróticos, esquizos o simplemente artistas.  Entablan apasionadas relaciones amorosas con una persona distinta cada tres meses a la cual inundan con tiernas esquelas y ositos de peluche. Sufren insomnio y sueños inconclusos repetidos. Padecen de dolor de muela, gastritis, miopía y jaqueca. Intentan arrancar melodías de flautas, guitarras o maracas. Armonizan su voz con un sonsonete seductor y plasman ideas matizadas en batik, óleo y crayón. Tienen un casete grabado con la verdad y el manual de la felicidad completa. Los trascendentales no cumplen citas o son muy puntuales, pues ante todo son simples seres humanos comunes y corrientes que quieren dejar de ser simples seres humanos comunes y corrientes.<br />
Todo cuanto actúan es reflejo del inmenso hueco que tienen en su alma. Cuando están ebrios semejan bufones o saltimbanquis salidos de una tragicomedia moderna mediocre. Alaban el suicidio pero esperan la reencarnación.</p>
<p>Francamente, los trascendentales me dan asco, sobre todo cuando me miro al espejo.</p>
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		<title>Platito de leche</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 19:08:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Rojas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 49]]></category>
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		<description><![CDATA[Pensé que toda la noche te habías escapado. Que te habías volado por el hueco de la ventana rota, por donde sólo cabría tu cuerpecito. Que habías escalado por la canaleta, aferrándote con las uñas, y habías trepado al techo de la casa. Imaginé que tu oscuro perfil felino se había recortado de esa luna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-12811" title="Platito de leche" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/01/platitodeleche_paisita-DATAJUNKIE.jpg" alt="Platito de leche" width="401" height="401" />Pensé que toda la noche te habías escapado. Que te habías volado por el hueco de la ventana rota, por donde sólo cabría tu cuerpecito. Que habías escalado por la canaleta, aferrándote con las uñas, y habías trepado al techo de la casa. Imaginé que tu oscuro perfil felino se había recortado de esa luna redonda y amarilla de anoche. Luna apropiada para que con el vaivén sensual de tu cola, atrajeras a esos machos ansiosos que mantienen escarbando las bolsas de basura.</p>
<p>Se me pusieron los pelos de punta cuando pensé que con dulces ronroneos les habías coqueteado a unos cuantos vagabundos, para después corretear al elegido por los sonoros tejados del vecindario. Sin embargo, esta madrugada te levantaste de tu cama, muy erguida como siempre. Tomaste bien caliente el café de la mañana. Luego te acercaste a mí, me acariciaste el lomo, y pusiste en el suelo el platito de leche con que siempre me alimentas. Bebí sólo la mitad, para castigarme, por malpensado. Y después, rápidamente, me volé por el hueco de la ventana. Cuando ibas a limpiarme con un trapo húmedo las suciedades que se me habían pegado, por andar escarbando, nocturnamente, las bolsas de basura.</p>
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		<title>Una boca cocida a puños</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 19:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jessica Paola</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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		<description><![CDATA[Mi carita de niña buena, se la ha ido comiendo el viento con el tiempo. Cada noche espero tu regreso, pero esta vez, temerosa de un nuevo encuentro. Los niños vienen y van por todo el departamento. Ya llegó la noche y estoy muy cansada, no sabes cuánto lo estoy. Por otro lado, mi corazón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_12814" class="wp-caption aligncenter" style="width: 440px"><img class="size-full wp-image-12814  " title="Una boca cocida a puños" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/01/UUNABOCA_PUROAMOR.jpg" alt="Ilustración por: Paola Guzmán - PURO AMOR" width="430" height="287" /><p class="wp-caption-text">Ilustración por: Paola Guzmán - PURO AMOR</p></div>
<p>Mi carita de niña buena, se la ha ido comiendo el viento con el tiempo. Cada noche espero tu regreso, pero esta vez, temerosa de un nuevo encuentro. Los niños vienen y van por todo el departamento. Ya llegó la noche y estoy muy cansada, no sabes cuánto lo estoy. Por otro lado, mi corazón de madre, de esposa y de mujer, dice que ya no vale la pena aguardar a  tu llegada, aunque, no importa cómo llegues o a qué hora lo hagas, a pesar de todo esperaré pues me preocupas. Mientras tanto, evoco los momentos de nuestra ya efímera felicidad. De verdad, era placentero escuchar tu voz, sentir tus caricias y tu presencia junto a la mía.</p>
