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	<title>El Clavo &#187; Cristhian Carvajal</title>
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		<title>El Clavo &#187; Cristhian Carvajal</title>
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		<title>Trabajo en equipo</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 13:37:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-17461" href="http://www.elclavo.com/columnistas/trabajo-en-equipo/attachment/cristhian-carvajal-11/"><img class="alignleft size-full wp-image-17461" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/03/Cristhian-Carvajal.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Recuerdo que en el colegio había pocas emociones tan generalizadas como la alegría al sonar el timbre para salir al recreo, la rabia visceral que generaba la frase: “quiz sorpresa” y el alivio absoluto que se sentía al escuchar que dicho quiz sería en grupos o parejas. ¡Si señores!, nada más emocionante que hacer un examen entre varios. Eso es democracia pura. Sin embargo, después de haber cursado todo el colegio y la universidad, sólo hasta la semana pasada realmente entendí qué es trabajar en equipo.</p>
<p>Todo sucedió en un barrio al sur de la ciudad. Caminaba de prisa (¿o se dice con prisa? Por favor alguien pregúntele a Cleobulo) hacia el paradero cuando presencié algo enternecedor: un buen hijo, antes de las ocho de la mañana, ayudaba a su mamá a bajarse de un lujosa camioneta que él conducía, la tomaba de la mano y con mucho cuidado la sentaba en el andén de un antejardín, de la que supongo es su casa. Estando ahí le daba un cariñoso abrazo, un beso tierno en la frente y recibía su bendición. Una escena que aprecié con cariño al tiempo que evitaba pisar a la anciana, quien no dejó de dibujar cruces en el aire mientras su hijo se iba.</p>
<p>Debo confesar que durante el día varias veces pensé en aquella anciana y su hijo. ¿Será que el hijo volvió pronto por ella? ¿Habrá entrado a su casa? ¿Estaría esperando a otro hijo? ¿Qué marca de camioneta era? ¿Por qué será que los rines no dejaban de moverse cuando el carro estaba estacionado?&#8230; En fin, muchas dudas que me sirvieron para distraerme durante los recorridos de los buses. Ya al final del día cuando regresaba a mi apartamento y con la escena a punto de borrarse de mi memoria caché, me topé de nuevo con la tierna anciana. ¡No lo podía creer! Luego de más de ocho horas todavía estaba sentada ahí en ese andén. ¡Pobrecita! Seguro algo grave le sucedió a su hijo. No podía quedarme con los brazos cruzados (es una posición difícil para caminar), por eso fui directamente hacia ella decidido a ayudarla. Cuando estuve a menos de un metro se apresuró a hablarme.</p>
<p>—   Joven, ¡una ayudita por favor!</p>
<p>—   Sí señora, yo precisamente iba a preguntarle…</p>
<p>—   Cualquier limosnita Dios se la ha de pagar.</p>
<p>La inesperada interrupción me dejó atónito. Automáticamente metí mi mano al bolsillo, saqué una moneda y se la entregué. No pude pronunciar una palabra más. Estaba en shock. Lo único que se me vino a la cabeza fueron las palabras de mi madre: “cuando yo sea vieja no quiero que me vayan a tirar a un ancianato. Deben ser buenos hijos, así como…” ¡Cómo el señor de la camioneta! ¡Eso! ¡Qué gran ejemplo!</p>
<p>Llegué emocionado a contar mi experiencia del día a mi novia y vecinos. Extrañamente todos se alarmaron y se indignaron. ¡Qué mal!, eso les pasa por la maldita manía de ver el vaso medio vacío. Ninguno entendió lo bello del trabajo en equipo, la creatividad, el emprendimiento, alianza y coalición de esta familia. ¡Dios la continúe bendiciendo, sobre todo a ese hombre y a sus rines de movimiento infinito!</p>
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		<title>“Prohibido prohibir”</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 13:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>
		<category><![CDATA[Policía]]></category>
		<category><![CDATA[Prohibido]]></category>
		<category><![CDATA[Prohibir]]></category>
		<category><![CDATA[Sistema Carcelario]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta frase, muy famosa por ser una de las primeras ‘pintas’ que algún joven estudioso francés plasmó durante las revueltas de mayo del 68, vino a mi cabeza este fin de semana cuando mi novia contó que a un compañero de trabajo lo habían multado por estar tomándose una cerveza en el andén del restaurante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-16634" href="http://www.elclavo.com/columnistas/prohibido-prohibir/attachment/cristhian-carvajal-10/"><img class="alignleft size-full wp-image-16634" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/02/Cristhian-Carvajal.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Esta frase, muy famosa por ser una de las primeras ‘pintas’ que algún joven estudioso francés plasmó durante las revueltas de mayo del 68, vino a mi cabeza este fin de semana cuando mi novia contó que a un compañero de trabajo lo habían multado por estar tomándose una cerveza en el andén del restaurante donde trabajan. Confieso que inicialmente me pareció lógico que el gerente, dentro de sus reglas, haya optado por la recriminación económica para los trabajadores que beben en horas laborales. Sin embargo, cuando supe que la multa era de $900.000 y que el usurero encargado de asignarla no era el gerente, sino un policía, quedé estupefacto.</p>
<p>            ¡Increíble! Es la primera vez que sé de un pobre infractor del <a href="http://www.cali.gov.co/publicaciones.php?id=18860">Decreto 0352 de junio 26 del 2007</a>. Una de las leyes más absurdas que existe en Cali, la cual prohíbe consumir bebidas alcohólicas en sitios públicos, tal como el andén donde ‘partieron’ a este pobre mesero. Si bien la ley fue creada con las mejores intenciones para disminuir los altos índices de accidentes causados por conductores ebrios, que muchas veces se emborrachan en los establecimientos certificados para la venta de licor, creo que es un despropósito no sólo con los estudiantes desplatados, sino con los tristes policías que a falta de no poder cumplir con mantener la seguridad en la ciudad, ahora les toca vigilar andenes, tiendas, antejardines, parques y calles para multar bebedores.</p>
