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BUSCANDO A NEMO
Blogs/El Clavo

miércoles, agosto 30, 2006

Destino, hado, sino…

¿Están nuestros actos determinados por algo? ¿Estamos predestinados a ciertas cosas? ¿Todo pasa por una razón?

Estas cuestiones para los hombres pueden tener dos tipos de reacciones generalmente opuestas. Una es la aterradora, la que niega que no podamos ser los forjadores de nuestro futuro, la que reitera que sólo nuestras decisiones determinan lo que va a pasar, la que no permite el pensamiento de que hayan fuerzas extrañas encargándose de nuestro porvenir; sea Dios, los dioses, las parcas, las estrellas o cualquier ente ajeno a esta realidad. La otra, es la tranquilizadora, la que tal vez toman los más religiosos y creyentes, la que nos hace pensar que todo sí pasa por alguna razón y que todo de alguna forma va a terminar bien.

En realidad, hay otra reacción o pensamiento aparte de estas dos. Es la de los que creen en el destino sin pensar exactamente que va a terminar. Es decir, estamos predestinados, más nuestro final puede ser como el de cualquier tragedia griega.

A veces me gusta pensar que el destino existe. Pero claro, qué miedo pensar que nuestras decisiones y acciones no tienen peso ni cambiarán nuestro futuro; qué miedo que lo que vivimos todos los días sea sólo la antesala de algo que ya está planeado. No sé entonces qué me hace pensar esto, pero me pasa con frecuencia. A veces parece, que algo, las estrellas, ‘el bromas’ como dice un amigo que quiero mucho, nos pone ciertas trampas, nos hace ‘bromas’, y es ahí cuando nos vemos enredados tratando de solucionar problemas inverosímiles.

Sea lo que sea, existan las señales o no, hay cosas que nos pasan en la vida que después entendemos por qué pasan, y es ahí cuando nos hacemos preguntas. No es que por esto tengamos que ir a una bruja o pretender encontrar a Tiresias para que nos diga el futuro; simplemente la vida se va encargando de mostrarnos ciertos caminos.

Que la tercera parca no corte por ahora el hilo de mi vida con sus enormes tijeras y me permita seguir descifrándola. Y ustedes ¿Qué piensan del destino?

jueves, agosto 10, 2006

...hombres...mujeres...qué problemita

Todo el tiempo hablo con mi papá y mi hermana. Nada como almorzar un domingo en pijama, sin aretes y con el pelo recogido, disfrutando de una agradable conversación. Después de los chismes de la noche anterior, generalmente nos quedamos en algún tema pegajoso. El domingo pasado continuamos con ‘el machismo’, de lo cual parece que no nos cansamos de hablar. De hecho siempre repetimos temas de los que ya sabemos qué piensa cada uno, y hablamos hasta que se hace necesaria la siesta dominguera.

El caso es que mi papá no se cansa de repetir que la posición del hombre en la sociedad es muy berraca. Aunque mi papá siempre fue un man muy normal, en el sentido en que fue un papasito desde el colegio, tuvo mil novias todas reinas de algo, se tomó todo el aguardiente de Cali y rumbió hasta morir en la época en que se bailaba “…San san, san fernando…”, y fue prácticamente el ‘macho’ típico que su papá le impulsaba a ser diciéndole “tómese este aguardientico que eso es de hombres”, él considera que tiene muy bien desarrollada su parte femenina.

Es decir, él no entiende como es que el ‘pensamiento errado de esta sociedad’ (como él dice) no permite que él le de un beso y un abrazo a un amigo que quiere mucho, porque inmediatamente se vería ‘raro’. Además, todo el tiempo ve cómo los hombres no son capaces de llorar y expresar sus sentimientos, mientras las mujeres no tienen ningún problema en hacerlo. Él siempre dice que las mujeres seremos las salvadoras de esta sociedad, y por eso odia cuando ve a una mujer guache, dura y ordinaria. Y el problema de que el hombre sea así, es la misma sociedad, y por eso él dice que es el colmo por lo que ellos tienen que pasar para aparentar que son unos ‘hombres’. Eso de portarse como un macho a la hora de salir con una mujer es un sufrimiento: “Aparte de armarse de valor, invitarla a salir, recogerla, pagar la comida, la rumbiada, por último el motel, y si a uno no se le para, ahí sí todo es culpa de uno”.

Y entonces mi hermana dice: “Claro, y como en esta sociedad son ellos los que tienen que actuar, uno se queda de brazos cruzados. Si uno les gusta, lo invitan a salir a uno, pero si a mi me gusta alguien ¿qué hago? Rezo, rezar es lo único que puedo hacer. Y peor si uno cambia la tradición y los invita: Esa vieja es una necesitada, una perra, cómo me va a invitar a salir.” Me hace reír mucho.

Lo peor de todo esto es que en verdad los hombres sufren a la hora de caerle a una vieja, pero las mujeres también a la hora de querer conquistar a un man. Si simplemente no fuéramos tan machistas, tal vez las cosas se darían con mayor naturalidad. Pero como las mujeres, sobre todo las mamás (y también los papás), se encargan de continuar con este machismo, es muy difícil que todo cambie.

Lo bueno es que hay excepciones, que en realidad se dan dependiendo de la educación que hayan recibido desde pequeños. Mi papá y sus hermanos, siempre hablan de tener su parte femenina muy desarrollada. Es decir, son hombres sensibles, no tienen problemas para expresar sus sentimientos, no son homofóbicos, ni tienen ese delirio sexista de que algo es de hombre o de mujer. Mi papá repite constantemente el día en que una amiga de la infancia les dijo:”Me encanta esa parte femenina de los Pacheco”.

Y la verdad, a mi también me encanta. No se trata de ser amanerado, ni de hablar o no de cosas de mujeres, se trata de dejar de lado esa prepotencia de los hombres frente a las mujeres que la sociedad ha creado. Que ellos son más fuertes, más duros, que nada los conmueve, que son los que tienen que invitar a salir, etc. Nada como un hombre cariñoso, que no tenga ningún problema para expresar lo que siente, que no tenga prejuicios ni pendejadas. A mi personalmente, me encantan los hombres así. Que no les importe escuchar una canción bonita y cantarla a todo pulmón, que lloren si quieren y cuenten lo que les duele, que no digan “eso es sólo de mujeres”, que, como mi papá, se enternezcan profundamente con un perrito horrible que vean por ahí o con el final de una película.