<p>A veces no te entiendo, es que no te puedo entender, dices que me amas… sin embargo, lo estoy pensando… y es que… ¡No se daña a quien se quiere! ¡No! Mi boca está cosida con tus puños, traté de ocultarlo con el maquillaje, pero se me hizo imposible. Las excusas de los golpes son estúpidas y los niños ya ni las creen. Estoy pensado y no veo el porqué de tus improperios. Busco a qué atribuirle tu odio insensato hacia mí&#8230; ¿Qué fue lo que te hice, o mejor, qué fue lo que no te hice? Dices que no lo volverás a hacer… El alcance de tus promesas es muy corto ya, con tus engaños te crees muy listo, pero en realidad eres muy débil. En mí se nota tu inseguridad perversa, pero hoy voy a sacar valor. Me mamé de tus malditos golpes e insultos, espero y deseo que te ingresen culo arriba para ver si así le logran hacer digestión a tu cerebro.</p>
<p>Hoy, por última vez mi boca sangrará, no gracias a ti, sino porque la voy a descoser. Fundiré tu puño de acero y del morado de mis mejillas saldrá el coraje para cobrarte mil heridas.</p>
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		<title>Por aquí huele cada vez más a podrido</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2009 22:06:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria Cristina Ibarra Hernandez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<description><![CDATA[“No griten. Denme todo lo que tienen” dijo el tipo. Parece que estuviera escuchando todavía esa horripilante voz al lado mío. Nos mostró un cuchillo, uno extraño y curvo, sabrá Dios, él y su madre,  todas las cosas que habrá cortado ese feo, sucio y versátil cuchillo. El arma cumplió su labor: le di toda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“No griten. Denme todo lo que tienen” dijo el tipo. Parece que estuviera escuchando todavía esa horripilante voz al lado mío. Nos mostró un cuchillo, uno extraño y curvo, sabrá Dios, él y su madre,  todas las cosas que habrá cortado ese feo, sucio y versátil cuchillo. El arma cumplió su labor: <span id="more-7738"></span>le di toda la plata que tenía en mi billetera y mi celular.</p>
<div id="attachment_7739" class="wp-caption alignleft" style="width: 522px"><img class="size-full wp-image-7739" title="Cuento_Podrido_(img)Jairo Cobo" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/09/Cuento_Podrido_imgJairo-Cobo.JPG" alt="Cuento_Podrido_(img)Jairo Cobo" width="512" height="384" /><p class="wp-caption-text">Foto: Jairo Cobo - EL CLAVO</p></div>
<p>Cada vez que me pasa esto siento lo mismo: Entra en mi una melancolía y unas tremendas ganas de salir corriendo de este país. ¿Cómo es que no tenemos un lugar seguro donde vivir? ¿Cómo es que no podemos disfrutar de la noche sin correr riesgo? ¿Cómo es que no me dejan aprovechar cada centímetro cúbico del espacio público y pueden poner una estación de policía en cada esquina y ubicar un soldado cada dos metros? Pero eso no es cuestión de fuerza pública. Y los medios de comunicación nos pueden saturar diciendo que ‘Colombia es pasión’, pero eso no quiere decir que vamos mejorando, seguimos bañándonos en sangre y comiendo excremento.</p>
<p>La primera vez que me atracaron fue un cuarentón en una moto y un joven a pie aprovechándose de mi mala racha y de mis días tristes, de mis pasos lentos y de mis ganas de nada. El joven me haló con toda su fuerza la mochila que llevaba puesta en mi hombro izquierdo hasta romperla, se montó en la moto que lo esperaba a unos metros y se fueron “como alma que lleva el diablo”, quedé totalmente paralizada. La gente después ayuda, aquí en Barranquilla todavía se cuenta eso, pero, ¿De qué vale que haya gente que colabora después de los atracos, si es mejor que no existieran éstas cosas? A lo mejor el que te ayuda es el cómplice del que te roba. Al fin y cabo no es la sangre, es la herida.  Me pregunto: ¿Será que ese joven llegó con mucha comida a casa esa noche? ¿Será que se metió la traba más grande de sus últimos días? ¿Será que vendió mi celular y con eso le pagará el colegio a su hija? ¿Será que lo hace por necesidad o por placer?</p>
<p>He escuchado muchas veces decir a muchas personas que la gente que pide limosna y la que atraca utilizan el dinero para alimentar sus vicios, siempre he pensado  que no es así, pero ya no sé,  qué creer, en este país ya no se sabe en qué creer, el ambiente huele cada vez más a podrido, y no me refiero a las canaletas de agua de los barrios estrato cero, sino a las almas miserables de algunos que creen que sólo la plata es lo que vale, y no corren por sus venas sentimientos nobles de ponerse en los pies del otro, y digo ‘pies’ porque no todos tenemos zapatos.</p>