<p>            ¡No es justo que la Policía tenga tanto trabajo! Imagínense cómo deben de llegar estos pobres hombre a la casa. Ya me parece escuchar sus quejas: “¡Mija, hoy fue un turno agotador! Usted viera, me tocó patrullar toda la noche para atender varias emergencias. La primera fue ir a luchar por mi porción de alitas con gaseosa. Luego corrimos con las armas desenfundadas para atrapar el RedBull que el barman de la discoteca no quería soltar. ¡Y para rematar!, un pobre desgraciado le dio por infringir la ley bebiendo toneladas de licor en el andén donde laboran los jíbaros tranquilamente. ¡Qué trabajo tan duro!”.</p>
<p>            Y claro que lo es, además de todos esos arduos recorridos nocturnos deben estar pendientes de otras leyes inviolables como el Decreto de toque de queda para los menores de edad que no pueden estar en la calle después de las 11:00 pm, sumado con el Decreto que prohíbe la venta de mascotas en la calle. Mejor dicho “la calle está prohibida”, como diría mi abuela, claro que ella se refiere a la inseguridad. La misma que se busca disminuir con estos decretos que poco aportan a la educación de los austeros universitarios, los adolescentes de contraseñas falsas y la gente que se rebusca vendiendo pinchers enrazados con pitbull.</p>
<p>            Por mi parte doy el voto a favor de la educación de los policías para que sigan partiendo cuanta torta, alitas, RedBull, gaseosa y una que otra botella que se luchan todas las noches.</p>
<p>            En cuanto a la notoria habilidad que tiene los dirigentes y concejales caleños para crear súper leyes, les pido el favor encarecido que publiquen la clave a ver si algún día se pueden aprobar leyes —un tanto banales para ellos— como la de Cadena Perpetua para los violadores de los niños. ¿O será que es más fácil imponer multas que hacer una inversión en nuestro sistema carcelario?</p>
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		<title>Una amarga espera</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2010 15:47:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 54]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>

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		<description><![CDATA[¡La sorpresa!   En la sala de espera se encuentra parte de la familia Cortés. El ambiente en el sitio es tenso, no sólo por la apariencia de aquel remedo de clínica, sino porque ha transcurrido una hora sin recibir noticias. La paciencia de César no da abasto. Ahora se arrepiente por no haber tenido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong></p>
<div id="attachment_16803" class="wp-caption aligncenter" style="width: 514px"><a rel="attachment wp-att-16803" href="http://www.elclavo.com/impreso/una-amarga-espera/attachment/una-amarga-espera/"><img class="size-full wp-image-16803" title="Una amarga espera" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2011/03/Una-amarga-espera.jpg" alt="" width="504" height="756" /></a><p class="wp-caption-text">Foto: Suministrada por Quijote Comunicaciones</p></div>
<p style="text-align: center;">¡La sorpresa!</p>
<p> </strong></p>
<p>En la sala de espera se encuentra parte de la familia Cortés. El ambiente en el sitio es tenso, no sólo por la apariencia de aquel remedo de clínica, sino porque ha transcurrido una hora sin recibir noticias. La paciencia de César no da abasto. Ahora se arrepiente por no haber tenido el valor de asistir al procedimiento cuando el médico le dio la oportunidad. Un sentimiento que en lugar de amedrentarlo, lo impulsa a buscar respuestas. Reúne las fuerzas necesarias para colarse, pero antes de conquistar la segunda puerta del pasillo, se encuentra de frente con el médico que la atendió. Éste lo mira de arriba abajo con cara de preocupación y sólo atina a decirle:</p>
<p>— Disculpe señor, pero usted no puede estar aquí. </p>
<p style="text-align: center;">*** </p>
<p>            Ana Lucía, con 21 años encima, es una estudiante de quinto semestre de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle. Proviene de una familia humilde de Sandoná, Nariño, que se dedica a la agricultura. De allá, extraña profundamente a su hermana menor Clara Isabel y a César, su novio.</p>
<p>Clara y ella siempre se han alcahueteado en todas sus cosas, como la vez que la menor quedó embarazada hace dos años y sus padres la sacaron del colegio. Ese suceso, que ahora recuerda insistentemente, fue determinante para la familia. A partir de ahí, el padre dedicó todo su empeño en convertir a su hija mayor en una profesional. La envió a la capital vallecaucana, en contra de todo pronóstico económico, para evitar que fuese a caer en el mismo “error”. Con todo y eso, dos años más tarde la estudiante de Fisioterapia repite la historia y no piensa vivir las consecuencias de su hermana, sabe que aún puede “<em>interrumpir</em> el embarazo”. </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Recogiendo los pasos</strong> </p>
<p>Durante la primera etapa de la exploración sobre el tema del aborto, sólo contaba con algunos casos recogidos a través de amigos. A pesar del buen número de referenciadas que tenía, ninguna quería dar su testimonio. No había sido posible reunirme con alguna de ellas, hasta hoy, cuando la amiga de un colega accedió y me citó en un café al norte de la ciudad.</p>
<p>            Es una mujer delgada, trigueña, de ojos grandes y pelo abundante. Da la sensación de ser desinhibida, no sólo por su tono de voz, sino por el poco tiempo que le llevó entrar en confianza.</p>
<p>            — ¿Te cuento de una vez cómo fue o me vas a hacer algunas preguntas?</p>
<p>            — Primero ordenemos algo de tomar</p>
<p>Durante el tiempo que tardó en llegar el par de cafés a la mesa, Dayana<a href="http://www.elclavo.com/wp-admin/post-new.php#_ftn1">[1]</a> ya había narrado que es egresada del Liceo Francés, tiene veinte años y estudia en la Universidad de los Andes en Bogotá.</p>
<p>— Fue muy difícil cuando me enteré del embarazo, porque estaba en el colegio y había sido con alguien que no quería mucho. Nunca pensé que fuera a quedar embarazada, pues me ‘cuidaba’. Pero es una bobada decir eso cuando no planificás. A estas alturas, sé que planificar no es ponerse un condón y ya.</p>
