Fanático al Cine
Desde que tengo uso de razón el cine ha sido una constante en mi vida. Mi afición fue inculcada desde pequeño, en Betamax y VHS vi miles de películas de horror y de acción de los años 80’s bajo la tutela de mi padre y a escondidas de los ojos de mi madre. No podría explicarles la influencia de las películas en lo que soy como persona, pero creo que podemos resumirlo de la siguiente forma: Soy un verdadero adicto al cine y es tanta la adicción que busco la felicidad en el hecho de poder realizar cine.

Foto: Jairo Cobo - EL CLAVO
Mi fanatismo por el Séptimo Arte no solamente llega a querer realizar pequeñas o grandes producciones; cada mañana siento la necesidad de conocer cuanta noticia exista sobre las películas en producción, de las cintas en desarrollo, de los miles de rumores sobre las futuras realizaciones y de ciertos hechos sobre la filmación que hacen que mi vocación se intensifique. Todo esto llega a tal punto, que decido compartir a diario las noticias más relevantes con mis amigos y familiares, es mi forma de contagiarlos de mi interés, decepción o casi siempre felicidad sobre los últimos acontecimientos.
Ser un adicto al cine es un trabajo de 24 horas. En este, mi oficio, la paga se ve renumerada con todas aquellas bellas imágenes y todas aquellas increíbles historias que suceden ante mí desde la pantalla. No hay nada más gratificante, como fanático a las películas, que ver una pieza de arte que te inspira, que te entretiene, que te hace pensar, que te hace sentir.
Estar sentado en un cuarto oscuro con un montón de gente desconocida, a la expectativa de ser colectivamente transportados a otra dimensión, es algo que no se compara con nada en el mundo. Es como estar extasiado, sobrecargado de adrenalina, claro está, que a veces (unos años más que otros) esta sensación no se muestra tan placentera, pero un viejo adagio dice: “Mañana será otro día” a lo cual yo puedo decir: “Mañana habrá otra película que ver”.
Además éste, el de cinéfilo, es un trabajo arduo, de todos los días, de actualizaciones, de memoria, de conocimiento, pero sobre todo de gustos; es que somos nosotros a quienes recurren nuestros amigos y conocidos para preguntarnos si cierta película vale la pena verla y sobre qué se trata y es necesario decirles, es necesario contarles y transmitirles lo que esperábamos de este director, y entonces empezamos a comparar sus trabajos anteriores con el actual, y que preferimos verlo trabajar con otros colaboradores, agregamos a esto, el hecho de que nosotros la hubiéramos hecho diferente, pero al final decimos “¿Por qué no te la ves y me dices qué opinas?”. Y es que el fanático tiene una reputación qué mantener que se encuentra constantemente en prueba, su reputación es la de conocer, la razón es que una mala sugerencia puede dañar años de buenas relaciones con esos clientes, al final, dejamos que cada quien decida qué ver, nosotros sólo somos maestros de Luz. Pero cuando dos fanáticos se encuentran cerca, cuando no sólo los une la pasión por la pantalla grande, sino también la pasión por determinada película, nos encontramos ante un fenómeno, un caso poco visto, pero inconfundible, un acontecimiento que da pie a una serie de discusiones que son más rápidas que la luz y mas ñoñas que una convención trekkie, nos encontramos ante la expresión de una pasión.
Y es que el fanatismo del cine llega más allá. Existen convenciones sobre ciertas películas de ciencia ficción, donde adictos se visten como sus personajes favoritos, donde creen que por un instante están viviendo como alguien que admiran y ese sentimiento no tiene precio. Pero también existen festivales de cine como Sundance y Cannes que, para el cinéfilo es como tener el mejor sexo del mundo y ¡¡¡como no!!! Si es en estos festivales en donde nos muestran lo que hemos estado esperando, es el lugar donde los directores exponen todo lo que han hecho durante el último año, es el sitio donde podemos aseverar nuestras expectativas, sentir que el cine se ha reivindicado con nosotros, o podemos decepcionarnos y esperar otro año de trabajo por parte de aquellos que admiramos. No es un sacrilegio comparar los festivales con las convenciones, es la misma pasión, es la misma identidad, es un mundo que es paralelo y es meramente fílmico; no existe el mundo real aunque, el cine, a veces se nos muestra más real que la vida misma. Como dijo Quentin Tarantino recientemente: “En Cannes, el cine importa” Y él mejor que todos en el mundo, sabe qué significa ser un fanático del cine.
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