<p>Puede ser que ahora se acentúen mis sentimientos de inseguridad y miedo, que mi delirio de persecución aumente, que no salga de mi casa si no es acompañada, pero seguirán y seguirán atracando a personas en la calle, seguirán naciendo niños con futuros inciertos preestablecidos, seguirán corriendo por las venas de algunos sentimientos egoístas, seguirán los semáforos dando “empleo”, porque parece ser que todo esto es cuestión de llenar el estómago, de educación y de trabajo, y eso es lo que menos abunda por estos días.</p>
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		<title>PROTESTA… ¿SILENCIOSA?</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 15:32:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabián Cristancho Ossa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[protesta]]></category>

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		<description><![CDATA[Las llantas del coche friccionan con fuerza el concreto. El sonido llama la atención de todos y en segundos aparece una multitud que emblanquece la calle y se dirige hacia el Austin azul. Son monjes que protestan, llevan banderas y pancartas que piden acabar con la opresión religiosa implantada por Ngo Dinh Diem y la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las llantas del coche friccionan con fuerza el concreto. El sonido llama la atención de todos y en segundos aparece una multitud que emblanquece la calle y se dirige hacia el Austin azul.<span id="more-7047"></span></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7978" title="monje" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/08/monje.jpg" alt="monje" width="300" height="198" />Son monjes que protestan, llevan banderas y pancartas que piden acabar con la opresión religiosa implantada por Ngo Dinh Diem y la imposición a sangre y fuego de la religión católica en Vietnam. Diem, católico y primer presidente de la república de Vietnam desde hace ocho años ha sido apoyado por los Estados Unidos de América.</p>
<p>Sin duda, se hará realidad eso que dijo un monje ayer a cuatro voces de que “algo importante” iba a ocurrir aquí en Saigón. Debo confesar que me he demorado en tomar mi jugo de fruta en esta esquina esperando a que “algo importante” pase. Me han contado y he leído mucho sobre estas tierras, la guerra llamó mi atención y como después de una guerra viene la reconstrucción, aquí hay un buen negocio.</p>
<p>Las puertas del coche azul se abren y salen tres hombres con túnicas blancas. La muchedumbre llega rápidamente y los curiosos salimos de nuestro escondite excitados por la conmoción. Uno de los hombres, que parece ser el líder, camina unos metros manteniendo su mirada en el concreto. Para, y un segundo hombre se acerca con una almohada en su mano. El líder se sienta encima de la almohada, en posición de loto.</p>
<p>-¿Qué pasa? – preguntó a un desconocido. Una protesta – dice el hombre- hace un mes cazaron a nueve. Ese, el que ve ahí, es Thich Quang Duc. Me mira de abajo hacia arriba y se percata &#8211; no soy de aquí.</p>
<p>Veo a un tercer hombre, saca del coche un bidón repleto de gasolina y la multitud se aglutina más. El monje sentado le hace una seña a sus acompañantes y éstos lo rocían como si fuera agua para esa flor de loto que se enraíza en el pavimento. Mis piernas tiemblan, mis ojos no pueden ni quieren mirar hacia otro lugar. Veo que en sus manos el monje lleva unos cerillos.</p>
<p>Thich Quang Duc cierra sus ojos y fricciona un cerillo contra la caja. No veo ninguna chispa. En cuestión de segundos, el aire se hace denso y el monje es una antorcha humana, las llamas se apoderan de su cuerpo sin compasión, lo recorren de la cabeza a los pies, el olor a carne quemada es insoportable, el fuego lo consume pero él no se mueve, permanece con sus ojos cerrados, en la misma posición, ninguna expresión en su rostro, ningún movimiento, nada.</p>
<p>Me siento mareado, la gente murmura, unos lloran, otros gritan y el monje sigue carbonizándose en su silencio aún cobijado en esas llamaradas. No puedo evitarlo pero siento que algo de su cuerpo ha entrado por mi nariz, me retiro y vomito en una esquina. Es un momento confuso, empiezo a llorar, me tiro al piso, volteo y aún está allí ese monje de hierro que a pesar de las violentas flamas, no movió ni un músculo.</p>
<p>Un monje con micrófono en mano repite una y otra vez, “Un sacerdote budista se ha quemado hasta la muerte. Un sacerdote budista se ha convertido en mártir”. Las llamas parecen extintas, el ennegrecido cuerpo del monje cae hacia un lado y veo que su silueta parece  la de un niño.</p>
