Lo que me gusta II
Me gusta poner las canciones más desgarradoras cuando estoy triste, encerrarme con mi caja de pañuelos y llorar a moco tendido. Me gusta dormir, arroparme de los pies al cuello y pasar los canales del televisor. Me gusta poner música muy duro cuando me baño y cantar, bañarme con agua hirviendo y luego helada y echarme crema en todo el cuerpo. Me encantan los hombres flacos, blancos y las gafas me vuelven loca, que sepan ser coquetos y que sean interesantes.
Me gusta Kundera y sus pequeñas historias llenas de verdades sobre el hombre, me gusta la locura de Nietzsche, el existencialismo de Kafka, el realismo mágico de García Márquez , el psicoanálisis de Freud, las tragedias griegas y las obras de Shakespeare. Me gusta reírme de las cosas que me pasan, lo que he bautizado como lo “julianesco”. Me gusta escuchar música mientras camino o voy en el bus, ver la gente y la ciudad al ritmo de una canción mientras me imagino quiénes son esas personas, de dónde vienen y para dónde van. Me gusta Forrest Gump cuando dice que la vida es como una caja de chocolates, me gusta ver Sex and the city y hablar con mi hermana de nuestras vidas amorosas. Me gusta cuando nos montamos en el carro de Diego, y Mauro y Gabriel hacen locuras como si fueran niños chiquitos, cuando no queremos hacer nada y nos tiramos a decir bobadas.
Me gusta tener muy buena memoria, acordarme de detalles y cosas que nadie recuerda. Me gustan los boleros, la música vieja y también la triste. Me gusta que el viento me pegue fuerte en la cara, y salir a tomar el sol después de salir de algún auditorio con aire. Me gusta el helado “Mi cañita” de chocolate, montarme en el bus azulito en Bogotá que me baja por la 147 y caminar por la séptima. Me gusta Cartagena y el amor de mi papá por su gente, por eso me gusta la carimañola y la bahía de la Avenida Miramar con todos sus barquitos. Me gusta cuando Mónica me dice “Popó de perro” y cuando Claudia me dice “Tiny Asshole”. Me gusta cuando Diego me dice Fuli y cuando mi papá me dice Pelusa. Me gusta cuando Ferchita dice Eche pa’ la mata y cuando peleo con mi hermana porque no suelta el inodoro. Me gusta tomar fotos, escribir canciones y pendejadas en miles de papelitos, rayar con crayolas de colores, y rayar mi cuaderno de la u.
Me gusta la noche estrellada de Van Gogh y entrar a los museos; me gustan los regalos chiquitos de las tiendas de los museos y los folletos de rutas y lugares de viajes así no los haya hecho yo. Me gusta mi mamá así su recuerdo sea cada vez más vago, pero me gusta recordar su pelo y su piernas largas; me gusta ese lado libanés que le heredé, los almuerzos donde mi abuela Sara, el perfume de la tía Susana y los chismes sobre la colonia libanesa de Cali. Me gustan los ojos grandes, las miradas profundas y las bocas lo suficientemente grandes para besar bien. Me gusta tocar mucho a la gente, los abrazos de oso, los besos y me mata que los hombres que me gustan me carguen.
Me gusta Kundera y sus pequeñas historias llenas de verdades sobre el hombre, me gusta la locura de Nietzsche, el existencialismo de Kafka, el realismo mágico de García Márquez , el psicoanálisis de Freud, las tragedias griegas y las obras de Shakespeare. Me gusta reírme de las cosas que me pasan, lo que he bautizado como lo “julianesco”. Me gusta escuchar música mientras camino o voy en el bus, ver la gente y la ciudad al ritmo de una canción mientras me imagino quiénes son esas personas, de dónde vienen y para dónde van. Me gusta Forrest Gump cuando dice que la vida es como una caja de chocolates, me gusta ver Sex and the city y hablar con mi hermana de nuestras vidas amorosas. Me gusta cuando nos montamos en el carro de Diego, y Mauro y Gabriel hacen locuras como si fueran niños chiquitos, cuando no queremos hacer nada y nos tiramos a decir bobadas.
Me gusta tener muy buena memoria, acordarme de detalles y cosas que nadie recuerda. Me gustan los boleros, la música vieja y también la triste. Me gusta que el viento me pegue fuerte en la cara, y salir a tomar el sol después de salir de algún auditorio con aire. Me gusta el helado “Mi cañita” de chocolate, montarme en el bus azulito en Bogotá que me baja por la 147 y caminar por la séptima. Me gusta Cartagena y el amor de mi papá por su gente, por eso me gusta la carimañola y la bahía de la Avenida Miramar con todos sus barquitos. Me gusta cuando Mónica me dice “Popó de perro” y cuando Claudia me dice “Tiny Asshole”. Me gusta cuando Diego me dice Fuli y cuando mi papá me dice Pelusa. Me gusta cuando Ferchita dice Eche pa’ la mata y cuando peleo con mi hermana porque no suelta el inodoro. Me gusta tomar fotos, escribir canciones y pendejadas en miles de papelitos, rayar con crayolas de colores, y rayar mi cuaderno de la u.
Me gusta la noche estrellada de Van Gogh y entrar a los museos; me gustan los regalos chiquitos de las tiendas de los museos y los folletos de rutas y lugares de viajes así no los haya hecho yo. Me gusta mi mamá así su recuerdo sea cada vez más vago, pero me gusta recordar su pelo y su piernas largas; me gusta ese lado libanés que le heredé, los almuerzos donde mi abuela Sara, el perfume de la tía Susana y los chismes sobre la colonia libanesa de Cali. Me gustan los ojos grandes, las miradas profundas y las bocas lo suficientemente grandes para besar bien. Me gusta tocar mucho a la gente, los abrazos de oso, los besos y me mata que los hombres que me gustan me carguen.