<p>“Para salir de la duda, fui sola a hacerme la prueba y casi me muero cuando salió positiva. Rápidamente llamé a mi novio que estaba fuera del país. Cuando llegó, le mostré la prueba y gracias a Dios recibí mucho apoyo, al punto que quiso tenerlo. ¡Era increíble! Él no alcanzaba a dimensionar lo que estaba pasando: ¡¿Tener un hijo a los 16 años cuando tus papás se han matado por tenerte en un colegio?! No, eso no estaba entre mis planes, ¡jamás!”</p>
<p>“Entonces fuimos a buscar dónde abortar y fue la cagada. Visitamos muchos lugares antes de dar con el que consideramos apropiado. ¡No te imaginás la cantidad de sitios que hay en la ciudad! Descubrí que abortar era la cosa más sencilla. Todo el mundo lo ha hecho, incluso hay viejas que lo hacen por deporte”.</p>
<p>La versatilidad que Dayana ha adquirido estudiando Literatura hace que su historia tenga un tono fantástico, por momentos increíble. Entonces decidió invitarme a recoger los pasos de su vía crucis. </p>
<p style="text-align: center;">* * * </p>
<p>En Colombia, según Ley 599 de 2000, está prohibido el aborto y se considera un delito con pena de uno a tres años de cárcel. Sin embargo en el 2006, mediante el proyecto Laicia (Litigio de Alto Impacto en Colombia: la Inconstitucionalidad del Aborto), se logró liberalizar el aborto, en contra de la opinión del mayoritario movimiento pro vida del país.</p>
<p>            Motivados por la Laicia, la Corte Constitucional de Colombia, en mayo de 2006, despenalizó el aborto para los siguientes casos: que el embarazo sea fruto de una violación denunciada, cuando haya una malformación grave del feto que sea incompatible con la vida, o cuando el embarazo represente riesgo para la vida de la madre.</p>
<p>De todas maneras y a pesar de estar considerado como delito, descartando las excepciones mencionadas, el médico de familia Gustavo Céspedes —quien se ha desempeñado además como gerente de algunas clínicas y EPS— argumenta que “el aborto se practica de manera ilegal en todos los estratos sociales y diferentes tipos de comunidades”. El galeno, manifiesta el peligro que hay de fondo en esto, sobre todo para aquellas que acuden a sitios clandestinos con personal no calificado, tal como lo hizo Dayana. </p>
<p style="text-align: center;">* * * </p>
<p>El primer lugar que visitamos fue una casa en un barrio residencial que nada tenía de semejante a una clínica. Hoy está remodelada y habitada por una familia que desconoce las actividades realizadas por los antiguos inquilinos. Al sitio llegaron referenciados por un amigo del novio de Dayana, quien había financiado ahí un aborto de su pareja. No obstante, el desagrado que producía el sitio no la motivó a dar un paso más allá de la improvisada recepción.</p>
<p>Debido al temor que sentían para explicar lo que necesitaban, visitaron varias droguerías aledañas con la excusa de cotizar medicamentos para regular la menstruación. De esa forma era posible que algún vendedor se compadeciera y les ofreciera pastas para acabar el embarazo. Pero no fue así.</p>
<p>Del barrio farmacéutico continuamos hacia San Fernando, sector tradicional al sur de Cali, donde Dayana señaló el sitio donde abortó. Una droguería que en ese entonces era propiedad de un matrimonio, donde el hombre era cómplice del “negocio” de la enfermera. Su silencio se mantuvo gracias al 20% de comisión que recibía por práctica. Sin embargo, ese día no habría de terminar el vía crucis, pues una falla en el presupuesto ($100.000) lo aplazó.</p>
<p>— Al día siguiente, en la sala de inyectología, me mostró una serie de pastas y dijo: “estas grandes se las voy a meter ya, éstas en dos minutos, éstas en media hora y éstas vía oral”. Luego de acabar, me dio otras pastillas para el dolor junto con sus números telefónicos por si me pasaba algo. Finalmente, dijo que me debía poner pañales durante los siguientes tres días. — Tiempo en el cual sufrió dolores profundos e intensos que espera no volver a sentir.</p>
<p>Antes de partir del lugar y separar nuestros caminos, Dayana rememora angustiada los días que esperó para que “la masa” terminara en el fondo del pañal. Tener que asistir al colegio en pañales, sumado a los fuertes retorcijones que no cedían ante las pastas para el dolor, produjeron en ella un coctel de remordimiento que la llevó al límite de la carga emocional. Incluso llegó a sentir culpa a pesar de estar segura que estaba en todo su derecho.</p>
<p><strong>En la fiesta de la vida</strong> </p>
<p>El laboratorio Serh de la Universidad del Valle, lugar de prácticas para la rehabilitación humana, es ahora escenario del popular <em>baby shower</em>. Un festín que los futuros colegas de Ana Lucía organizaron. La decoración es similar a la de una fiesta de cumpleaños, sólo que las bombas y adornos son de color blanco y violeta. En un rincón del salón, donde se arrumaron algunas camillas para darle campo a una serie de sillas acomodas en forma de mesa redonda, se encontraba la recepción y el lugar de los invitados.</p>
<p>            Con la música de fondo y casi todos los asistentes presentes, la figura rolliza de Ana irrumpe en el lugar. No puede ocultar el asombro que le produce semejante escena, pues no esperaba un gesto así por parte de sus compañeros, como tampoco enfrentarse de esa manera a una realidad que hasta el momento había disimulado gracias a su contextura física. </p>
<p style="text-align: center;">*** </p>
<p>Los primeros meses de un embarazo son de alto riesgo. El porcentaje para que un ovulo fecundado termine en un embarazo donde nace un niño sano, es realmente bajo. En el primer trimestre del 30% al 40% de los embarazos totales pueden perderse de manera espontánea. En la mayoría de ellos, la mujer ni siquiera se entera de que estuvo embarazada. Antes de terminar el segundo trimestre más o menos del 15% al 20% de embarazos terminan en un aborto. </p>
<p style="text-align: center;">*** </p>
<p>Ana recupera el aliento después del proceso de parto natural. Ahora carga en los brazos a una pequeña bebé que no ha dejado de llorar y moverse con insistencia. Algo inusual que obliga el traslado del neonato hacia la sala de Cuidados Intermedios. Al parecer, presenta problemas respiratorios que son de poco riesgo.</p>