<p>Ya estoy listo para dejar esta tierra. Me llevo una imagen que me atormentará por siempre. Ahora el mundo vuelve y mira con espanto a Vietnam. Salgo por eso, hablan de un golpe de Estado. No es seguro estar aquí cuando tienes visa diplomática y eres estadounidense.</p>
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		<title>MUERTE ENTRE CUATRO PAREDES</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 15:14:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Torres</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[accidente]]></category>
		<category><![CDATA[demolicion]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[Llega el final de la tarde y Paula Andrea, joven aprendiz en una firma de abogados del centro de Bogotá, quiere irse pronto a su casa. Apenas termina sus labores, a eso de las 5:37, se da un par de retoques frente a un espejito de mano. Pero cuando está lista, Manuel (que no le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llega el final de la tarde y Paula Andrea, joven aprendiz en una firma de abogados del centro de Bogotá, quiere irse pronto a su casa. Apenas termina sus labores, a eso de las 5:37, se da un par de retoques frente a un espejito de mano. <span id="more-7039"></span>Pero cuando está lista, Manuel (que no le agrada ni cinco) viene despidiéndose, ella rezonga y deja que Manuel se adelante para no encontrárselo en el ascensor. Sola en la oficina, abre el chat para matar el tiempo y le devuelve el <em>HOLA</em> a alguien que se hace llamar <em>TU ENAMORADO</em>. Piensa no demorarse más de cinco minutos.</p>
<div id="attachment_7975" class="wp-caption alignright" style="width: 290px"><img class="size-full wp-image-7975 " title="casicielo" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/08/casicielo.jpg" alt="casicielo" width="280" height="405" /><p class="wp-caption-text">Ilustración: Nathaly Mancera - ELCLAVO</p></div>
<p>Pero resulta que TU ENAMORADO es nada menos que Marranito diciéndole que ha estado acordándose de ella montones y que muere por verla. Paula Andrea al principio no quiere creerle pero después se va convenciendo, sin notarlo se le pasa el tiempo, y si alguien pudiera verla, se la encontraría con tremenda expresión ridícula ahí sonriendo frente a la pantalla y acariciándose delicadamente un mechón de pelo rubio.</p>
<p>Pasan las horas, y ahora tiene puestos los audífonos y escucha a todo volumen una lacrimosa canción de Ricardo Arjona. Está francamente emocionada con las palabras de marranito, y Arjona ayuda de veras, se la va llevando con sus versos a un arrobamiento que no la deja oír el rugido de los bulldózer que acaban de encenderse y la maquinaria abajo en la calle.</p>
<p>Y cuando está a punto de darle el sí a marranito, el computador se apaga súbitamente y las bombillas y el telefax. <em>“Puta madre, se volvió a ir la luz en este edificio de mierda”</em>, piensa.</p>
<p>El primer sacudón hace remecer las paredes y vidrios de la vieja oficina, y Paula Andrea alcanza apenas a agarrarse de los bordes del escritorio. Tiembla el piso bajo sus pies y, como puede, corre a la ventana para ver, incrédula, el enorme brazo de la máquina de demolición que en un parpadeo vuelve a arremeter contra el edificio, seis pisos debajo de ella.  <em><strong>“¡Paren! –grita desesperada– ¡hay personas dentro!”</strong></em>. Pero el ruido de los bulldózer y las máquinas impide que los operarios puedan escucharla, de modo que corre buscando la puerta de salida y, entonces, ahora también una detonación la aturde violentamente. Las lágrimas ruedan por la cara de Paula Andrea horrorizada y se mezclan en su piel con el polvo de ladrillo que le cae encima con la tercera embestida. Las grietas se van expandiendo en las paredes-galleta, grietas cada vez más profundas, trozos de techo cada vez más grandes que caen sobre Paula Andrea y que destrozan los escritorios, los computadores, las porcelanas.</p>
<p><em>El periódico El Tiempo del 13-12-08 publica: “Inexplicable suceso en el centro: demolido, por error, edificio de oficinas”. </em></p>
<p>“Por fortuna –dice el final de la nota de prensa– no había personas en el interior de la edificación toda vez que el incidente se produjo a altas horas de la noche”.</p>
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		<title>Historia en un bus</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 14:41:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Anuar Bolaños</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 46]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[bus]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[parejas]]></category>

