¿Aló?

Suena el teléfono. Es mi padre. El viejo siempre se preocupa por saber cómo estoy. Sin embargo, en este momento poco o nada me importa su saludo. Cuelgo al cabo de repetir las mismas tres frases de todas las noches: “sí, estoy bien… claro, luego te visito… chao”.
De nuevo mi angustia y mi zozobra por saber si llamará. Que situación tan estúpida. Que güevón me he vuelto. Por qué simplemente no levanto el auricular, marco su número y llamo. No. No soy capaz. Me cago del susto. ¿Será que desea hablar conmigo?. ¿Le importará acaso sí estoy bien?. Y sobre todo, ¿me habrá perdonado?.
Han pasado tres horas desde que hablé con mi padre. No he parado de observar el teléfono, como tampoco, de escribir y escribir para la estúpida editorial que publica cuanta güevonada garabateo en este viejo computador. La verdad, creo que ya estoy quemado. Pero ellos dicen que soy la mejor pluma de este país y que lo escrito a mi nombre, seguro será bueno.
La historia, que mi dedos dan vida en este instante, poco tiene que ver con lo de siempre. No puedo evitar que la curiosidad y la ansiedad por esa llamada, reflejen los párrafos de este artículo. ¡Maldita sea! Esto se parece a la primera tarea de la escuela de literatura. ¡Qué asco!
Un cigarrillo, un poco de vino, una pausa y… el teléfono. Que cuadro tan patético. Seguro si algunos de mis admiradores me vieran así, dejarías de sentir esa pendejada que sentimos por los ídolos imaginarios.
Me aburre el silencio de este cuarto. Me aburre el olor a crema humectante que hay en el ambiente. Me aburre esta sensación tan estúpida por saber de ella.
Un cigarrillo, un poco de vino, una pausa y… el teléfono. Que cuadro tan patético. Seguro si algunos de mis admiradores me vieran así, dejarías de sentir esa pendejada que sentimos por los ídolos imaginarios.
Me aburre el silencio de este cuarto. Me aburre el olor a crema humectante que hay en el ambiente. Me aburre esta sensación tan estúpida por saber de ella.
Suena el teléfono. Es ella. “¿Aló?”… Nadie responde. No me importa… sé que es ella.


4 Comentarios:
ahyyyyy, creo identificar a este personaje en la vida real, por lo del padre, por lo de la profesión y por lo de ella...
Respecto a la historia, tu vas mejorando en unas cosas pero en otras algunas veces te quedas, esto me parece que está m,uy bien narrado, la descripción está bacana, y la sensación que transmitís, pero la historia en sí está parecida las demás, a todas las que contás, ah no ser que sea una continuació de las otras , o estés creando un personaje no?, bueno un abrazote criGtian (por favor que nunca dejen de decirte así porque me da felicidad)
Por Mónica Diago, a las septiembre 29, 2006 9:12 AM
Ayy Monik. ¿Qué te puedo decir? Quizá (como vos pensás) sea la construcción de un personaje, la unión de varias historias, un estilo que esté buscando, pero eso sí, nunca la misma vaina.
Bacano saber que te gustó la narración, esa es una de mis más especiles excusas para escribir. Ahora tocará ir explorando otros mundos.
Un beso
Por Cristhian Carvajal, a las septiembre 29, 2006 12:03 PM
ME ENCANTA LA NARRACION, PERO SOBRETODO ME ENCANTA PODER LEER LO QUE ESCRIBES!
CHAVITA.
Por ISABEL PEREZ BARONA, a las octubre 02, 2006 11:39 PM
Simplemente, gracias Chavita
Por Cristhian Carvajal, a las octubre 03, 2006 8:43 AM
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