<p>Ha pasado una hora completa sin noticias de la nueva integrante de la familia. Clara Isabel sigue con sus oraciones mientras César intenta recibir respuestas de varios médicos pero ha sido inútil. Entonces toma fuerza y decide eludir las restricciones de Cuidados Intermedios para enfrentar al médico que atendió a Ana. No alcanza a atravesar el pasillo cuando se topa con él. Éste lo mira de arriba abajo con cara de preocupación y sólo atina a decirle:</p>
<p>— Disculpe señor, pero usted no puede estar aquí—. En ese momento ninguno imagina que acaba de cruzarse con la persona que buscan.</p>
<p>— ¡No me voy a salir hasta que me den razón de mi hija!</p>
<p>Inmediatamente el ginecobstetra descubre que aquel hombre es el padre del bebé que minutos antes vio nacer. Por un instante piensa en calmarlo y llevarlo a la sala de espera, pero sabe que sería imposible. Entonces respira profundo como queriendo ganar unos segundos más, levanta la cara y, evitando contacto visual con el desesperado padre, dice:</p>
<p>— Su hija sufrió un paro cardiopulmonar… Lo siento mucho.</p>
<hr size="1" /><a href="http://www.elclavo.com/wp-admin/post-new.php#_ftnref1">[1]</a> Nombre cambiado por petición de la fuente</p>
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		<title>¡Dejemos la maricada!</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Sep 2010 14:40:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>
		<category><![CDATA[homosexualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde la época del colegio este tema me acompaña. Es lógico. Fui educado en un colegio franciscano que por excelencia (no me refiero a su educación) es masculino y ciertamente con mayor facilidad para fomentar ambientes de cariño varonil. Recuerdo que era normal ir en manada al baño, darse nalgaditas como señal de apoyo, consentir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-15608" href="http://www.elclavo.com/columnas-en-el-clavo/dejemos-la-maricada/attachment/cristhian-carvajal-9/"><img class="alignleft size-full wp-image-15608" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/09/Cristhian-Carvajal.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Desde la época del colegio este tema me acompaña. Es lógico. Fui educado en un colegio franciscano que por excelencia (no me refiero a su educación) es masculino y ciertamente con mayor facilidad para fomentar ambientes de cariño varonil. Recuerdo que era normal ir en manada al baño, darse nalgaditas como señal de apoyo, consentir al amigo enfermo, caminar abrazados y algunos hasta llegaron a hacerlo cogidos de las manos con los dedos entrecruzados. Todo era parte de una cotidianidad que permitía a los más osados salir del closet.</p>
<p>Si bien es cierto que esas muestras de ternura no obedecían, en su mayoría, a una inclinación rosa, generaba confianza a los que sí la tenían. Un impulso que pagaban con creces, pues una cosa era entrar en la lógica del manoseo permitido y otra muy distinta decir que gozan de gustos vigorosos. Pobres tipos. Sus vidas se reducía a burlas gigantescas, como la que sufrió un estudiante en medio de una misa en el coliseo cuando desfiló para tomar la hostia y todo el colegio gritó al unísono: “¡LOCA!”. A partir de ahí eran una especie de leprosos que nadie se les acercaba, sólo su convertido gay-mejor-amigo. El único tipo capaz de entenderlo y no juzgarlo.</p>
<p>Desde hace varios años el colegio ya es mixto, un reajuste debido a la tendencia a la baja en las matrículas, algo que permitió disminuir la crueldad contra “el diferente”, ahora la comparten con las marimachas. Ejemplos a escala de la discriminación que se vive en la sociedad. No en vano cuando nos reunimos con los compañeros del colegio nadie quería reconocer amistad alguna con D. A., el gay de nuestra generación.</p>
<p>Este antiguo trato repelente hacia los homosexuales comienza precisamente ahí, en el colegio. De ahí mi celebración cuando supe que en el Valle del Cauca había salido una cartilla para docentes que busca dar pautas en educación sexual, especialmente en el reconocimiento de la diversidad de género. Se trata de una serie de folletos, libros y CDs  que contienen canciones que invitan al respeto, cuentan historias homosexuales, de lesbianismo y homofobia. Pero ¡oh sorpresa!, la semana pasada vuelvo y me entero que en esta misma ciudad, la que ha parido grandes artistas, cineastas, actores, actrices, concejales y gobernadores —no importa su inclinación sexual—, es la misma que tiene seres retrógrados que ahora quieren censurar esta iniciativa porque, según ellos, es una herramienta pedagógica que “induce al homosexualismo”.</p>
<p>Por eso no sorprende la tardanza que hemos tenido en reconocer derechos a las parejas del mismo sexo, entre ellos formar una familia. Argentina acaba de dar el primer paso en Sur América al avalar los mismos derechos que tienen los heterosexuales para los homosexuales. No obstante, en nuestra patria boba (¡estúpida!) pasará un par de eones antes de acabar con esta discriminación, que se coló incluso en la  Constitución de 1991 a pesar de ser tan “liberal”.</p>
<p>Me pregunto: ¿qué será de la vida de mis compañeros que salieron del locker? ¿Por qué ellos no van a nuestras reuniones? ¿Hoy, diez años después, todavía nos avergonzaríamos al saludarnos? ¿Finalmente quiénes son los de la maricada?</p>
<p><strong>Bonus Track</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Excúsenme los lectores que esperan divertirse con la columna, pero este tema no puede seguir siendo motivo de burla, ni que se tratara de un artículo sobre Ricky Martin.</p>
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		<title>Marbelle vs. Natalia Paris</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 17:10:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>
		<category><![CDATA[Marbelle]]></category>
		<category><![CDATA[Natalia París]]></category>