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		<description><![CDATA[Voy pensando en ti, en lo que me gustaría decirte. Imagino el vestido que tendrás puesto, la pose en que te acomodarás en el sofá, tu modo de fumar mientras me escuchas. Todo es una fotografía en mi mente. La penumbra es arenosa y obsequia la luz exacta que me deja ver las líneas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Voy pensando en ti, en lo que me gustaría decirte. Imagino el vestido que tendrás puesto, la pose en que te acomodarás en el sofá, tu modo de fumar mientras me escuchas. Todo es una fotografía en mi mente. <span id="more-6556"></span><img class="alignleft size-full wp-image-7144" title="historia_bus_home" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/07/historia_bus_home.jpg" alt="historia_bus_home" width="495" height="278" />La penumbra es arenosa y obsequia la luz exacta que me deja ver las líneas de tu rostro, tus ojos rasgados, tus labios rellenos.</p>
<p>Estarás concentrada en mis palabras y tus pensamientos al mismo tiempo, y no me dirás nada. Yo hablaré como explicando el mundo con una teoría recién ensamblada.</p>
<p>Ambos tendremos la certeza de que ese no es el encuentro anhelado ni el que deberíamos tener pero dejaremos que fluya hasta que se acabe.</p>
<p>Tomaremos café para evadir el vino, y después de haber gastado el discurso preparado (yo con mi voz, tú con tu silencio, ambos con palabras apuntando en direcciones diferentes y sostenidos por la nostalgia de habernos amado, de extrañar la vida juntos), pasaremos a otros temas, aquellos que nos dejan respirar fluidos, ser ocurrentes y medidos, hacer bromas, nombrar viejos amigos y familiares, recordar anécdotas de momentos en que fuimos felices hace años. Reiremos un poco.</p>
<p>De repente se hará un silencio un poco largo y antes de que se ponga muy incómodo diré que es hora de irme. Entonces me invitarás a quedarme, dirás que aún conservas el sofá-cama que compramos una navidad y yo sonreiré. Será una sonrisa resquebrajada que tú entenderás triste y dolorida. Tú mirada mostrará exactamente esos mismos matices de invierno, y en un escaso segundo nuestras gargantas estarán a punto de soltar lo que hemos guardado en el corazón por tanto tiempo pero no lo harán.</p>
<p>Insistiré en que tengo cosas por hacer temprano en la mañana. Nos abrazaremos de despedida, será un apretón cálido, solidario, casi el preámbulo de un beso. Al zafar el nudo dirás que me vaya bien y yo partiré sin abrir la boca, sin mirarte a los ojos.</p>
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		<title>Contrariedades literarias</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 14:28:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Torres</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 46]]></category>
		<category><![CDATA[contrariedades]]></category>
		<category><![CDATA[literarias]]></category>

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		<description><![CDATA[Se encierra en el baño y se queda un rato mirándose al espejo. Se esfuerza por ver a un gran escritor, no al empleado con camisa y corbata de rayitas que el espejo le muestra. Se resiste con toda la fuerza de su voluntad a ser ese muchacho cansado y con cara de atroz aburrimiento: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_6551" class="wp-caption alignleft" style="width: 329px"><a href="http://www.flickr.com/photos/raouldraws/"><img class="size-full wp-image-6551" title="monstruo" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/07/monstruo.jpg" alt="monstruo" width="319" height="386" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración por: Raúl Orozco a.k.a Raeioul</p></div>
<p>Se encierra en el baño y se queda un rato mirándose al espejo. Se esfuerza por ver a un gran escritor, no al empleado con camisa y corbata de rayitas que el espejo le muestra. Se resiste con toda la fuerza de su voluntad <span id="more-6550"></span>a ser ese muchacho cansado y con cara de atroz aburrimiento: <em>“¡No más! </em>—se dice—<em> ¡Hay que cambiar! ¡Hora de las definiciones!”</em></p>
<p>Sale a toda velocidad, va a su oficina y se sienta frente al computador. En el google busca: ‘consejos de escritores-arte de narrar’ y ahí tienes a tu Hemingway y a tu Cortázar saliéndote con los decálogos más irreverentes, inteligentes, incisivos, imposibles. Imposibles para él que está amarrado a esa silla con cadenas de hierro (cadenas de plata), y que tiene a su espalda cuando menos a tres jefes que en cualquier momento van a preguntarle qué ha estado haciendo toda la mañana, y que no van a sorprenderse gratamente si él llegara a contestarles que quiere hacerse escritor y que ha estado buscando los mejores métodos para lograrlo. No, no les va a hacer cinco de gracia ni van a decirle: <em>“felicitaciones, muchacho, nunca pensé que tuviera esas inclinaciones tan interesantes”</em>; nada de eso porque a él no le pagan para que se vuelva escritor sino para que produzca: pro-duz-ca (<em>“porque todo cuesta en esta vida, mijo”</em>).</p>
<p>Además con qué tiempo, fíjese usted que si algo tenían en común esos escritores era su dedicación, a todos les estaba permitido, si les daba la gana y cuando les daba la gana, ir a encerrarse en su estudio durante días y meses, recibiendo únicamente a abnegadas mujeres que de rato en rato iban a atenderles con bistec y galletitas y coñac. En cambio, él apenas con el tiempo justo para levantarse a las seis, tomarse un tinto, lavarse los dientes y salir disparado al Transmilenio, y de ahí disparado al otro Transmilenio, y de ahí disparado al ascensor, y luego disparado entre asuntos de la oficina; y de tanto andar disparado durante todo el día cómo no va a llegar como un trapo a la casa a quedarse dormido, dígame usted.</p>
<p>Y encima toma que Monterroso y su devoción permanente. Luego, que nada mejor para un escritor que la brisa del mar Caribe, cuando él, a lo sumo, ha visitado las piscinas de Girardot en época de tibias corrientes que emergen a la superficie desde muy abajo, sobre todo, cuando se estaciona uno cerca de un niño o una anciana. Y finalmente, de dónde va a sacar él una musa, si Lili Andrea no hace más que decirle que es una lástima de hombre, léase una <em>pichurria</em>.</p>
<p>Entonces mejor replantearse lo dicho frente al espejo.</p>
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		<title>El coco</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2009 16:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Medina Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[circense]]></category>
		<category><![CDATA[circo]]></category>
		<category><![CDATA[coco]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[payaso]]></category>

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		<description><![CDATA[Entré entusiasmado para gozar de mi primer espectáculo circense como todos aquellos chavalos sonrientes y bulliciosos. Fascinado ante aquella novedad de exquisita luz, tenue y multicolor, entre animales salvajes y valientes trapecistas, dando maromas mortales por los aires al verse seducidos ante la comparsa de aplausos infinitos. Impetuoso. Mis ojos especulativos se clavaron (en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Entré entusiasmado para gozar de mi primer espectáculo circense como todos aquellos chavalos sonrientes y bulliciosos.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: left"><span id="more-5703"></span>Fascinado ante aquella novedad de exquisita luz, tenue y multicolor, entre animales salvajes y valientes trapecistas, dando maromas mortales por los aires al verse seducidos ante la comparsa de aplausos infinitos. Impetuoso. Mis ojos especulativos se clavaron (en el payaso) cuando el telón principal se corrió tan despacio como sólo él sabe hacerlo. Quedé estupefacto, sin aliento, con el semblante completamente pálido, mis padres preocupados trataron de darme ánimo al explicarme las funciones graciosas e inofensivas de aquel artista circense. <img class="size-full wp-image-5714 aligncenter" title="cuento_el_coco_lorena_franco4" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2009/07/cuento_el_coco_lorena_franco4.jpg" alt="cuento_el_coco_lorena_franco4" width="300" height="335" /></p>
<p style="TEXT-ALIGN: left">No quería escuchar o quizá simplemente no escuchaba. Al incrementarse mi conmoción, al sentir próxima la presencia de ese bufón con risa mezquina, comencé a tiritar hasta quebrar la frágil vara del algodón de azúcar color rosa, sostenida con firmeza por mi mano izquierda, al saber mis dedos libres, ceñí con fuerza la suave muñeca de mamá y me desvanecí sobre la butaca por completo. Al llegar a casa, sin resistencia física, volví a aquel cuarto tapizado con cientos de rostros maléficos de arlequines desquiciados, a la sala oscura de mis pesadillas pueriles, a la habitación donde cada noche de función se me hacía sentir morir con el preámbulo del tétrico rechinar de las bisagras del <em>closet</em>, un crujir cambiante toda vez que las pequeñas puertas de color opacas ceden hasta encontrarse abiertas, y el guiñol, salido de la penumbra, avanza con una delicada morbosidad hacia la mi pequeña cama infantil, grávida de suplicios, como otras tantas veces lo había hecho.</p>
<p style="TEXT-ALIGN: left"> </p>
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