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		<description><![CDATA[A simple vista esta comparación puede resultar odiosa y sensatamente absurda. Lo entiendo y créanme que hasta la semana pasada estuve de acuerdo. Pero después de apreciar a Naty Paris en cueros, gracias a las astucias de la Revista SoHo, no pude evitar pensar inmediatamente en lo parecida que es a Marbelle: otra hermosa mujer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-15350" href="http://www.elclavo.com/columnas-en-el-clavo/marbelle-vs-natalia-paris/attachment/cristhian-carvajal-8/"><img class="alignleft size-full wp-image-15350" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/08/Cristhian-Carvajal1.png" alt="" width="125" height="108" /></a>A simple vista esta comparación puede resultar odiosa y sensatamente absurda. Lo entiendo y créanme que hasta la semana pasada estuve de acuerdo. Pero después de apreciar a Naty Paris en cueros, gracias a las astucias de la Revista SoHo, no pude evitar pensar inmediatamente en lo parecida que es a Marbelle: otra hermosa mujer que había posado desnuda en más de una ocasión para la portada de esta publicación.</p>
<p>Ya imagino los madrazos que me debo estar ganando por tan osada comparación. De antemano quiero ofrecerles mis más sinceras excusas a todos los seguidores de Marbelle por mi atrevimiento, aunque espero convencerlos de que no es un insulto referenciarla con la desnutrida paisa; una modelo que todavía no ha sido merecedora de una telenovela y que, si acaso, sólo ha protagonizado escándalos mafiosos, chistes flojos y un par de películas (una de ellas todavía está <a href="http://www.facebook.com/pages/Revista-Cartel-Urbano/251699338005?v=wall#!/profile.php?id=1587932843&amp;v=info&amp;ref=ts">En Coma</a>).</p>
<p>Sin más rodeos, comencemos por lo obvio, ambas son divas que se han preocupado y destacado por su físico, basta con valorar sus curvas acentuadas por el bisturí para darse cuenta. Lamentablemente fueron atendidas por diferentes cirujanos. Éste podría ser un primer punto de discordia, pues uno de ellos confesó ser seguidor del arte fantástico y lo imprimió en el trabajo con la reina de la tecno-carrilera. Pero no nos pongamos con pequeñeces, tanto la rubia como la morena quedaron en su punto.</p>
<p>Ahora bien, alejándome de las banalidades de lo físico, donde queda claro que la juventud se impone —recuerden que Marbelle tiene apenas 30 años, aunque no lo parezca—, entraré a comparar sus talentos que las llevaron donde hoy están: en Teras de información de discos duros de computadores, donde no nos cansamos de guardar sus imágenes. Ojalá y pronto sigan los pasos de Luly Bosa y Ana Karina Soto para que la saquen del estadio. Bueno, retomando el tema de sus talentos resulta sencillo ver las semejanzas, las dos comenzaron muy jóvenes a mojar prensa y destacarse en su oficio del entretenimiento. Por igual asombraron con sus movimientos y destrezas ante las cámaras fotográficas. Si me apuro, advertiría que nuestra protagonista de novela podía haber sido también una gran modelo, así lo demuestran las fotos del último trabajo discográfico; unos retratos dignos de hacer parte de la sala del Museo Nacional donde reposan obras tan hiperrealistas como La Naranja de Fernando Botero.</p>
<p>Después de todo este balance escueto sólo me resta dedicar mi columna a estas dos mujeres que me hacen perder el sueño. La primera lo hace de una manera directa cuando por desgracia la veo actuar y sus primeros planos me atormentan la noche. La otra en cambio, se cuela en mis sueños desde hace varios años donde he anhelado haber tenido los cogones de seguir los pasos de tanto traqueto que la tuvo a su lado. Hoy nada más me quedan estos medios —impresos y virtuales— para expresar mi encanto por una paisa que podría hacerme olvidar el repudio que me produjeron sus paisanos, gracias a un enano que tuve que escuchar los últimos ocho años.</p>
<p>¡Gracias a las dos por existir!, sobre todo a ti Marbelle que con tus encantos cada vez me haces desear más las insípidas que no te llegan ni a los tobillos.</p>
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		<title>Ni DiCaprio ni Brad Pitt me hacen llorar</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Aug 2010 19:47:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde que tengo uso de razón —entre los 14 y 15 años— rondo las salas de cine, realizando mi terapia semanal de estar a oscuras viendo una película. Ya alguna vez escribí sobre ese Ritual Solitario, el cual comenzó precisamente viendo una de las películas que más lágrimas femeninas ha generado. Hablo de Titanic. Una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" rel="attachment wp-att-15082" href="http://www.elclavo.com/columnas-en-el-clavo/ni-dicaprio-ni-brad-pitt-me-hacen-llorar/attachment/cristhian-carvajal-7/"><img class="alignleft size-full wp-image-15082" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/08/Cristhian-Carvajal.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Desde que tengo uso de razón —entre los 14 y 15 años— rondo las salas de cine, realizando mi terapia semanal de estar a oscuras viendo una película. Ya alguna vez escribí sobre ese <a href="http://www.elclavo.com/impreso/edicion-21/ritual-solitario/">Ritual Solitario</a>, el cual comenzó precisamente viendo una de las películas que más lágrimas femeninas ha generado. Hablo de Titanic. Una cinta que por ese entonces era la sensación, por la cantidad de nominaciones a los premios Oscar, catorce para ser más exactos, y porque el pobre de Di Caprio moría congelado. A decir verdad, nunca logré entender por qué tuvo tantas nominaciones, ni cómo alguien podía llorar viendo a ese tipejo. ¿Es que acaso no se daban cuenta que era ficción?</p>
<p>Era entendible que en mis primeros años de racionalidad este tipo de manifestaciones me dejaran, por no decirlo menos, aterrado. No me cabía en la cabeza que la gente se conmoviera con Brad Pitt en la escena final de <em>Seven</em>, en vez de aplaudirlo por su actuación en <em>Doce Monos</em>. Para mí era claro que uno iba a cine a entretenerse, no a que lo devolvieran melancólico y mocoso. Sin embargo, de tantas visitas a las salas fui descubriendo que había filmes que inyectaban mugre en mi ojo y  que curiosamente me alegraban la noche.</p>
<p>A partir de ahí, empecé la lista de películas lloronas. Una serie de títulos que procuraba repetirme a solas, con el fin de llorar tranquilo. Es que es muy bravo hacerlo a lado de tu papá o tu novia, nada de eso: “¡los hombres no lloran!”. Así que yo no lo hacía… en público. Digamos que era una especie de ceremonia de recogimiento que no necesitaba participación grupal.</p>
<p>Recuerdo que en los inicios de mi deshidratación, procuraba no retomar el tema de Titanic, del que tanto me había burlado, pues ya no tenía derecho. A mi favor, solo podía argumentar que casi todas mis películas lloronas eran de productoras y directores independientes. En mí no hacía efecto las fórmulas de grandes producciones, con héroes y heroínas de Hollywood, que tenía un banda sonora tipo sinfónicas. Por el contrario, eran las historias de barrios, de amigos, de seres humanos parecidos a los que me rodean, que lograban activar el llorómetro.</p>
<p>Aunque sé que no todos tienen la misma debilidad ocular, lograr esa reacción en un espectador es la satisfacción del deber cumplido, tal como lo hace la risa en una comedia. Es cierto que hay métodos amarillistas y público, un tanto estúpido, al que lograr conmover. Pero también es claro que una buena historia con elementos dramáticos bien argumentados, desenlaces sorpresivos y finales sensatos, cautivan a cualquiera, al punto que olvidamos, durante ese tiempo, dónde estamos.</p>
<p>Así que si usted es de los que mojan pupila y está orgulloso como yo, le recomiendo la siguiente terapia que recorre brevemente desde lo clásico hasta lo más reciente: <a href="http://www.imdb.com/title/tt0034583/">Casablanca</a>, <a href="http://www.imdb.com/title/tt0095765/">Cinema Paradiso</a>, <a href="http://www.imdb.com/title/tt0387914/">Voces Inocentes</a> y la película que no he podido superar a pesar de haberla visto más de diez veces: <a href="http://www.imdb.com/title/tt0441297/">Habana Blues</a>. ¿Cuándo será que Benito Zambrano saca su próximo filme a ver si dejo la pendejada?</p>
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		<title>¿Qué ha pasado con el cine colombiano en 2010?</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 16:38:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Edición 53]]></category>
		<category><![CDATA[Impreso]]></category>
		<category><![CDATA[cine colombiano]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Durante los dos últimos años, la producción de películas colombianas tuvo un pico interesante en la cantidad de filmes realizados en el país. Este hecho, clave en la conformación del cine colombiano y la tan nombrada Industria Cinematográfica —que todavía está lejos—, ha tenido una fuerte caída en el primer semestre de este año. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><a rel="attachment wp-att-19511" href="http://www.elclavo.com/entretenimiento/cine/que-ha-pasado-con-el-cine-colombiano-en-2010/attachment/contracorriente1/"><img class="aligncenter size-full wp-image-19511" title="contracorriente1" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/08/contracorriente1.jpg" alt="" width="600" height="466" /></a>Durante los dos últimos años, la producción de películas colombianas tuvo un pico interesante en la cantidad de filmes realizados en el país. Este hecho, clave en la conformación del cine colombiano y la tan nombrada Industria Cinematográfica —que todavía está lejos—, ha tenido una fuerte caída en el primer semestre de este año. Si bien el 2008, con trece películas criollas proyectadas, tiene hasta el momento la medalla de oro al año con más estrenos, el 2009 no se quedó atrás al exhibir doce (incluido el documental El retrato de mi padre). Entonces, ¿qué está pasando ahora? ¿Por qué no continuamos con el ritmo? ¿Será que se está acabando la gasolina de las productoras?</p>
<p>Al iniciar el año, la lista de películas para estrenarse llegaba a veinte, sin embargo, hasta el momento han rodado por las salas sólo cinco, de las cuales tres son coproducciones con países como Perú, Panamá y Costa Rica. Ésta, es una de las razones de los pocos títulos colombianos en cartelera, pues normalmente en una coproducción, el país invitado es el que más inyecta capital. Hecho que le permite organizar el circuito de exhibición, donde primero se viaja a países con festivales, que llena de insignias las cintas, con las que llegan a su país, para luego ir por el público colombiano. Requisito que tienen, no sólo las empresas distribuidoras, sino el imaginario del espectador: entre más premiada sea la película, más vale la pena invertir en la boleta.</p>
<p>Ahora bien, las películas made in Colombia, que son rodadas completamente en el país, con el sudor y bolsillo de compatriotas, la tienen más difícil. Pues, en el proceso de producción de cada cinta hay el mismo problema: no alcanza el billete para la postproducción y exhibición. En Colombia, por una parte, la mayoría de los estímulos destinados para el cine se concentran en la preproducción y rodaje, pero son bien pocos los fondos destinados para llevarla a la pantalla grande. Por otro lado, las empresas de exhibición del país, no está teniendo buenos dividendos de estos filmes, es decir, hasta el momento, no es un buen negocio.</p>
<p>Frente a este panorama, no sorprende que la tendencia sea la caída de las producciones. Nadie podrá competir con los requisitos mencionados, a menos que la bolsa de dinero para la postproducción aumente o se eduque al espectador, como lo propuso Óscar Ruiz Navia (El vuelco del cangrejo) durante un cine foro que se hizo en Bogotá, sobre su ópera prima. En ese orden, sería mejor apostarle a lo segundo, pues ya es mucho cuento que exista una Ley que permita rodarlas.</p>
<p>Hay que educar y entender los gustos del espectador, quien siempre está dispuesto a divertirse y dejarse llevar por una buena historia. Todavía la balanza se inclina por el entretenimiento —cosa que tiene bien clara Dago García, cineasta que, durante la última década, ha hecho una película cada año—, por eso, el reto es llenar de buenas historias e identidad al cine colombiano.</p>
<p>El camino no es inundar de cintas que duren una semana en cartelera y ya. Lo ideal será celebrar dentro de poco el pódium del año con películas colombianas que tuvieron más de cinco millones de espectadores, así sea que se estrenen seis al año.</p>
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		<title>Los lectores que no leen</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 19:46:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace algún tiempo, mientras editaba la revista El Clavo, tuve una discusión acalorada con un escritor que vertiginosamente había ascendido hasta el Consejo Editorial. A decir verdad, fui uno de los que abogué para que entrara, sin imaginarme que iba generar más problemas de los encontrados en la mala redacción de los escritos que llegaban. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" rel="attachment wp-att-14471" href="http://www.elclavo.com/columnistas/los-lectores-que-no-leen/attachment/cristhian-carvajal-6/"><img class="alignleft size-full wp-image-14471" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/07/Cristhian-Carvajal3.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Hace algún tiempo, mientras editaba la revista El Clavo, tuve una discusión acalorada con un escritor que vertiginosamente había ascendido hasta el Consejo Editorial. A decir verdad, fui uno de los que abogué para que entrara, sin imaginarme que iba generar más problemas de los encontrados en la mala redacción de los escritos que llegaban.</p>
<p>Todo sucedió cuando le entregué el Manual Editorial de la Revista, donde se expone, además de otros pormenores, que “(…) <em>Se recomienda a los escritores que antes de escribir para la Revista piensen que:</em> (…) <em>Los que leen El Clavo son estudiantes universitarios y de colegio, que no tienen la lectura como hábito</em>…”. Frente al enunciado, que me parecía de lo más coherente con las estadísticas de lecturabilidad, el novato presentó airadas protestas. Argumentó que ya no haría parte de la Revista porque no deseaba ser leído por quienes no leen y, concluyó tajantemente, que era una estupidez hacer una revista para no-lectores.</p>
<p>Antes de aceptar su renuncia traté de persuadirlo, pues considero que es una pluma prometedora. Refuté su rabia invitándolo a un café y explicándole que lo que se pretendía era incitar a los escritores para que redactaran textos con prosa sencilla y atractivos al público joven. Quise darle a entender que los lectores que sí leen ya los teníamos cautivos y que queríamos llegar al resto del mercado, para ver si le arañábamos un poco de su mesada, que destinaban responsablemente a las cervezas. Sin embargo, de nada sirvió la inversión del café, sus argumentos fueron más sólidos y hoy, estoy de acuerdo con él.</p>
<p>En ese momento, era descifrable mi posición. No quería dejar ir un buen escritor y debía cumplir con un Manual, que era mi camisa de fuerza. Cuando comenté al Consejo Editorial el motivo de su renuncia, todos prácticamente se burlaron por tan ilógica decisión e inocentes argumentos. Pero, el ñoño-lector que tengo adentro había quedado muy decepcionado. ¿Realmente teníamos cautivos a los lectores-lectores? ¿Sería que tenía lavada la cabeza? Después de esto, ¿podría seguir como Editor?</p>
<p>Pues bien, ahora sé que es un absurdo pretender que los lectores sean un nicho de multitudes. Nunca lo han sido, ni lo serán. Entonces, ¿cómo competir entre los medios impresos y los audiovisuales, que se suponen son los preferidos? Martín Caparrós dice, en el prólogo del libro <em>Las mejores crónicas de Gatopardo</em>, que con la aparición del Cine y la Televisión “<em>muchos supusieron que la escritura era el modo más pobre de contar el mundo: el que ofrece menos sensaciones de inmediatez, de verosimilitud. La palabra no muestra: construye, evoca, reflexiona, sugiere. Ésa es su ventaja</em>”.</p>
<p>Como herencia de mi tiempo de editor, eliminé ese argumento del Manual. Primer paso para desvirtuar la idea del lector-no-lector. No es gran cosa, pues hoy en esta Revista, y en la gran mayoría, hay cada vez menos espacio para el texto y más para la imagen. Una decisión que va de la mano con el mismo argumento. Afortunadamente, todavía hay publicaciones para ñoño-lectores como Gatopardo y El Malpensante, que dan espacio a textos de largo aliento. Ahora que recuerdo, no soy suscriptor de ninguna de las dos. ¿Será que cancelo las de SoHo, Playboy y Donjuan para hacerlo en estas revistas?&#8230; Difícil paradoja, mejor las sigo leyendo por Internet.</p>
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		<title>Santa Payola</title>
		<link>http://www.elclavo.com/columnistas/santa-payola/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 02:20:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristhian Carvajal]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Payola]]></category>

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		<description><![CDATA[Si uno busca este término en el Diccionario de la Real Academia Española, no encuentra significado, a pesar de su parecido con la palabra Paella. Sin embargo, cuando entendí el uso popular de dicha expresión, supe que poco se trataba de culinaria. La primera vez que la escuché fue en una reunión con unos amigos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" rel="attachment wp-att-14265" href="http://www.elclavo.com/columnistas/santa-payola/attachment/cristhian-carvajal-5/"><img class="alignleft size-full wp-image-14265" title="Cristhian-Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/07/Cristhian-Carvajal2.png" alt="" width="125" height="108" /></a>Si uno busca este término en el Diccionario de la Real Academia Española, no encuentra significado, a pesar de su parecido con la palabra Paella. Sin embargo, cuando entendí el uso popular de dicha expresión, supe que poco se trataba de culinaria.</p>
<p>La primera vez que la escuché fue en una reunión con unos amigos, que se dedican a la música, quienes dijeron que habían tenido que darle “payola al portero para que los dejara entrar”. Ya entenderán por qué pensé en comida: nada mejor para un celador que un buen plato recalentado. Pero, al saber que se trató de dinero, no pude evitar mi sorpresa por ser el único en no entender.</p>
<p>Pues bien, mi ignorancia se debía a que no estaba familiarizado con el mundo de la música, donde todos saben de qué se trata. Enterarme que al soborno le tenían un apodo tan peculiar no fue gran cosa al lado de las utilidades que obtiene los programadores y directores de emisoras. Tal como sucede en la política donde muchos saben que en los contratos hay tajadas para los mandatarios, en la música hay que pagar boletos para ser programados y triunfar.</p>
<p>Al parecer, este no es un negocio transparente a los ojos de los gerentes y dueños de las cadenas radiales, quienes no pierden su tiempo en pequeñeces. Éstas dejémoslas para los que tienen el poder al aire, un reconocimiento en la clase popular y un salario ajustado. Ellos deben ayudar a las nuevas promesas de la música, pero, ¿cómo hacerlo gratis? No, definitivamente el trabajo tiene su precio, que, según algunos músicos inversionistas, puede llegar hasta tres salarios mínimos por emisora, digo por programador o director. La suma se convierte en millonaria, si se desea pegar una canción a nivel nacional. ¿Acaso alguien dijo que sería barato?</p>
<p>La indignación que compartí con mis pobres amigos, que todavía no suenan en la radio, se esfumó al entender que así funcionan las cosas. Si usted se dedica a la música, tiene dos caminos. El primero, de gran facilidad y poca concurrencia, es tener una gran chequera de papi que financie tan costosa carrera. El segundo, se trata del recorrido por el obrero musical; trabajar en bares los fines de semana para conseguir dinero, que a su vez sirve para pagar un jefe de prensa o manager, preferiblemente bien farandulero, que logre llevar su música a las emisoras. A partir de ahí, deberán doblar sus turnos en los bares para poder dar payola, que finalmente no les asegurará el éxito, éste depende también del talento… para seguir consiguiendo billete.</p>
<p>El panorama no es alentador. Menos mal, deben existir casos donde hayan conseguido un mecenas que los llevó a una exitosa carrera, sin cobrar más que su porcentaje. Eso es posible, así como no hay duda que la política tiene funcionarios honestos. Hoy creo que esta palabra, payola, está más cerca del término payaso, tal como los que anuncian en los restaurantes del centro el menú del día. Un trabajo digno, que por su baja paga, siempre se cuadra con la propina.</p>
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		<title>Ingrid Betancourt, yo le creo</title>
		<link>http://www.elclavo.com/columnistas/ingrid-betancourt-yo-le-creo/</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 21:58:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristhian Carvajal</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
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		<category><![CDATA[Ingrid Betancourt]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras la noticia del pasado viernes sobre la demanda que impuso al Estado, la secuestrada más famosa de Colombia, Ingrid Betancourt, la respuesta de indignación no se hizo esperar por parte de todos los colombianos, quienes de inmediato la tildaron de malagradecida, hipócrita, oportunista, bipolar, loca y hasta HP. Confieso que recibí con asombro toda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-13993" title="Cristhian Carvajal" src="http://www.elclavo.com/wp-content/uploads/2010/07/Cristhian-Carvajal1.png" alt="Cristhian Carvajal" width="125" height="108" />Tras la noticia del pasado viernes sobre la demanda que impuso al Estado, la secuestrada más famosa de Colombia, Ingrid Betancourt, la respuesta de indignación no se hizo esperar por parte de todos los colombianos, quienes de inmediato la tildaron de malagradecida, hipócrita, oportunista, bipolar, loca y hasta HP.</p>
<p>Confieso que recibí con asombro toda esa avalancha de mensajes y comentarios en contra de la ex-candidata presidencial, pues, por una parte, me llegaron antes de saber lo sucedido y, por otro lado, porque no pensé que fuera cierto. Así que esperé hasta que la propia Ingrid lo confesara. Por eso, y después de haberla escuchado en la entrevista, ¡yo estoy con ella y le creo! Ya incluso abrí un grupo en Facebook solidarizándome. Hasta el momento tiene cuatro integrantes fuera de mí: Yolanda Apulecio, Astrid Betancourt, Mélanie Claire y Lorenzo. Espero pronto superemos al grupo de fans del novelón de Marbelle, que ya va por los 10.000 seguidores.</p>
<p>Es que, ¿cómo no creerle a nuestra Juana de Arco criolla? Ella que ha sido tan noble y sincera. Por ejemplo, cumplió la promesa de no cortarse el pelo hasta que salieran todos los secuestrados. Ahora lo tiene un poco más corto, pero sigue con pelo, así que técnicamente ha cumplido ¿no? De igual manera, ha sido coherente con lo de su demanda al Estado, con Uribe a la cabeza, pues esto ratifica sus declaraciones, durante el cautiverio, en contra de él. No quiere decir que sea malagradecida, la  Operación Jaque era lo mínimo que tenía que hacer por ella.</p>
<p>Ahora bien, dejémonos de fruslerías y atendamos bien a sus declaraciones de ayer. En primera instancia, dejó claro que todo este hecho no es una demanda al Estado como tal, sino una demanda de atención. Lo que ella quiere es poder contarle al Presidente y a Colombia cómo fueron los verdaderos hechos de su secuestro. Ella sabe muy bien del bajo índice de lecturabilidad en nuestra Nación, por eso no lo hizo por escrito. Además, lo del dinero es una forma de solucionar salomónicamente el valor de los derechos de semejante chisme bomba, por eso no puso a pelear a la empresa privada, sino que nos los cobró a todos, por nuestra sed de conocimiento banal. Vuelvo y le reitero mi apoyo señora Ingrid, sólo que creo que se le fue la mano con el monto, debieron ser unos 100 millones de dólares, para no quedarse atrás de la ex de Tiger Woods. Al fin y al cabo, entre ex se entienden.</p>
<p>Finalmente, lo principal que hay que destacar de la entrevista que hizo ayer Darío Arismendi a la Doc Ingrid, es que no ha perdido su gallardía y su inmenso feeling hacia la controversia. No en vano, tomó la vocería de sus compañeros de cautiverio, en ésta “solicitud de conciliación”, en la cual, además, mostró lo austera que es, pues la tajada de ellos es la más baja, de tan solo 5.831 millones. Diferente son los 9.600 millones que piden Yolandita y sus nietos, quienes tienen más gastos, ¡obvio!</p>
<p>¡No se arrepienta Ingrid!, ya tiene cinco integrantes del grupo de Facebook que estamos con usted y esperamos nos cuente la verdad. No se preocupe, su credibilidad está intacta. ¿Acaso contradecirse es mentir?</p>
<p><strong>Bonus Track</strong>: <a href="http://www.caracol.com.co/oir.aspx?id=1325366">Audio de entrevista a Ingrid Betancourt</a></p>
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